30 de Nov de 2022

Internacional

Barcelona dice adiós a las corridas de toros

La centenaria plaza de toros Monumental de Barcelona acogerá el domingo un cartel de lujo para la última corrida antes de que entre en v...

La centenaria plaza de toros Monumental de Barcelona acogerá el domingo un cartel de lujo para la última corrida antes de que entre en vigor su prohibición en Cataluña, un día histórico tanto para los defensores como para los detractores de esta controvertida tradición.

El mítico torero español José Tomás, ovacionado por 18.000 aficionados, pisará por última vez las arenas de La Monumental, una plaza a la que tiene especial cariño y en la que decidió celebrar su vuelta a los ruedos en 2007 tras cinco años de ausencia.

Tomás comparte cartel con el joven diestro catalán Serafín Marín y con el matador Juan Mora.

Los tres se enfrentarán a seis toros de la ganadería El Pilar de Salamanca.

En julio de 2010, los diputados del Parlamento regional firmaron el fin de esta tradición en Cataluña votando a favor de la prohibición de la corrida a partir del 1 de enero de 2012.

La única región en tomar una medida similar en España había sido el archipiélago de Las Canarias, en 1991.

Para los defensores de la tauromaquia, que se aferran a la pequeña esperanza de seguir viviendo su pasión, esta última jornada tendrá un sabor amargo.

"Era la crónica de una muerte anunciada. El domingo va a ser un día muy triste", asegura Rafael Luna, diputado del Partido Popular (PP, conservador) en el Parlamento catalán."Me tendré que ir, me están echando", lamenta por su parte Serafín Marín.

"Me siento mal, triste. Te han quitado todo tu pasado y parte de tu futuro" denuncia el torero catalán, quien se implicó apasionadamente en la defensa de la corrida en su región natal.

Por su lado, los antitaurinos saborean una pequeña victoria, aunque no un triunfo.

"Se ha ganado una batalla, pero en ningún manera una guerra. Seguimos trabajando por los intereses de los animales en Cataluña, en el resto de España y en muchos países del mundo", explica Helena Escoda, miembro de la plataforma PROU ("Basta" en catalán).

La nueva ley afecta a una Cataluña donde la tradición de la corrida, que se remonta al siglo XVI, pierde cada vez más fuerza, al igual que en el resto de España. Solo un 22,5% de los catalanes encuestados en agosto de 2008 se declaraban "un poco o muy" interesados por los toros.

En 2004 Barcelona, segunda ciudad de España, que ha tenido hasta tres plazas, se declaró "ciudad antitaurina".

La Monumental, la única plaza de toros de la región que aún se mantiene activa, solo acogió 18 corridas en 2010.Defensores de los derechos de los animales lanzaron en 2009 una petición recamando el fin de estos espectáculos "salvajes".

Consiguieron reunir 180.000 firmas, más del triple del mínimo exigido en Cataluña (50.000) para presentar una Iniciativa Legislativa popular, que permite a los ciudadanos proponer un texto de ley.Tras intensos debates, los diputados aprobaron finalmente la ley.

Pero los aficionados encuentran motivos políticos más allá de la defensa de los animales y acusan a ciertos independentistas catalanes de haber intentado asestar un golpe a una tradición vinculada a España.

"La clase política ha argumentado en contra de los toros por ser algo de España en general", denuncia Ricardo del Río, un conocido ganadero que asistirá con su familia a la corrida del domingo.

"La hipocresía es que se prohíben los toros y no otras actividades taurinas", critica Rafael Luna, haciendo referencia a otras tradiciones como la del "toro embolado", en la que los cuernos del toro se prenden el llamas, que no están englobadas en la nueva ley.

A pesar de todo, los aficionados no pierden la esperanza.

Han presentado ante la Justicia un recurso contra la ley catalana e intentan recolectar 500.000 firmas para presentar su propia iniciativa ante el Parlamento español, con el objetivo de que se reconozca la tauromaquia como "Bien de Interés Cultural".

Si lo logran antes del 31 de diciembre, podrán bloquear la entrada en vigor de la ley catalana.