26 de Feb de 2020

América

¿Nueva actitud en la Casa Blanca?

La inauguración del presidente Barack Obama el 20 de enero no tiene antecedentes en la historia de EEUU. Unos dos millones de personas d...

La inauguración del presidente Barack Obama el 20 de enero no tiene antecedentes en la historia de EEUU. Unos dos millones de personas de todo el país aguantaron horas a la intemperie para ver al primer presidente afroamericano tomar posesión del país más poderoso del mundo. Se respiraba un nuevo aire.

América Latina ha dado el bienvenido al Presidente Obama con una combinación de alivio por la salida de Bush —quien tuvo una pésima imagen en la región— y señales de fe, con suspensión de juicio mientras el nuevo Gobierno defina su política hacia la región. El referéndum constitucional en Bolivia constituye la primera prueba de la política de cambio. Después de que la propuesta constitucional promovido en una dura lucha por el presidente Evo Morales ganara el referendum por cerca de 60%, el presidente estadounidense y su secretaria de Estado Hillary Clinton no han emitido declaraciones formales sobre el proceso. Sin embargo, en una rueda de prensa el 26 de enero, el vocero del Departamento del Estado Robert Wood felicitó al pueblo boliviano por el referéndum, señalando que fue un proceso democrático que “contribuye positivamente”, mientras dijo estar en espera de los resultados finales.

Su breve comentario es muy distinto de lo que uno pudiera esperar del Gobierno de su predecesor. El Gobierno de Bush enfrentó fuertes acusaciones de haber apoyado directamente a la oposición boliviana. El de Obama parece tomar en serio el compromiso expresado en varios foros de sobreponer el respeto mutuo y “el pragmatismo y los principios por encima de la ideología”. En campaña, el ahora presidente se comprometió a reparar relaciones en la región y visitar a Bolivia entre sus primeras visitas.

Entonces ¿por qué el interrogativo en el título? Junto a las buenas intenciones, el gobierno de Obama ha empezado a reproducir una perspectiva paternalista hacia América Latina. Clinton y su segundo en línea James Steinberg han descrito al continente como “un campo de juego” en donde existe una falta de liderazgo que EEUU tiene que llenar para no cederlo a Hugo Chávez. Este es el pensamiento de la vieja escuela —los países del sur como objetos geopolíticos y no como sujetos de su propio destino— que no es digno de las promesas de “una nueva cara de la diplomacia estadounidense” que se prometió para la región.

Sin lugar a duda, existe un cambio significativo en el gobierno de Estados Unidos que implica modificaciones en sus relaciones exteriores. El cierre del centro de detención en Guantánamo y la prohibición de la tortura son señales de una nueva congruencia. Pero aún hablan muchas voces discordantes y contradictorias. Obama está frente a una disyuntiva: de construir relaciones de buen vecino o de oponerse a los procesos democráticos de soberanía y descolonialización en la región. En el caso de Bolivia los dos mandatarios se han mostrado dispuestos a un encuentro en el futuro. Es de suma importancia insistir en la diplomacia directa, a base de respeto mutuo, para que el cambio se derive en una mejoría de las deterioradas relaciones con Bolivia y en todo América Latina.