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10 de May de 2021

América

Obama, migrantes y socorros

Obama solicitará esta semana al Congreso una partida urgente de 2 mil millones de dólares para ayudar a los inmigrantes menores de edad

Ante la imparable oleada de emigrantes menores de edad en la frontera sur de Estados Unidos, en su mayoría procedente de Centroamérica, la Casa Blanca pone en marcha lo que seguramente será un programa de política fronteriza con la única intención de frenar tales migraciones. Todo parece indicar que de lo que se trata es de poner en marcha un programa que reafirme la decisión del presidente Barack Obama de desalentar, desde las familias centroamericanas, la migración hacia el Norte. Una política hacia la región hecha a la carrera, disuasoria y de contención. Entre los menores emigrantes entrevistados por algunos medios, lo que se escucha es: ‘si me deportan, lo volveré a intentar’.

El mandatario norteamericano solicitará esta semana al Congreso una partida urgente de 2 mil millones de dólares para ayudar a los inmigrantes menores de edad. A su vez, este martes, el Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, aprovechará su permanencia en Panamá (donde participará en los actos de toma de posesión del nuevo presidente panameño, Juan Carlos Varela), para reunirse con los mandatarios de Guatemala, El Salvador y Honduras, por tratarse de las naciones de donde proceden la mayoría de los menores (unos 52 mil), que desde hace unos nueve meses han cruzado masivamente la frontera entre México y Estados Unidos.

La situación ha desbordado la capacidad de las autoridades fronterizas y ha obligado a la Casa Blanca ha reorientar su esfuerzo en política exterior hacia fronteras olvidadas en Centroamérica. No hay duda de que el viaje de Joe Biden la semana pasada a Centroamérica y el de Kerry, esta semana, responden a esa estrategia. Pero las decisiones tomadas son, como siempre, la socorrida ‘ayudas de contención’ a estos menores, pobres y desesperados.

De allí que, quizás, durante un tiempo las nuevas políticas de controles fronterizos puedan desalentar futuras oleadas migratorias, pero, con toda seguridad, será sólo por muy poco tiempo, ya que precisamente en Honduras, El Salvador y Guatemala la pobreza rebasa el 50 % de la población, y ocurre otro tanto con México, uno de los países más desiguales de Latinoamérica.