04 de Dic de 2021

América

Ser periodista en México

Decir que el ejercicio del periodismo es una profesión de alto riesgo resulta a estas alturas un cliché

Decir que el ejercicio del periodismo es una profesión de alto riesgo resulta a estas alturas un cliché. Pero no si se trata de corresponsales de guerra y periodistas que trabajan en países de alta conflictividad bélica, es el caso del Medio Oriente. Pero cuando las autoridades mexicanas reportan el asesinato de otro periodista la noticia enciende el debate sobre lo que está ocurriendo en el país azteca. Desde hace más de una década México enfrenta el mayor flagelo de su historia moderna: la violencia.

No solo por los casos de extrema e inhumana crueldad como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, que marcó un antes y un después en este turbio panorama entre política, corrupción, crimen organizado e impunidad judicial. Factores muy ligados que explican la rocambolesca fuga de ‘El Chapo' Guzmán hasta el asesinato del periodista mexicano Rubén Espinosa, quien fue hallado muerto en Ciudad de México, junto a otros cuatro cadáveres. Espinosa creyó que en DF podría escapar de las amenazas que estaba recibiendo en Veracruz, donde trabajaba para el diario ‘El Proceso'. No fue así. Este sábado el fotoperiodista Espinosa fue hallado muerto. Los cadáveres que se encontraron junto a su cuerpo no han sido identificados aún. Las autoridades recién empiezan las investigaciones.

En México, 103 periodistas han sido asesinados desde el 2000 hasta el presente año. Entre ellos directores de periódicos, fotógrafos, reporteros y corresponsales. De acuerdo con datos de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, la mayoría de los periodistas ultimados se han reportado al sur del país, en Chiapas, Oaxaca, Quintana Roo, Campeche y Yucatán.

Espinosa había sido previamente amenazado, cuentan sus colegas, por lo cual ‘emprendió el autoexilio' hacia la capital. Vano intento por escapar de las amplísimas redes criminales han construido alrededor de todo el país.

El drama de este asesinato va de la mano de un hecho inocultable: la violencia en México es estructural. Es casi imposible entender los casos sin analizar las redes del crimen con los poderes de facto, la corrupción y el crimen organizado. Salirse de esta premisa significa que no se comprende lo que viene dándose en esa nación latinoamericana. La tarea no será fácil para las autoridades, pero la sociedad espera respuestas (resultados) contundentes, no solo anuncios contundentes.