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20 de Apr de 2021

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Crimea, referéndum exprés

Las nuevas autoridades de Crimea, autodenominadas Consejo Supremo de la República Autónoma de Crimea, han convocado para el próximo 16 d...

Las nuevas autoridades de Crimea, autodenominadas Consejo Supremo de la República Autónoma de Crimea, han convocado para el próximo 16 de marzo un referéndum para que la ciudadanía decida libremente la segregación de Ucrania y la unión a la ‘madre’ Rusia. De esta forma, Crimea volvería a ser parte de Rusia como hasta 1954, año en que Nikita Jrushchov decidió que la península pasase a formar parte de Ucrania. Eran los tiempos en los que el Kremlin dictaba sobre lo divino y lo humano, modificando fronteras o eliminando disidentes.

El referéndum se va a celebrar en un territorio que desde hace días está controlado por el Ejército ruso. El presidente Putin mandó a sus tropas a Crimea a través del estrecho de Kerch y en la actualidad, hombres vestidos con uniformes de camuflaje, sin distintivos ni banderas, controlan los edificios públicos, los centros de comunicación, las bases militares y los nudos logísticos. Toda la comunidad internacional sabe que esos militares son rusos, todos saben que su presencia se debe a la decisión de Putin de perpetrar un referéndum ilegal y de mantener la tensión con el Gobierno prooccidental e interino de Ucrania, y también todos saben que nadie va a hacer realmente nada útil para que esas tropas salgan de Crimea. En Ucrania se está poniendo de manifiesto la impotencia de la comunidad internacional de actuar en un conflicto como éste frente a una Rusia que tiene claros sus objetivos y que los defiende por las buenas o por las malas. Nos encontramos con Europa y Estados Unidos, saliendo de una profunda crisis económica, sin ánimo de embarcarse en nuevos conflictos, escarmentados después de las aventuras en Irak y Afganistán, y con opiniones públicas contrarias a cualquier intervención que no sea diplomática.

El conflicto de Ucrania no va a acabar en una guerra, eso lo sabe Occidente y, sobre todo, lo sabe Rusia. La cuestión es cómo se va a reencauzar la política de hechos consumados que aplica Putin. Para la comunidad internacional, admitir los resultados de un referéndum ilegal que decide la segregación unilateral de un territorio, es un precedente de resultados imprevisibles en el futuro, y que complicaría la situación. Para Rusia es intolerable consentir que la revuelta de la plaza de Maidán haya descabalgado al oligarca pro ruso Yanukóvich. Por eso, no va a quedar más remedio que en los próximos días se agilicen todos los mecanismos diplomáticos y todas las instancias multilaterales para intentar que los votos no lleguen a las urnas.

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