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25 de Jan de 2021

América

¿Política del buen vecino?

SANTIAGO DE CUBA. La llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos ha abierto en muchos la esperanza de un cambio de la re...

SANTIAGO DE CUBA. La llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos ha abierto en muchos la esperanza de un cambio de la relación de ese país con su tradicional antagonista, Cuba.

Pero, realmente, muy pocos creen que las cosas mutarán con un simple pase mágico de abracadabra. Durante su campaña presidencial, el primer afroamericano que se convertirá en mandatario estadounidense dijo que estaba abierto a conversar sin mayores condiciones la con la Cuba ahora dirigida por Raúl hermano Fidel por razones de salud.

También se mostró abierto a eliminar restricciones a los viajes y al envío de remesas a la isla por parte de los cubanos residentes en Estados Unidos, todas ellas medidas impuestas por quien será su antecesor, George W. Bush.

Pero, hasta ahí llegaron las declaraciones de buena voluntad. Porque el embargo impuesto a La Habana hace más de cuatro décadas, pues lo considera un instrumento para presionar por cambios.

Y ese es, probablemente, el gesto que más esperan para mejorar su deteriorado estándar de vida una enorme cantidad de cubanos comunes y corrientes, que ni rozan los hilos del poder del sistema que se instaló en la isla hace ya 50 años.

URGENCIAS

Bajo las actuales circunstancias, es decir, crisis financiera internacional mediante y violentos conflictos en Irak, Afganistán y Oriente Medio, las cosas no están fáciles para Cuba.

Analistas coinciden en que, quiéralo o no, el nuevo habitante de la Casa Blanca deberá abocarse con premura a intentar resolver los problemas económicos que se sienten con fuerza en su nación y, paralelamente, a controlar los frentes bélicos que le hereda Bush.

Por mucho que desee emular con América Latina la política de "buen vecino" que impulsó en la década de 1930 Franklin Delano Roosevelt, probablemente esa estrategia quedará en un segundo plano ante los problemas más acuciantes. Prueba de ello, son los efectos que tuvo en el sistema productivo, particularmente la agricultura, los tres huracanes que azotaron este año a la isla. A ello se suma, producto de la crisis mundial, la menor holgura financiera de sus puntales, como Venezuela, que han dotado hasta ahora al país de combustibles a bajísimos precios, permitiéndole, aunque sea a paso de tortuga, hacer rodar la economía.

CONVENIENCIA

Pero, aunque ninguna de esas complicaciones existiera, la verdad es que nadie tiene claro cuán real es la voluntad de ambas partes de avanzar hacia un nuevo trato.

Al otro lado del Estrecho de la Florida, el mandatario electo no contestó. Aunque Fidel cedió el mando de Cuba a su hermano de 77 años, este no optó por renovar la cúpula del poder, sino que se rodeó de añosos revolucionarios, alguno de ellos de línea dura. Es cierto que en su primer año de mandato Raúl promovió algunas reformas, tendientes a mejorar la eficiencia del Estado y a revitalizar la moribunda agricultura, que hace que la isla dependa casi totalmente de productos importados para satisfacer su consumo básico.

APERTURA POLÍTICA

De algún grado de apertura política o libertad de prensa, ni hablar. Ahí, no se ha avanzado ni un milímetro. Y tampoco en reformas económicas tendientes a algo que se asemeje a un sistema de mercado, como ha ocurrido en países como Vietnam.

Durante décadas el Gobierno cubano ha culpado de la pobreza en que esta sumida la isla al embargo estadounidense, una medida internacionalmente cada vez más impopular y que fue condenada nuevamente en el 2008 por la gran mayoría de los miembros de la ONU.

Pero, si el embargo desapareciera y el comercio y la inversión estadounidense pudiesen circular libremente por la isla, ¿podría el Gobierno seguir manteniendo el poder y las libertades políticas cerradas bajo siete llaves? Muchos creen que no.