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19 de Oct de 2020

América

Dolor y tristeza en comunidad donde un hombre mató a su hija y a 6 nietos

El hombre padecía trastornos mentales, ya tenía varios cargos en su contra

La pequeña localidad de Bell, en el norte de Florida, despertó hoy estremecida por el caso de un hombre de 51 años y con abultados antecedentes penales que mató a su hija y sus seis nietos, de edades entre tres meses y 10 años, y luego se quitó la vida.


El aguacil del condado de Gilchrist, Robert Schultz, indicó hoy que la matanza perpetrada por Donald Charles Spirit tiene "devastada" a una comunidad de apenas 350 habitantes en la que todos se conocen entre sí.

Muy probablemente "nunca se sabrán" los motivos que llevaron a Spirit a disparar a su propia familia, señaló.

Cuando el pueblo apenas se empieza a enterar de los detalles de la masacre, las autoridades divulgaron que Spirit ya había disparado y matado accidentalmente a uno de sus hijos, Kyle, de 8 años, durante una cacería en 2001 y que pasó tres años en la cárcel por ese motivo.

"Solicitamos a la comunidad sus oraciones ante esta tragedia", pidió el superintendente escolar del condado, Rob Rankin, quien en una rueda de prensa explicó que cuatro de los menores asesinados estudiaban en la escuela primaria de Bell y eran "unos niños felices y encantadores".

"Es complicado, es una dura mañana", dijo Rankin, que indicó que una treintena de consejeros acudieron hoy al centro educativo para atender a los otros alumnos.

Rankin expresó que no tenían indicios de que hubiera problemas domésticos en la casa de los Spirit.

"Estos estudiantes eran queridos por sus compañeros, profesores y el personal de la Escuela Elemental Bell", afirmó.

"Cada persona vive esta pena de una forma diferente, procuramos tratar con cada uno (de los estudiantes) y conocer sus necesidades específicas", añadió.

El oficial Schultz explicó que las investigaciones apuntan a que una única persona fue la autora de los disparos y dijo que en el pasado la Policía recibió numerosas llamadas desde la casa de Spirit, aunque en ninguna de estas ocasiones se trató de un caso de violencia doméstica, pero no dio más detalles.

"Esto es devastador, pero rechazamos que este incidente defina" a esta pequeña comunidad rural, dijo Schultz.

Aunque indicó que no podía suministrar información sobre el padre de los menores, medios locales publicaron que Edward Kuhlmann, el padre de tres de los niños muertos, está encarcelado en una prisión de Florida por varios cargos de robo.

Ante el hecho, sin precedentes en el estado, el gobernador de Florida, Rick Scott, realizó hoy una visita de apoyo a la comunidad de Bell, en donde ya se recauda dinero para pagar los servicios fúnebres de los menores y de su madre, identificada como Sarah Lorraine Spirit, de 28 años.

Antes de cometer la masacre, Spirit llamó a las autoridades para alertar de que había herido a sus familiares y que se iba a hacerse daño a sí mismo.

Sin embargo, cuando los agentes llegaron, ya había matado a su hija y a sus nietos, y, aunque alcanzaron a hablar con él, no pudieron impedir que se quitara la vida.

En 2001 Spirit se había declarado culpable de posesión de armas para reducir la sentencia en el caso de la muerte de su hijo menor, por la que pagó tres años en un prisión de Florida.

"Él no era un portador legal de armas", aseguró en la rueda de prensa el aguacil Schultz, quien agregó que el sospechoso tenía un extenso récord criminal.

Spirit también había sido arrestado en el pasado por delitos relacionados con drogas, agresión y huir de un accidente de tránsito, según su historial judicial.

El múltiple asesinato en Bell ha conmocionado a la opinión pública en Florida, un estado en donde el pasado julio se aprobó una ley que impide a los médicos del estado preguntar a sus pacientes si disponen de armas en sus casas.

Cada año mueren en Estados Unidos más de 500 niños o jóvenes menores de 20 años víctimas de las armas de fuego. Según la Asociación Nacional de Médicos (NPA, por sus siglas en inglés), los accidentes con armas de fuego son la tercera causa de muerte y de incapacidad permanente por lesiones graves, después de los envenenamientos y los accidentes de tráfico.