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27 de May de 2020

América

Migraciones y la seguridad

Las iniciativas legislativas en la región sobre migraciones internacionales, a caso Panamá, propicia aportar reflexione...

Las iniciativas legislativas en la región sobre migraciones internacionales, a caso Panamá, propicia aportar reflexiones respecto a nuevas percepciones y desafíos que internacionalmente aparecen.

Las crecientes migraciones demandan mayor atención en las relaciones y seguridad internacionales en razón a cambios y enfoques respectivos.

Hoy se abordan múltiples perspectivas: humanitaria, sanitaria, demográfica, repercusiones políticas, dimensiones sociales, amplitud e interrelación de mercados, integración o división religiosa, derechos humanos, fuerza laboral y la seguridad interior e internacional, principalmente.

Ahora las migraciones tienen impacto inmediato en gobiernos, economía, sociedades, personas y elecciones, aumentando expectativas y temores. No ignoramos que la violencia actual predispone a privilegiar la protección y el control, cuando no la discriminación, en vez de señalar los enormes retos y compromisos que deben afrontarse ante migraciones causadas por hambre, violencia interna y conflictos internacionales.

Cabe subrayar, principalmente en el primer mundo, la supremacía del enfoque preventivo, defensivo y restrictivo basado en la seguridad que comporta esta nueva relación de la agenda internacional.

Limitaciones estadísticas aparte, tanto los países desarrollados como los subdesarrollados reciben migrantes. Muchos “hacen escala”, esperando mayores condiciones y garantías, y acceder al primer mundo.

Desde una visión integral, los migrantes expulsados por la escasez sufren menos penurias que aquellos envueltos en conflictos internos, sean estos de origen racial o político, armados o no, movidos por la emergencia en un contexto de mayor desprotección.

Los primeros emigran como “avanzados”, uno o varios miembros de la familia inician la “transferencia grupal”, que tarda de 1 a 12 años. Los segundos lo hacen en grupos ampliados, familias enteras o partes de ellas y no controlan casi ningún paso que dan. Pasan fronteras, pierden propiedades, documentos de identidad y hasta la condición de migrantes propiamente dicha.

Los refugiados, una variante de los migrantes, reciben trato distinto y, normalmente padecen mayores privaciones y limitaciones legales. Desde el punto de vista de la seguridad, existe frecuentemente la tendencia a considerar potencialmente más peligrosos a los refugiados, especialmente cuando se desplazan en grupos numerosos y no se dispone de documentación fiable, con lo que la politización elevada del fenómeno aumenta dada la conflictividad en general, el riesgo o la percepción de la misma.

Este cambio en la naturaleza, causas y fines de la violencia en esta materia, ha centrado gran parte de las discusiones priorizando la seguridad en todas sus manifestaciones, en desmedro de otras consideraciones de no menor importancia. Dentro de este complejo contexto internacional, las gestiones multilaterales que tratan las cuestiones migratorias se suman a los espacios bilaterales.

Las migraciones se abordan como un factor complejo y multifronterizo. Ni el embrionario mundo multipolar va a cambiar automáticamente este nuevo reinado de la Seguridad Internacional sin el esfuerzo de los diversos actores internacionales y nacionales. La criminalización de la migración es normalmente la última noticia en los medios de comunicación.

Esto obliga a promover un enfoque integral y constituye una oportunidad para subrayar los derechos humanos y revalorar el papel del trabajo decente como fuente de progreso y estabilidad de las naciones en el marco de la lucha frontal contra la pobreza, que se presenta como el motor principal de la migración.

El autor es un internacionalista peruano, graduado en la Escuela Nacional de Administración (ENA) de Francia.