Temas Especiales

26 de Sep de 2020

América

Carlos Fernando y la libertad de expresión

MANAGUA. Un periodista extranjero me pregunta: “¿qué significado tiene para usted que su padre haya sido perseguido por el régimen somo...

MANAGUA. Un periodista extranjero me pregunta: “¿qué significado tiene para usted que su padre haya sido perseguido por el régimen somocista y ahora su hermano esté pasando por la misma situación 30 años después, por un gobierno dirigido por el partido de cual él fue parte y que liberó el país de la dictadura?”

Le explico que para comprender lo que está pasando no deberíamos saltar de la dictadura somocista a la de hoy, sino que también debemos incluir en el análisis la etapa de los años 80 presidida por el mismo presidente Daniel Ortega. La verdad es que quienes durante el Gobierno revolucionario de Ortega nos opusimos al totalitarismo sandinista de entonces no encontramos diferencia con la represión que de nuevo esta intentado imponer, igual que ayer, Daniel Ortega hoy.

NOSTALGIA DE TOTALITARISMO

El ahora presidente de Nicaragua, electo por la fuerza de un acuerdo político con el reo ex presidente Arnoldo Alemán, regresó al poder en el 2007 con la nostalgia de restaurar el totalitarismo perdido en el año 90 y la venganza en la mano contra quienes lo abandonaron en sus utopías totalitarias. Volvió con la pretensión de instaurar la misma dictadura institucional de entonces pero en una Nicaragua distinta que, a partir del Gobierno de Violeta Chamorro (1990-1997), comenzó un ejercicio de 16 años de libertad de expresión, de libre asociación, amplia participación ciudadana en los asuntos públicos, y empoderamiento con la democracia.

En la dictadura de Ortega hoy, la historia de la represión se vuelve a repetir. Sus primeros pasos son contra el periodismo valiente y los medios de comunicación independientes. Éstos, como receptores del clamor popular y voces de la resistencia cívica, han sido históricamente los principales obstáculos para impedir la perpetuidad de dictaduras de derecha como fue la de los Somoza y totalitarismos de izquierda al estilo del Frente Sandinista.

DERECHO SAGRADO

Por eso, por defender la libertad de expresión como un derecho sagrado bajo cualquier circunstancia y desde el periodismo ser la voz del pueblo en defensa de la democracia y las libertades públicas, mi padre Pedro Joaquín Chamorro Cardenal fue torturado, encarcelado, desterrado y avasallado en su casa y periódico hasta que, por resistirse y rebelarse contra la represión de la dinastía somocista, la dictadura de Anastasio Somoza lo mandó a matar.

Igual, el sandinismo de los 80 agredió verbalmente a  mi madre Violeta Chamorro, abuela y hermanos de mi padre al frente de La Prensa, censuró sistemáticamente y cerró el periódico de nuestra familia por defender la libertad de Nicaragua y denunciar la nueva dictadura. También cerraron todos los medios independientes y reprimieron a miles de nicaragüenses que se opusieron a las políticas totalitarias del gobierno de Ortega. Los opositores a esa dictadura fueron encarcelados, forzados al exilio, confiscados y violentados en todos sus derechos fundamentales incluyendo asesinatos como el de Jorge Salazar.

EL CASO DE CARLOS CHAMORRO

No es casualidad que el nuevo régimen de Ortega se anunciara con el asesinato del periodista Carlos Guadamuz y luego se instale en abierta confrontación con los medios de comunicación y periodistas. La persecución ahora es contra mi hermano, Carlos Fernando Chamorro, porque desde el periodismo y con la misma valentía que nuestros padres ayer, hoy está en la primera fila del combate contra la dictadura Ortega-Murillo, en defensa de las libertades públicas y derechos fundamentales de los nicaragüenses.

Es duro realizar que estamos de nuevo en la misma lucha después de tanto sacrificio y sangre derramada en dos guerras. Es difícil entender el regreso a la dictadura luego de un primer gobierno democrático, el de Violeta Chamorro (1990-96), que en unidad nacional y de la mano del pueblo logró la paz y sentar las bases de una democracia con instituciones independientes y plena libertad de expresión.

Le aclaro al lector internacional que la destrucción del proceso democrático no es culpa del pueblo libertario que sigue en pie de lucha, sino de dirigentes políticos autollamados demócratas, como el autócrata corrupto Arnoldo Alemán, quien en alianza con el Ortega dictador de todos los tiempos secuestraron las instituciones democráticas para perpetuarse en el poder del Pacto, el que sólo entiende por el sometimiento, el que barre toda autoridad inferior, el poder absoluto y centralizado.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

El dictador Daniel Ortega se ensaña contra Carlos Fernando porque sabe que el sacramento de la libertad de expresión que este pueblo profesa, y ha defendido a cualquier costo como lo hace el periodista Chamorro Barrios hoy, es como la Santa Cruz contra el diablo. El triunfo de nuestro sacramento de la libertad de expresión en Nicaragua es un hecho probado sobre dos dictaduras y su defensa, no va a permitir que Ortega y su familia se perpetúen en el poder y que periodistas como mi hermano Carlos pierdan esta batalla política que no es personal, sino de todos los ciudadanos nicaragüenses.

El crimen histórico de Alemán y Ortega contra la democracia, el progreso y las esperanzas de un pueblo, si bien es cierto ya arrasó con las instituciones, no ha podido, ni va a poder destruir la devoción popular que Nicaragua tiene por el sacramento de su libertad de expresión, sellado con la sangre de miles de héroes y mártires y otra vez punto de encuentro de unidad nacional en defensa de Carlos Fernando, del periodismo nacional y del clamor popular que grita por tercera vez : democracia Si, dictadura NO.