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27 de Oct de 2020

América

El gran engaño latinoamericano

Una nueva encuesta mundial revela que, sorprendentemente, los latinoamericanos están mucho más satisfechos con la educación pública de s...

Una nueva encuesta mundial revela que, sorprendentemente, los latinoamericanos están mucho más satisfechos con la educación pública de sus países que la gente de otras regiones que obtienen mucho mejores resultados en los exámenes estudiantiles y en los rankings universitarios. “Los latinoamericanos en general están más satisfechos con su educación pública de lo que justifican los resultados de los exámenes internacionales”, dice Eduardo Lora, el economista del BID que coordinó el estudio. “Están satisfechos sin fundamento”.

Los exámenes estandarizados internacionales para estudiantes de 15 años revelan que Venezuela, Paraguay, Bolivia, Honduras y República Dominicana, cuyos encuestados se mostraron más satisfechos de su educación pública que Japón, obtuvieron resultados promedio de un 35 por ciento más bajo que los estudiantes japoneses. En lo que hace a la educación superior, Latinoamérica tampoco tiene un gran desempeño en comparación con otras regiones. Un ranking reciente de las 200 mejores universidades del mundo realizado por el Times de Londres no incluye ninguna universidad latinoamericana entre las 100 mejores del mundo. Sólo tres universidades latinoamericanas figuraban en la lista de las mejores 200: La UNAM de México (150), la Universidad de São Paulo (196) y la Universidad de Buenos Aires (197). En comparación, hay nueve universidades asiáticas entre las 50 mejores del mundo. Cuando le pregunté por qué tantos latinoamericanos tienen una visión optimista de sus sistemas educativos, Lora me respondió que la mayoría de la gente en la región tiende a juzgar su sistema educativo por la calidad de los edificios escolares, o por el trato que reciben sus hijos en la escuela, más que por lo que los estudiantes aprenden. En otras palabras, ha habido un gran avance en cuanto a la expansión de la educación —los índices de alfabetismo llegan al 86% de la población— pero no se ha producido un avance similar en la calidad de la educación. “El peligro es que, si la gente está satisfecha, no existe la exigencia social de mejorar los estándares educativos”, me dijo Lora. “Paradójicamente, esa demanda sólo existe donde ya se han alcanzado los estándares relativamente más altos de la región, como Chile”.

Mi opinión: Por suerte, la gente de algunos países de la región es cada vez más consciente de la baja calidad de su sistema educativo, y de que eso impide que sus países se desarrollen más rápidamente en una economía global en la que las exportaciones basadas en el conocimiento son mucho más redituables que las materias primas. El estudio del BID revela que sólo el 54% de los argentinos y el 45% de los peruanos están satisfechos con la educación pública de sus países. ¡Bien por ellos! Sin embargo, la mayoría de los países de la región debería dejar de vivir en la negación. Al igual que los adictos a la droga o al alcohol, el primer paso para resolver su problema educativo debería ser reconocer que tienen un problema, para luego tomar medidas para solucionarlo.