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14 de May de 2021

América

Cuba-EEUU desde las dos orillas

Nuevos ingredientes se añaden cada día al diferendo entre EEUU y Cuba. Ahora la reciente derogación de la resolución de la OEA que dejó ...

Nuevos ingredientes se añaden cada día al diferendo entre EEUU y Cuba. Ahora la reciente derogación de la resolución de la OEA que dejó sin efecto la expulsión de Cuba del organismo, es un nuevo elemento que ha molestado a determinados segmentos de la administración norteamericana. Esta desfasada confrontación entre EEUU y Cuba es abordada por Obama con su inteligencia, la experiencia de Hillary Clinton, y los consejos de eficientes asesores.

Su administración se propone sostener “relaciones productivas con Cuba, que propicien al mismo tiempo el avance de los DDHH y la democracia”. En ese contexto se enmarca la propuesta de reiniciar las conversaciones sobre inmigración, servicios postales directos y quizás otros temas como lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y los desastres naturales, evidentemente ya tanteado en las conversaciones entre el subsecretario de Estado Thomas Shannon y el embajador cubano en Washington Jorge Bolaños. Cuba, por su parte, ha expresado en más de una ocasión su disposición a conversar, pero sin condicionamientos de ninguna índole, lo que expresa, pese a cualquier reticencia o sentimientos políticos adversos, un realismo político y una evaluación fría de su contexto económico y social.

La situación de la economía cubana se ha deteriorado sensiblemente en los últimos meses por la falta de liquidez financiera, llegando a extremos en la cadena de impagos a proveedores y clientes extranjeros y a la limitación de las transferencias bancarias hacia el exterior, algo similar a lo ocurrido en la Argentina con el corralito, aunque salvando todavía las distancias. Ineficiencias económicas y despilfarros de recursos son elementos de una lista que podría hacer más largo el inventario de dificultades.

El deterioro de la situación en Cuba podría agravarse y contribuir a montar un escenario que propicie un flujo de balseros hacia la Florida en grandes proporciones, algo incontrolable para ambas partes. La experiencia de 1994 dejó saldos negativos para el proceso migratorio. Ahora un llamado al ahorro de energía y de combustible al sector estatal y residencial ha comenzado a preocupar a la ciudadanía ante la inminencia de apagones programados. Normalizar la relación entre Cuba y los EEUU es provechoso para los dos países. La Isla alcanzaría de nuevo su tradicional mercado de bienes, y reiniciaría el flujo de viajeros e intercambios culturales. Para EEUU sería importante, ya que su comercio podría alcanzar un mercado potencial de 11 millones de consumidores, un know how instalado y participar en numerosos programas como la extracción petrolera del Golfo de México. Lo cierto es que los cubanos aguardan desde las dos orillas impacientes por la solución.