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10 de Aug de 2020

América

A palabras tontas oídos sordos

Para no caer en patrioterismos chimbos, hay que saber bien quiénes son los que más se han desgarrado las vestiduras con la noticia de qu...

Para no caer en patrioterismos chimbos, hay que saber bien quiénes son los que más se han desgarrado las vestiduras con la noticia de que se trasladarán a Colombia operaciones de inteligencia militar estadounidenses de la base ecuatoriana de Manta.

En primer lugar, por supuesto, el inefable presidente Rafael Correa, que clausuró dicha base y cuya popularidad se alimenta de un rabioso nacionalismo anticolombiano. Uno se pregunta a veces si esa visceral hostilidad de Correa hacia Colombia no tiene también recónditas razones personales. Si no pesará el hecho de que cuando era niño su padre haya pagado tres años de cárcel en Estados Unidos por servir de ‘mula’ a narcos colombianos. Supongo que no y que su política se inspira más en el resentimiento que ha creado entre los ecuatorianos el que los hayamos llenado de atracadores, secuestradores, guerrilleros y miles de refugiados del conflicto armado.

Lo que no puede ser es que el jefe de un gobierno que toleró que desde su territorio las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC) planearan secuestros y atentados en Colombia ahora ponga el grito en el cielo porque su Estado recibirá a los gringos que él echó a patadas y considera positiva una cooperación militar que lo hará menos vulnerable a la guerrilla y a sus aliados externos.

¿Y qué tal nuestro vecino bolivariano vociferando y amenazando porque Colombia está negociando lo de las bases con Washington? El Chávez que le compró a Rusia cien mil fusiles AK-47 (los mismos que usan sus protegidos de las FARC), que una vez despachó sus tanques a la frontera, que ha advertido que los ultramodernos bombarderos Sukhoi que también le compró a Moscú pueden estar en 20 minutos sobre Bogotá y que anunció el pasado jueves que adquirirá mucho más armamento ruso, es el mismo que ahora denuncia la entrega de Colombia al imperialismo yanqui. ¿Pueden creerlo?

Un tercer miembro del ruidoso coro es el compañero Evo Morales, que proclamó que la decisión del Gobierno colombiano es una traición a la soberanía y a los pueblos de Latinoamérica. Esto lo dice quien, en compañía del embajador de Venezuela, recibe y reparte sin pudor en pueblos y veredas los petrodólares chavistas. No podía faltar ese otro altoparlante del chavismo internacional que es el ex comandante Daniel Ortega, convertido hoy en triste símbolo de la corrupción política y quien agita a cada rato las pretensiones nicaragüenses sobre San Andrés y Providencia.

Estos son los que pretenden condenar al gobierno Uribe por ampliar la cooperación militar con Estados Unidos. Seamos serios. Hay que estar muy desubicado para no entender su falta de autoridad, o los intereses que los mueven. Que en nada coinciden con los nuestros. No me cabe duda de que la mayoría de colombianos prefiere cualquier asesoría militar o diplomática del gobierno de Barack Obama a la que pudieran ofrecer Chávez y sus súbditos regionales.

Otra cosa es que al Gobierno le haya faltado estrategia diplomática en el manejo interno y externo del asunto. O que se vaya a dejar meter goles de los gringos en la negociación del acuerdo, que para ellos tiene gran importancia estratégica.

Por eso, Colombia debe aprovechar para sacar las mejores condiciones en este y otros campos, como el comercial, el de la extradición o de la lucha antinarcóticos (como lo ha logrado Afganistán). Y en cuanto al acuerdo en sí, exigir acceso ilimitado a la inteligencia en tiempo real que produzcan estas bases, no otorgar inmunidad jurídica a los contratistas civiles, asegurar que al personal militar que delinca se le aplique en EEUU la misma pena que contempla la ley colombiana, entre otros puntos.

Una delincuencia cada vez más globalizada y tecnológica no se combate, en fin, con nacionalismos miopes y anacrónicos. Y no se puede ignorar es que Colombia enfrenta uno de los fenómenos criminales más complejos del mundo. Pocos Estados tienen enemigos internos tan poderosos como el que representa la creciente fusión del narcotráfico y grupos armados ilegales. En episodios que se prestan para alborotos patrióticos, como este de las bases militares, siempre es bueno saber dónde está el supremo interés de la Nación.