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18 de Jan de 2021

Mundo

Brasil, Carnaval de la crisis

Por primera vez en cinco años, el famoso carnaval brasileño se ha iniciado con palcos vacíos en el sambódromo

Por primera vez en cinco años, el famoso carnaval brasileño se ha iniciado con palcos vacíos en el sambódromo. Treinta ciudades de Brasil, entre ellas Sao Paulo y Mina Gerais, cancelaron los carnavales, algunos por problemas económicos y otras ciudades por la crisis de la escasez del agua.

Incluso la mítica ciudad de Río de Janeiro, que espera casi un millón de turistas extranjeros, padece de varios problemas, ya que suelen ser las grandes empresas las que compran los palcos VIP del sambódromo, y esta vez empresas como la gigante petrolera brasileña, Petrobras, envuelta en un gigantesco escándalo por corrupción, por estos días brillará por su ausencia, puesto que gran parte de sus altos ejecutivos están presos o enfrentando graves procesos.

En medio del más popular festejo de Brasil, entre la sátira política, la broma y la diversión lujosa de las famosas comparsas de Río de Janeiro, la población se debate en todo el país entre la crisis hídrica, la inflación sistémica, la casi paralizada economía, la inestabilidad política tras los escándalos de Petrobras y los problemas no resueltos entre eventos como los Juegos Olímpicos y los carnavales, tales como la educación, salud, transporte y la inseguridad. Para estos carnavales, tan solo en la ciudad de Río de Janeiro, 15,500 policías diariamente velarán por la seguridad durante los cinco días de fiesta. A pesar de la gran inyección de dinero que las autoridades esperan lograr por estos días - unos 780 millones de dólares- los ciudadanos están conscientes de la crisis que enfrentan y aumenta la indignación nacional.

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, pretendió desinflar el escándalo de Petrobras, pero no lo logró. En la actualidad destacados miembros de su partido político, Partido de los Trabajadores, ha sido uno de los el más afectados por el caso Petrobras.

Y aunque la fiesta del carnaval se tiene que celebrar, da qué pensar que la Coca-Cola, que años anteriores compraba los más lujosos palcos del sambódromo, este año dispuso no participar. La crisis económica brasileña no es una broma de carnaval.