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02 de Apr de 2020

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Las tropas se van, las dudas quedan

BAGDAD. Las tropas de combate de Estados Unidos se retiraron de la mayoría de las ciudades iraquíes un día antes del plazo, que vencía ...

BAGDAD. Las tropas de combate de Estados Unidos se retiraron de la mayoría de las ciudades iraquíes un día antes del plazo, que vencía ayer martes, fijado por el acuerdo alcanzado el año pasado entre los dos países.

Las fuerzas de seguridad de Iraq deberán ahora llenar el vacío dejado por las estadounidenses, cuya cúpula se muestra públicamente dispuesta a apoyar la transición. “Desde el punto de vista militar y de seguridad, es hora de irnos de las ciudades”, dijo al canal televisivo de noticias CNN el comandante de las tropas de Estados Unidos, general Ray Odierno. “Creo que los iraquíes están preparados. Vemos constantes mejoras en sus fuerzas de seguridad. Es hora de que asuman definitivamente la responsabilidad”, afirmó. “Las fuerzas de seguridad iraquíes están preparadas par esto. Nos hemos ido de muchas ciudades en el último año”, dijo, por su parte, el presidente del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas estadounidenses, almirante Mike Mullen.

QUEDAN MUCHAS DUDAS

Pero quedan muchas dudas al respecto. La semana pasada, dos centenares de civiles murieron en varios atentados, especialmente en barrios de mayoría chiíta. Es la creencia generalizada que estas operaciones responden a extremistas sunitas, corriente del Islam minoritaria en Irak pero mayoritaria en el mundo árabe. El peligro que se avizora es una reanudación de la violencia entre comunidades religiosas que estalló en ese país luego del ataque sunita contra la mezquita chiíta de Samarra, en 2006. El primer ministro Nouri al-Maliki celebró la retirada estadounidense, a la que calificó de “gran victoria”. “Estamos ingresando en una fase en que se impulsará la soberanía iraquí. Es un mensaje al mundo: ahora podemos salvaguardar nuestra seguridad y administrar nuestros asuntos internos”, aseguró.

Pero no todos los iraquíes son tan optimistas. El ex consejero de Seguridad Nacional del gobierno de ese país y actual legislador chiíta Qassim Daoud dijo al diario estadounidense The New York Times : “Espero que el primer ministro se dé cuenta de que todavía no tenemos fuerzas de seguridad competentes”. El acuerdo bilateral, que fija 2011 como plazo para la retirada completa, “debería ampliarse hasta 2020, 2025?”, agregó Daoud.

AHORA SERÁN ‘ENTRENADORES’

Nadie cree que los soldados estadounidenses desaparezcan del paisaje iraquí como consecuencia de su retirada de las ciudades. “No veremos una gigantesca nube de humo alejándose”, explicó el portavoz de las tropas brigadier general Stephen Lanza. El teniente coronel retirado John Nagl, actual director del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, explicó en una reciente conferencia que gran cantidad de soldados de combate se convertirán en “entrenadores” de uniformados iraquíes luego de la retirada, y que, por lo tanto, estarán autorizados a permanecer en las ciudades. De todos modos, agregó, la diferencia entre un soldado estadounidense y otro iraquí podría no resultar clara a un ojo poco entrenado.

AUMENTARÁ LA VIOLENCIA

Las actuales preocupaciones de Nagl se concentran en “decisiones políticas” de Maliki, quien “entrará en razón por el bien de su pueblo en 2010 o 2011” para admitir la permanencia de tropas estadounidenses, según el militar. Nadie duda en que aumentará la violencia, pues los insurgentes intentarán tomar ventaja. “Esperamos un aumento de los ataques”, dijo al canal de televisión Al-Arabiya un portavoz del Ministerio del Interior iraquí. Nagl piensa lo mismo, si bien duda de la posibilidad de que el recrudecimiento de la violencia se procese a través de atentados suicidas “cuyo costo humano es terrible, pero no son estratégicamente desestabilizadores”.

Aún está por verse si Nagl está en lo cierto. La desconfianza hacia las fuerzas de seguridad iraquíes domina a buena parte de la población sunita, que las perciben como herramienta de control en manos del gobierno de predominio chiíta. Los insurgentes sunitas que se unieron en 2007 a las fuerzas estadounidenses para combatir a la organización extremista Al Qaeda en Irak no fueron recompensados, como aseguran que se les prometió, con empleos en el aparato de seguridad del Estado iraquí. Al mismo tiempo, son frecuentes las versiones de abusos de fuerzas regulares iraquíes a las comunidades sunitas, lo que constituye una preocupación adicional ante la reducción de la presencia militar estadounidense.

La falta de sunitas en filas podría resultar costosa en las próximas semanas y meses. Los ex insurgentes que colaboraron con las tropas estadounidenses carecen de intenciones y de capacidad de ayudar a detener una posible ola de violencia.

La violencia entre sunitas y chiítas no es la única preocupación ante la retirada estadounidense. También crece la tensión entre árabes y kurdos en el norte.