Temas Especiales

05 de Ago de 2021

Fabiola Zavarce

América

No existe democracia segura

Son incontables las personas que nos dicen que les cuesta creer lo que está pasando en Venezuela, y nos preguntan cómo llegamos a este punto.

Son incontables las personas que nos dicen que les cuesta creer lo que está pasando en Venezuela, y nos preguntan cómo llegamos a este punto. Al igual que hace más de 20 años en mis viajes al estado de Florida en EE.UU., nos encontrábamos con nuestros hermanos cubanos en el exilio y nos advertían que íbamos por el mismo camino de ellos, que era la misma receta mejorada. Al final, lamentablemente tenían razón, y no hicimos oportunamente lo que teníamos que hacer porque creímos que teníamos una democracia segura y que la comunidad internacional tampoco lo permitiría, considerando, entre otras cosas, que Venezuela tiene la segunda reserva más grande de petróleo del planeta.

El retrato de hambre y absoluto caos en todos servicios públicos que vive hoy mi país se equipara a lo que pasaba en algunos países de África durante mi niñez. El pasado mes de marzo, tanto la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como el Programa Mundial de Alimentos (WFP), publicaron el informe “Hunger Hotspost”, situando a Venezuela en la lista de más de 20 naciones con mayor probabilidad de agudizar su situación de inseguridad alimentaria, junto a países como Afganistán, Somalia, Haití y Siria. Asimismo se afirmó que es probable que estos números se agraven en los próximos meses. Hablamos de 1/3 de la población venezolana que se encuentra en emergencia alimentaria (más de 9 millones de personas); sin duda esas imágenes de personas comiendo de la basura están incluidas en estas estadísticas. Por eso, en medio de una crisis humanitaria como la que padece Venezuela a manos del régimen, los más vulnerables han sido los más perjudicados.

Recientemente se realizó el encuentro en Caracas, entre David Beasley, director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos, y el presidente (e) Juan Guaidó, quien agradeció este paso en favor de mitigar el hambre que padece buena parte de la población venezolana. Guaidó, en un ejercicio de humildad, también hace un reconocimiento al trabajo de la sociedad civil organizada y a los actores del mundo humanitario que rinde hoy sus frutos con la presencia del Programa Mundial de Alimentos en Venezuela. Gracias a este trabajo constante de denuncia, visibilizar y sensibilizar a la comunidad internacional, hoy podemos ver este inmenso aporte al país, en medio de la incuantificable crisis que se padece en nuestra amada Venezuela. Es un reto de grandes dimensiones combatir el hambre que padecen millones de venezolanos, pero sabemos que se trabajará incansablemente por lograrlo. Nuestro mayor deseo es que puedan trabajar sin limitaciones en favor de nuestro golpeado pueblo.

Seguros estamos que se continuarán articulando esfuerzos para lograr la solución a la crisis y al conflicto venezolano. El régimen se quita la careta, reconociendo la grave crisis alimentaria por la que atraviesa Venezuela, al permitir el ingreso de este programa humanitario. No se puede tapar el sol con un dedo, y el daño que han causado a millones de familias es inocultable. En este contexto el programa mundial de alimentos (WFP) es la única garantía de distribución independiente en medio de un régimen que usa el hambre como instrumento de control social.

No hay democracia segura, pero sí una sociedad civil organizada que se puede coordinar, planificar y participar para recuperarla, defenderla y mantenerla. Podemos reflexionar sabiendo que lo que pasa a un país hermano latinoamericano afectará al otro tarde o temprano. Como Bolívar lo visualizó en su Gran Colombia, y muchos países de Europa lo hacen efectivo en la Unión Europea, de la misma forma tengo fe, y soy consciente de que los buenos somos más. Sé que estos procesos tan dolorosos tienen que devenir en un continente mejor para todos.