15 de Ago de 2022

América

¿Tensión política o guerra sucia?

BOGOTÁ. El aterrizaje en Colombia del venezolano Juan José Rendón, quien fue llamado por Juan Manuel Santos para darle un viraje a su ca...

BOGOTÁ. El aterrizaje en Colombia del venezolano Juan José Rendón, quien fue llamado por Juan Manuel Santos para darle un viraje a su campaña, puso al país a hablar de propaganda negra y de guerra sucia. El propio Santos tuvo que salir a defenderlo diciendo que se estaba satanizando a Rendón con historias falsas, y que él mismo se va a encargar de controlar su trabajo.

Esos son apenas los titulares de las noticias. Pero la realidad es más compleja.

Ni con su llegada se produce de manera automática este tipo de fenómenos. Ni todo lo que se llama propaganda negra o guerra sucia lo es. Ni mucho menos quiere decir que en otras contiendas electorales en el país no se hayan presentado ciertas argucias publicitarias.

En la medida en que una campaña entra a la recta final y se hace más reñida, los ánimos tienden a caldearse. Y la gente tiende a confundir la polarización y la caricatura con la propaganda negra e incluso con la perversa guerra sucia.

Una cosa es que una campaña utilice las debilidades del contrincante y las difunda, y otra es que se trate de difamar con mentiras al adversario, lo cual es propaganda negra, o se incurra en delitos como “hackear” correos electrónicos, lo que ya entra en la guerra sucia.

Es decir, una cosa es montar vallas mostrando a Antanas Mockus con los pantalones abajo, o sacarle en cara a Santos los falsos positivos que cometieron militares bajo su mando como ministro, y otra es difundir falsedades sobre ellos.

En su campaña, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama tuvo que montar una página de Internet exclusivamente dedicada a desbaratar todas las mentiras que en su contra se estaban difundiendo. En total, sumaron 28 montajes en contra del hoy presidente.

EL CASO DE COLOMBIA

Cuando faltan tres semanas para los comicios presidenciales, ¿cómo van las cosas en Colombia? El momento, sin duda, no es tranquilo.

El mano a mano entre Mockus y Santos cada día se hace más cerrado, y en la medida en que los números se aprietan aumenta la paranoia y aparecen todo tipo de rumores.

El jefe de un grupo de escoltas de una entidad del Estado está convencido, por ejemplo, de que si Mockus gana les cambiará a los policías la pistola por un girasol. Y también hay taxistas que dicen que si Santos gana, Colombia iría a una guerra con Venezuela.

Todo eso es común en época de campaña. Y la mayoría de la gente lo entiende como historias inventadas por los seguidores del opositor.

Pero la situación se pasa de castaño a oscuro cuando se ven maniobras que tergiversan la verdad o rayan con el delito.

El 17 de abril, por ejemplo, la página web de Gustavo Petro fue borrada y reemplazada por una imagen de Santos.

O el caso de las vallas que aparecieron en Villavicencio con una figurita de Mockus con los pantalones abajo, junto a los presidentes de Ecuador y Venezuela y el jefe de las Farc “Alfonso Cano”, que el Consejo Nacional Electoral mandó a quitar. Más allá de la grosería el vincular la imagen de un candidato con la de un guerrillero considerado terrorista por el Estado puede tener connotaciones de calumnia.

NO ES “GUERRA SUCIA”

Lo que se ha visto hasta ahora en la campaña presidencial difícilmente podría catalogarse como “guerra sucia”. Entre otras cosas, porque para que la guerra sucia sea efectiva, no puede ser detectada por el grueso del público. En el momento en que se descubren los mecanismos de manipulación la estrategia se devuelve como un bumerán contra el autor intelectual de la propaganda.

Los ejemplos más recientes son los de las campañas de 1986 y 1998. En la primera, el equipo de Álvaro Gómez decidió trasmitir un documental sobre un lío que tenía la familia de Virgilio Barco con una concesión petrolera. Provocó una reacción contraria ya que se emitió cuando regía la veda de publicidad electoral, y Barco obtuvo una votación histórica.

En 1998, ante la segunda vuelta, la campaña de Andrés Pastrana sacó una cuña de televisión en la que la imagen de su contendor, Horacio Serpa, se iba diluyendo y se convertía en la del presidente Ernesto Samper, quien cargaba con un gran desprestigio. Para algunos, esa publicidad ayudó a terminar de convencer a los votantes a votar por Pastrana.

En las tres semanas que quedan de campaña, la polarización será inevitable. Los estrategas de las campañas deben estar atentos porque entre caminar por el filo de una idea audaz y la guerra sucia puede haber un solo paso. Y la historia ha demostrado que de eso puede depender la victoria o la derrota de un candidato.