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23 de Sep de 2019

América

Crisis en la Amazonía: ¿quién se beneficia de que arda el ‘pulmón del mundo'?

Al tiempo que millones de voces claman por la protección del Amazonas, otros intereses podrían salir beneficiados de uno de los peores incendios forestales en los últimos años

Los incendios masivos desatados en la Amazonía, especialmente en las áreas que corresponden a Brasil, han levantado una ola de indignación generalizada ante la catástrofe ambiental que amenaza al considerado como ‘pulmón del mundo'.

No es para menos, en sus 7.4 millones de kilómetros cuadrados distribuidos en nueves países de América del Sur, se extiende el bosque tropical más grande del planeta. Una región que solo se entiende en cifras colosales, al cubrir el 17% del continente americano, de acuerdo la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, y al ser poseedora de una megadiversidad biológica, que según el Fondo Mundial para la Naturaleza alberga al 10% de las biodiversidad mundial (animales, plantas, mamíferos, insectos, aves, etc.), el 20% del agua dulce existente y es el hábitat de más de 34 millones de personas, incluidos al menos 350 grupos indígenas.

Esta misma organización estipula que los 6.7 millones de kilómetros cuadrados de bosque son pieza clave para regular la temperatura del planeta, una barrera de contención del cambio climático, absorbiendo millones de toneladas de CO2, lo que se traduce en el 20% del oxígeno del que disfruta la humanidad.

Frente a estos datos, ¿quiénes se embarcarían en acabar con un pilar del bienestar planetario?

El primero en la mira, según grupos ambientalistas y de derechos humanos, es el presidente brasileño de extrema derecha, Jair Bolsonaro, que abiertamente ha llamado a la explotación comercial de la Amazonía, lo que se ha traducido en recortes a fondos públicos de protección ambiental y flexibilidad en los controles contra la deforestación.

Si bien, en casi las últimas dos décadas la salvaguarda de la Amazonía fue una política central de Brasil bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores (2002-2016), la llegada del exmilitar al Gobierno dio un giro radical, ya anunciado por el mandatario durante su campaña electoral, en la que recibió un enérgico respaldo de los principales grupos empresariales mineros, ganaderos y agroindustriales del país.

No fue hasta este viernes que Bolsonaro anunció la posibilidad de ordenar la intervención del Ejército para contener las crisis —después de más de 20 días de inacción—, insistiendo en responsabilizar del incendio — sin presentar pruebas— a los grupos ambientalistas, asegurando que estos quieren ‘tumbar' su gobierno.

Una semana antes, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), confirmaría lo señalando por los activistas, cuyos datos mostraron un incremento del 83% de los incendios tras la llegada del mandatario al poder, unos 73 mil siniestros en lo que va del año.

Desmentido por las estadísticas de la entidad estatal, Bolsonaro saldó el asunto despidiendo al director del INPE.

Al mismo tiempo, la conquista del bosque tropical no se limitaría solo al aspecto comercial, sino también tendrían implicaciones de seguridad.

De acuerdo al diario paulista O Estado de S. Paulo , de los 150 millones de reales destinados al Ministerio de Defensa para este año, el 98% de esos fondos irán a parar al Proyecto Calha Norte, una iniciativa propuesta en los años 80's por el entonces presidente José Sarney, que implicaría la construcción en la Amazonía de infraestructuras, hidroeléctricas y carreteras con fines militares.

Aunque Bolsonaro es la cabeza visible de una política voraz sobre el Amazonas, su protagonismo hace sombra sobre algunos actores clave en torno a la rapiña tropical: las multinacionales y los fondos de inversión internacional.

Grandes compañías de capital estadounidenses ligados a la agroindustria —especialmente la producción de soja— como Archer Daniels Midland, Bunge Limited o Cargill son señaladas de deforestar y contaminar vastas regiones en la Amazonía, además de trabajar con proveedores locales acusados de violar derechos humanos.

Cargill, una de las más grandes empresas del mundo, anunció en junio pasado que abandonaría la ‘moratoria de la soja', un acuerdo que pretendía reduciría la deforestación a la mitad para 2020.

Esta misma empresa fue condenada en 2006 por el Segundo Tribunal Superior de Brasil. El fallo obligaba a la empresa a cumplir las normas brasileñas tras la construcción de un puerto en Santerém (Pará), planta que según investigaciones de Greenpeace no solo sería ilegal sino también estaría ‘blanqueando' soja producida en zonas deforestadas ilegalmente lo que en opinión de la organización evidencia que ‘Cargill cuenta con el avance de la deforestación en la Amazonía para hacer frente a su enorme capacidad exportadora'.

En este sentido, Miguel Ángel Soto, responsable de Bosques de la oenegé, denunció lo que calificó como un ambiente de impunidad que deja el Gobierno brasileño ante siniestros como el que hoy consume la selva.

‘Quieren despejar la selva. Este es un proceso continuo cada año en la época de las ‘queimadas' para plantar soja, aceite de palma o caucho y que está llevando la tasa de deforestación a una situación problemática', denunció Soto ante la agencia Europa Press .

Otro de los sectores, aún menos conocidos y que igualmente juegan un rol relevante en lógica de depredacción del Amazonas serían los paraísos fiscales.

De acuerdo a un reporte del periodista italiano, Giovanni Ortolani, citando un estudio de la revista Nature Ecology and Evolution , entre el año 2000 y 2011, fueron transferidos desde paraísos fiscales al menos un 68% de los capitales ligados a compañías de la soja y carne causantes de deforestaciones en el Amazona.

Los investigadores, explica Ortolani, encontraron que la atmósfera financiera desregulada facilitaba el tráfico de capitales vinculados a actividades ilegales como la que tiene lugar en la Amazonía: ‘es muy difícil cuantificar y establecer causalidad directa entre transferencias financieras a través de paraísos fiscales y cambios reales en el uso del suelo en el Amazonas (...) sin embargo, lo que podemos afirmar gracias a investigaciones pasadas es que los productores de soja y de carne tienen una estrecha relación con la deforestación del Amazonas y que el acceso a grandes cantidades de capital extranjero ayuda a facilitar dicha deforestación'.

‘Las ONG perdieron dinero, están desempleados. ¿Tienen que intentar hacer qué? Tratan de derribarme (...) todo el mundo es sospechoso, pero la mayor sospecha recae sobre las ONG',

JAIR BOLSONARO

PRESIDENTE DE BRASIL