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29 de Mar de 2020

América

La semejanza entre Bolsonaro y el Hugo Chávez del 98

Pese a diferencias ideológicas, ambos líderes han prometido salvar la nación de los problemas que les legaron las administraciones pasadas

Pese a las diferencias ideológicas, el ascenso de Jair Bolsonaro y del fallecido expresidente Hugo Chávez guardan similitudes, demostrando que los extremos no son tan opuestos como los conciben sus partidarios, aunque se mantenga el esfuerzo intelectual por justificar lo contrario.

Si bien Bolsonaro se sitúa actualmente en la derecha —dentro del espectro político—, en el pasado llegó a elogiar a Chávez, y al igual que este, aprovechó el rechazo popular al status quo para catapultarse como el elegido para salvar la nación.

Javier Corrales, profesor de Ciencia Política en el Amherst College de Estados Unidos, indica a la cadena británica BBC que ‘la coalición de Bolsonaro tiene muchos parecidos con la coalición de Chávez en 1998”.

A juicio de este estudioso, en ambos había un desencanto con la clase política dominante, la cual no había resuelto los principales problemas de criminalidad y a su vez eran responsables de una ‘corrupción descomunal', explica Corrales.

En este panorama surgirá —en los dos países— una figura con un trasfondo militar y que es, a su vez, admirador del militarismo. Cabe recordar que Chávez triunfó en las elecciones venezolanas de 1998, seis años después de haber protagonizado un intento fallido de golpe de Estado. Y al igual que Bolsonaro, este prometía refundar el país y acabar con la corrupción que le legaron las administraciones pasadas.

VIOLENCIA

Cuando Hugo Chávez llegó al poder, Venezuela contaba con una tasa de 19 homicidios por cada 100,000 habitantes.

En 2013, según un reporte de las Naciones Unidas, dicha cifra se habría multiplicado.

De acuerdo con dicho reporte de la ONU, los dos países con mejor puntuación en América Latina fueron Cuba y Chile.

En 1999 Bolsonaro era un diputado que declaraba al diario carioca O Estado de Sao Paulo que la llegada de Chávez era una ‘esperanza para América Latina' y que le ‘gustaría mucho que su filosofía llegase a Brasil'. Curiosamente, cuando esta información comenzó a transcurrir en las redes sociales, el presidente electo de Brasil sostuvo que se trataba de un ‘juego sucio' en su contra.

A pesar del actual distanciamiento de la figura de Chávez —por obvias razones—, ambos líderes latinoamericanos comparten algo en común: la promesa de refundar al país con una política de mano dura y de porte nacionalista.

Por tanto, la ley de la mano dura, como se puede comprobar, no es una política empleada exclusivamente por la llamada extrema derecha. En este sentido, el profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, Carlos Aguirre Rojas, indica a La Estrella de Panamá que los gobiernos de tinte ‘progresista' han aplicado la mano dura contra movimientos sociales, un reflejo de las amenazas de Bolsonaro al Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y el Movimiento de los Trabajadores Sin Techo.

Como ejemplo, Aguirre Rojas cita el caso de Evo Morales y Dilma Rousseff (progresistas y socialistas). El primero, explica Aguirre, ha reprimido a los indígenas del TIPNIS; mientras que, la segunda fue criticada durante su gestión por la represión del Movimiento Passe Livre y el Movimiento Anticopa Mundial.

Todo esto resultaría muy irónico, pero al reconocerlo perdería fuerza toda concepción de que hay un bando identificable de buenos y otro de malos en el panorama geopolítico.

No obstante, hay que recordar la teoría de la disonancia cognitiva presentada en el ensayo de Maarten Boudry y Johan Braeckman titulado ‘How Convenient! The Epistemic Rationale of Self-validating Belief Systems'.

De acuerdo con dicha teoría, un individuo que ha invertido tiempo en asumir un sistema de creencias, al verse enfrentado a evidencia que pone en duda su paradigma, intentará reducir la disonancia al racionalizar la información contradictoria y con ello acomodarla nuevamente dentro de su concepción de la realidad sin que esta se vea afectada.

Por ello, si se está convencido de que Nicolás Maduro es culpable de la caravana migrante que se moviliza hacia Estados Unidos, o que Donald Trump es un títere del todopoderoso Vladímir Putin, o que Bolsonaro o Chávez son los más grandes líderes que jamás ha tenido América Latina, no habrá manera de convencer al creyente de lo contrario.

QUÉ TANTO FUNCIONÓ LA MANO DURA EN VENEZUELA

Cuando Chávez llegó al poder, Venezuela tenía una tasa de 19 homicidios por cada 100,000 habitantes, según datos de la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, la militarización no frenó este problema social; todo lo contrario, el problema de la violencia se agravó significativamente durante su mandato.

En 2013 las Naciones Unidas publicaron un informe que medía la cantidad de homicidios en el globo. Venezuela ocupaba el segundo lugar (con 53.7 homicidios por cada 100,000 habitantes) solo superado por Honduras (con 90.4 homicidios por cada 100,000 habitantes).

El Gobierno de su sucesor, (el progresista, el socialista, el comunista), implementó el Plan Patria Segura, precisamente en el año del reporte de la ONU, que incluyó el despliegue de 37,000 efectivos en todo el país.

El objetivo consistiría en desarmar, prevenir el crimen organizado y parar el narcotráfico; no obstante, su aplicación no hizo más que demostrar su ineficiencia, pues el crimen siguió aumentando a pesar de su aplicación.

A ello, cabe agregar que el propio Gobierno de Maduro admitió el año pasado que más de cien funcionarios policiales y militares estaban implicados en el esquema ilegal del narcotráfico.

Maduro, informa The New York Times , ha llegado más lejos todavía al usar las fuerzas armadas para supervisar la distribución de alimentos y medicinas, e incluso, inspeccionar los precios de dichas mercancías.

Como fue detallado en un artículo anterior, Bolsonaro piensa aplicar precisamente este tipo de prácticas, la mano dura y la militarización (Brasil registró en 2016 una tasa de 30 homicidios por cada 100,000 habitantes).

Los datos no solo demuestran que esta estrategia no ha funcionado cuando ha sido aplicada por gobiernos de derecha, como los doce años de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (con más de 200,000 asesinatos), o en la Filipinas de Rodrigo Duterte, en donde la gran mayoría de víctimas son civiles inocentes, sino que ni siquiera ha rendido frutos en la socialista y progresista Venezuela.

¿Desde cuándo existe la ley del ‘ojo por ojo'? Hay que reiterar que su aplicación no es una novedad, es tan antigua como el uso de metáforas por parte de los aedos (poetas griegos) para describir los fenómenos naturales. Pero mientras que las metáforas nos siguen siendo útiles hoy, como apunta la obra del lingüista cognitivo George Lakoff, no ocurre lo mismo con el intento de frenar la violencia con violencia.

No obstante, el informe de la ONU arroja algunos datos a tomar en cuenta, pues dos países de América Latina registraron menos de 5 homicidios por cada 100,000 mil habitantes en 2013, y ninguno de los dos fue el Uruguay de José Mujica. Estos dos países son Chile (3.1) y Cuba (4.2).

De ambos, según la organización Freedom House, el segundo es un Estado con severas carencias en derechos políticos y libertades civiles, mientras que el primero se encuentra en mejor posición. ¿Cuál de estos ejemplifica el país militarizado que pretende diseñar Bolsonaro?, ¿el que posee las instituciones democráticas más sólidas?

Aunque, quizás, por una fuerza mágica e inexplicable, Bolsonaro triunfe al aplicar una práctica milenaria, que ni junto con el temor al fuego eterno ha acabado con el crimen. Faltará para ello observar su futuro desempeño.