06 de Dic de 2021

América

Nuevo orden internacional democrático: una unión más perfecta

'El discurso de Antony Blinken como representante del polo de poder más grande del mundo, como representante del principal país promotor de la democracia, y como ciudadano de las Américas en un mundo postpandemia nos dieron destellos de la arquitectura del nuevo orden democrático que imagina EE.UU.'

Nuevo orden internacional democrático: una unión más perfecta
El presidente de Colombia, Iván Duque (i), y el secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, en BogotáEFE

El secretario de Estado Antony Blinken realizó esta semana su primera gira por Sudamérica. Los dos primeros países de la región en recibir al dignatario de EE.UU. fueron los gobiernos conservadores de Guillermo Lasso en Ecuador e Iván Duque en Colombia.

Durante una conferencia en la Universidad San Francisco de Quito, el secretario Blinken dio a conocer la visión de EE.UU. para el futuro de la democracia y el rol de la región en las relaciones internacionales y la construcción de un nuevo orden mundial. Dirigiéndose a una futura generación de profesionales que nació al mismo tiempo que la supremacía de la democracia en la región, Blinken confesó los errores cometidos por EE.UU. durante los últimos 30 años, presentó un plan concreto para la defensa y promoción de la democracia, y compartió su visión de la arquitectura del orden internacional del futuro.

La confesión

La primera confesión del secretario Antony Blinken la hizo de parte de la democracia en sí. El secretario de Estado de EE.UU. admitió que el modelo político de democracia liberal actual instaurado en el mundo no es sostenible. Por un lado, el populismo en la región demostró cómo líderes autoritarios lograron a través de mecanismos democráticos la destrucción de la separación de poderes. Las elecciones no son equivalentes a democracia. Y por otra parte, la pandemia demostró cómo la desigualdad social, que fue precisamente creada por el modelo de desarrollo económico adjunto al sistema democrático actual, no permitió que el poder constituido atendiese las necesidades básicas de sus ciudadanos durante una emergencia. América Latina fue la región del mundo peor afectada por la covid-19: 22 millones de personas recayeron en la pobreza, la economía se contrajo en promedio un 8%, y la región registró el mayor número de muertes per cápita del mundo.

El resultado a nivel ideológico es que 70% de los latinoamericanos se siente insatisfecho con la “democracia”, y EE.UU. a pesar de su poderío económico también perdió la confianza del 60% de su población.

La segunda confesión del secretario Blinken la hizo de parte del Gobierno de EE.UU. Blinken admitió un error estratégico en la política exterior de EE.UU. hacia la región. Durante los últimos 20 años, EE.UU. restringió su visión y entendimiento de su relación con América Latina a una perspectiva netamente de seguridad. Es una realidad que Latinoamérica es la región más violenta del mundo, sin embargo, EE.UU. se equivocó al enfocarse en el potenciamiento de las fuerzas de seguridad de países selectos y no en las causas de la delincuencia y el narcotráfico.

Y la tercera confesión del secretario Blinken fue un mea culpa personal. Y un mensaje de persona a persona y por fuera del poder que su cargo representa frente a una audiencia universitaria. Aquellos en posiciones de poder han medido sus resultados según el crecimiento del PIB y una serie de indicadores que claramente marginaron a minorías dentro de nuestras democracias. En el caso de América Latina las comunidades indígenas, afrodescendientes, mujeres y niñas, personas LGBTQI, personas de bajos ingresos y miembros del sector informal no reciben las mismas garantías de seguridad y soporte social que el resto de la población. Y esa realidad es un producto de, según el mismo Antony Blinken, una profunda y antigua discriminación. Un legado de la esclavitud y los procesos de colonización.

La estrategia

La romántica confesión de Antony Blinken fue seguida por una propuesta concreta y concisa. El plan de acción de EE.UU. consiste en tres pilares fundamentales para corregir el curso degenerativo de la democracia: atacar la corrupción, garantizar la seguridad ciudadana, y ampliar el sostén social para los más desfavorecidos.

El gobierno de Joe Biden clasificó a la lucha contra la corrupción, por primera vez en la historia, como un interés fundamental para la seguridad nacional. Según Blinken, la corrupción “no tiene fronteras, y como los actores corruptos son muy hábiles para explotar los eslabones más débiles de nuestro sistema mundial interconectado, ningún país puede luchar eficazmente contra la corrupción solo, ni siquiera con la ayuda de otros gobiernos”. Por lo tanto, EE.UU. busca formar una alianza internacional multisectorial para combatir la corrupción. Este nefasto malestar social roba anualmente en promedio un 5% del PIB mundial, y 5 de los 10 países con mayor corrupción en el mundo están en América Latina. La estrategia de EE.UU. no se enfocará en apoyar al engranaje institucional de los gobiernos de la región, sino más bien busca empoderar a los actores de la sociedad civil y su capacidad de contestar el poder económico y político.

La divulgación de los 'Papeles de Pandora', que coincidentemente ocurrió el mismo mes de la visita de Blinken a la región y la visita exploratoria previa del viceasesor de Seguridad Nacional de EE.UU. Daleep Singh, es el perfecto ejemplo del plan del gobierno de Joe Biden. Blinken específicamente mencionó el empoderamiento de los periodistas y los recursos de apoyo ofertados por los organismos multilaterales de rendición de cuentas como pilar central de la lucha contra la corrupción. La divulgación de la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos ya puso en juicio a dos presidentes actuales y dejó expuesto, para bien o para mal, los negocios de 11 exmandatarios de la región. Un llamado de atención alto y claro de lo que puede suceder en el futuro cercano. Adicionalmente, la lucha contra la corrupción formará parte de esa “implacable diplomacia” que prometió Biden en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

. La detención del presunto testaferro del régimen de Nicolás Maduro, Alex Saab, la futura extradición del exjefe de inteligencia de Venezuela “Pollo” Carvajal, la detención en Guatemala de los hijos del expresidente panameño Ricardo Martinelli son solo los primeros ejemplos del costo que tendrá la corrupción para los corruptos.

El segundo pilar de la estrategia de EE.UU. propone un cambio revolucionario en la lucha contra el narcotráfico. Blinken sugirió que para garantizar la seguridad ciudadana EE.UU. se enfocará exclusivamente en reducir la demanda y el consumo de drogas a lo interno de su país a través de acciones conjuntas con el gobierno de México acordadas en el nuevo pacto de seguridad, y en el entrenamiento de jueces y fiscales para la persecución eficaz del delito en la región. Esta propuesta presupone una directiva interna para alcanzar un objetivo de bienestar regional.

Y finalmente, el tercer pilar es un paliativo inmediato para corregir y subsanar la desigualdad social en la región.

Un 'Nuevo Trato'

Estados Unidos prometió apoyar económicamente a los países amantes de la democracia para fortalecer los derechos económicos y sociales de las personas, reforzar las normas laborales, ampliar el acceso a la educación y servicios de salud y generar oportunidades económicas incluyentes y sostenibles. La estrategia menos romántica, pero donde EE.UU. podrá demostrar su verdadero compromiso: ¿cuánto desembolsará en préstamos e inversión la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE.UU.?

Los primeros proyectos multimillonarios se darán a conocer en el primer trimestre de 2022.

Arquitectura del 'Nuevo orden democrático'

El discurso de Antony Blinken como representante del polo de poder más grande del mundo, como representante del principal país promotor de la democracia, y como ciudadano de las Américas en un mundo postpandemia nos dieron destellos de la arquitectura del nuevo orden democrático que imagina EE.UU.

En primer lugar, EE.UU. como potencia mundial, busca evolucionar. El gobierno de Washington D.C. quiere realizar el salto de la guerra contra el terrorismo a la guerra contra la corrupción. En ese sentido, Biden sí anunció el fin de la era de guerras militares implacables y el inicio de una era de diplomacia. La diplomacia que proponen, sin embargo, no está basada en consensos con regímenes autoritarios o no democráticos, sino en una implacable implementación de un estado de derecho a través de nuevas tecnologías de violencia internacional: más numerosas y más eficientes sanciones económicas; la persecución, extradición, juzgamiento severo y encarcelamiento de los corruptos; el uso del poder del dólar y el sistema financiero internacional para acabar con el mundo de lo ilícito; y la conformación de una liga de naciones democráticas (G7, OCDE, y aliados).

La aceptación tácita por parte de los gobiernos conservadores de Colombia y Ecuador de lo propuesto por Blinken también comprueba que el centro se moverá. El rol del Estado en la construcción del sostén social crecerá. Pero más importante aún, el nuevo orden democrático supondría un crecimiento de las bases de poder existentes bajo la figura del Estado a través de la incorporación a la formalidad de más personas y perspectivas. Esta nueva arquitectura del orden internacional del bloque democrático en la región, sin embargo, no existirá bajo coerción ideológica si no subscripción pragmática. Y solo un gobierno de turno verdaderamente interesado en la erradicación de la corrupción escogería participar y construir esta unión cada vez más perfecta de naciones democráticas.