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28 de Jan de 2021

América

Las “barras y las estrellas” en el Malecón habanero

La bandera de las barras y las estrellas vuelve a flamear desde este 14 de agosto en la misma asta del Malecón habanero

La bandera de las barras y las estrellas vuelve a flamear desde este 14 de agosto en la misma asta del Malecón habanero de donde fue bajada hace 54 años como simbólico reinicio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. La última vez que ondeó frente al litoral cubano en el golfo de México fue el 3 de enero de 1961, cuando el gobierno de John F. Kennedy rompió relaciones diplomáticas y encaminó su gobierno hacia la hostilidad política iniciada contra Cuba por ‘Ike' Eisenhower. Poco más de tres meses después, Kennedy ordenó la trunca invasión a la isla por Bahía de Cochinos, que se preparaba desde antes de su mandato.

Con un mástil vacío y sin interés de la Casa Blanca de volver a ocuparlo con su pabellón, en febrero de 1962 Washington forzó la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos en una reunión en Punta del Este, Uruguay, que sirvió de fondo a Kennedy para ordenar el bloqueo total de la isla, que con cada gobierno se fue expandiendo y tornándose más devastador y complejo. Cuando la denominada Crisis de los Cohetes, que en Cuba se conoce como la Crisis de Octubre, la embajada estadounidense era un cascarón vacío y se privó al Gobierno de La Habana de la posibilidad de sentarse en una mesa negociadora con un interlocutor válido del vecino del norte.

La bandera de Estados Unidos se iza ahora nuevamente, casi ocho meses después del histórico anuncio de los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el 17 de diciembre de 2014, de restablecer relaciones diplomáticas, y con este solemne hecho, renacen las esperanzas de una normalización de los vínculos bilaterales. Para algunos analistas, este gesto es un reconocimiento velado de más de medio siglo de política equivocada contra Cuba.

Pero la situación sigue enmarañada, por la red que se ha ido tejiendo alrededor del bloqueo y las raíces que ha echado en 55 años, desde que Eisenhower lo decretara, Kennedy le diera forma, Nixon y Reagan lo profundizaran, Clinton lo enredara con leyes codificadas, y los Bush lo aplicaran de forma despiadada. Ambas partes siguen firmes en su posición y ninguna se cree ganadora, pero tampoco derrotada. Lo que empieza ahora es una nueva partida muy complicada para uno y otro, con la salvedad de la coincidencia en querer acabar con viejas confrontaciones y lograr una paz perdurable a tono con los nuevos tiempos. En esta coyuntura, los cubanos limitan sus ilusiones, entre otras cosas, por un conocimiento profundo de los retos por delante para un país virgen de inversión extranjera, las desventajas manifiestas de una economía estancada y el franco deterioro de su infraestructura. En Cuba no funciona la deshistorización del tiempo como en otros lugares. La memoria histórica es granítica. Cada uno de los gobiernos anteriores al de Obama recibió su parte alícuota en las marchas y manifestaciones de millones de cubanos que desfilaron ante el mástil vacío del Malecón exigiendo justicia, el fin del bloqueo y derogación de leyes como la de ajuste cubano.

Desde 1977, con el gobierno de James Carter, ahora enfermo de cáncer, la vieja misión volvió a ser ocupada por funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos, pero no como embajada, sino como sede de la Oficina de Intereses, abierta de mutuo acuerdo para resolver cuestiones bilaterales, con Suiza, como representante legal.

En el Malecón habanero, teatro de las grandes manifestaciones y marchas del pueblo combatiente, vuelve a haber espacio para la bandera estadounidense, avalada ahora por la presencia del secretario de Estado John Kerry, quien se convierte en el primer canciller de ese país en visitar La Habana en 70 años. A su derecha, se alza ahora la Tribuna Antiimperialista José Martí, escoltada por el Monte de las Banderas, escenario de las reivindicaciones nacionales. Otros simbolismos se han tomado en cuenta en la ceremonia de hoy, como el de no invitar a los grupos anticastristas miamenses, para no poner en riesgo el espíritu de cooperación que la Casa Blanca promueve, aunque no se descarta una reunión informal de Kerry con algunos representantes de la llamada contrarrevolución, como hizo la negociadora Roberta Jacobson, en su visita anterior. Lo más trascendente será, sin embargo, la reunión de Kerry con su colega cubano Bruno Rodríguez para continuar el amistoso diálogo sostenido en Washington el 20 de julio, y que, siguiendo el patrón establecido, debe concluir con una rueda de prensa conjunta. Tiempo habrá para volver a tratar el tema del bloqueo que aún se mantiene y la desmilitarización de Guantánamo, dos temas previstos en las futuras rondas de negociación.

El pueblo cubano espera casi ya harto, que en este momento histórico se imponga la razón. No hay camino entre vecinos sino el de la total normalización de las relaciones.

ANALISTA