24 de Sep de 2021

Mundo

Misterios del laboratorio de conspiraciones chinas en Wuhan

El Instituto de Virología de Wuhan, uno de los súperlaboratorios con supuestos estándares de bioseguridad mundial, está infectado por el virus de las sospechas y contagiado de acusaciones que ponen en duda a Pekín como socio confiable y potencia responsable

La neumonía causada por el coronavirus podría provocar un daño pulmonar irreversible.
La neumonía causada por el coronavirus podría provocar un daño pulmonar irreversible.Archivo | La Estrella de Panamá

El plan era contar con un centro de referencia mundial para las investigaciones de virus mortales, promover el orgullo nacional y su modelo de potencia hegemónica como alternativa de desarrollo ante Estados Unidos y las democracias occidentales. Todo eso está en entredicho.

El Instituto de Virología de Wuhan, uno de los súperlaboratorios con supuestos estándares de bioseguridad mundial, está infectado por el virus de las sospechas y contagiado de acusaciones que ponen en duda a Pekín como socio confiable y potencia responsable. Además de significar un jaque a su crecimiento también se acusa a China de atentar contra la salud pública mundial y destruir la economía globalizada.

Las circunstancias se alinearon para convertir al Instituto de Virología de Wuhan en un villano. De allí pudo fugarse el SARS-CoV-2, el coronavirus que originó la enfermedad conocida como covid-19. El edificio de cinco plantas y 3,000 metros cuadrados de construcción, con un costo de $45 millones, surgió de un acuerdo firmado en 2004 entre China y Francia para enfrentar epidemias futuras como la del Síndrome Respiratorio Agudo y Severo (SARS) descubierto dos años antes. Fue construido por la firma bioindustrial francesa Institut Merieux y la Academia Militar de Ciencias de China.

Terminado en 2015, aprobado en 2016, inaugurado en 2017, entró en operaciones en 2018. Desde sus orígenes ha colaborado con el Centro Internacional de Investigaciones Infeccionas de Francia y el Laboratorio Nacional de Galveston en Texas, que bajo el gobierno de Barak Obama contribuyó en el 2015 con cerca de $4 millones para su financiamiento. También tuvo proyectos comunes con el Laboratorio de Microbiología de Canadá hasta que dos científicos chinos, Xiangguo Qiu y Keding Cheng, fueron expulsados en julio del 2019 acusados de espionaje científico y robar muestras peligrosas.

El laboratorio alberga el Centro de Cultivo de Virus, el banco de virus más importante de Asia donde se preservan 1,500 variedades de cepas en las que trabajan 37 diferentes grupos especializados en los coronavirus procedentes de murciélagos.

Patógeno manipulado

Cuando surgió el nuevo brote infeccioso de inmediato el régimen chino propagó la teoría de que el coronavirus pasó de un animal salvaje al hombre en un mercado de Wuhan. Esa versión quedó en el pasado como un esfuerzo de Pekín de desviar la atención del origen de la pandemia asociada con el laboratorio de Wuhan. Además, al cuestionar los avances científicos chinos, mermaba su capacidad de identificar y combatir patógenos de manera igual o superior que Estados Unidos.

Posteriormente, la propaganda china también fracasó en vender la teoría de que el virus había sido sembrado por soldados estadounidenses que participaron en unos juegos militares en Wuhan en octubre pasado. La teoría tenía tintes de novela de ficción. Pero esa versión fue retuitiada por aliados de Pekín en África y América Latina mientras el régimen chino giro instrucciones a su personal diplomático para borrar -de acuerdo a fuentes citadas por el diario francés La Croix- toda la información de medios internacionales referente a que el virus salió de Wuhan y ponerle como añadido: ‘Aún no sabemos dónde se originó exactamente. Estamos llevando a cabo investigaciones para localizar el verdadero origen”.

En las últimas dos semanas ha cobrado mayor fuerza la teoría de que se trata de un patógeno manipulado sobre el que estaban trabajando en Wuhan.

El francés Luc Montagnier, premio Nobel en Medicina por descubrir en el 2008 el virus del VIH Sida, tras analizar la secuencia genética del nuevo coronavirus, concluyó que es fruto de un accidente dentro del laboratorio de Wuhan. Encontró en su secuencia genética un SARS de nueva generación con elementos del VIH y del virus de la malaria, razón por la cual fármacos usados contra la malaria y el sida como la cloriquina, el liponavir y ritonavir han sido efectivos para combatirlo, dijo Montagneir a medios de prensa franceses.

Agujero de seguridad

Tras los informes de la prensa francesa, el diario estadounidense The Washington Post publicó un artículo del periodista investigador Josh Rogin quien reveló que los estudios que realizaban los científicos chinos en el laboratorio de Wuhan se hacían en arriesgadas condiciones de seguridad. Rogin tuvo acceso a dos cables clasificados enviados por la embajada de Washington en Pekín en los que advertían sobre un agujero de seguridad en el laboratorio.

Personal estadounidense visitó ese laboratorio en marzo del 2018 y emitió un comunicado sobre lo observado. El comunicado fue borrado hace unas semanas del sitio del laboratorio de Wuhan.

El equipo estadounidense se reunió con Shi Zhengli, subdirectora del laboratorio y jefa del proyecto de investigación sobre el coronavirus procedente de murciélagos. Los investigadores chinos mostraron que varios coronavirus podían interactuar con receptores humanos y causar enfermedades más peligrosas que el ya conocido SARS. La investigación de Shi –quien descubrió que el virus del SARS procedía de murciélagos- estaba diseñada para anticipar una futura pandemia más mortal que el SARS.

El reporte diplomático, citado por el Post, estableció una seria carencia de los técnicos y de la capacidad de los investigadores para operar con seguridad un laboratorio de alta contención. Rogin concluyó que no hay evidencias de que el nuevo coronavirus fuera diseñado por humanos, pero no descartó que haya salido del laboratorio de Wuhan.

Shi reconoció en una entrevista en marzo pasado a la revista estadounidense Scientific American que al principio temió que el coronavirus se hubiera “escapado” del laboratorio de Wuhan. Sin embargo, se convenció de lo contrario porque ninguna de sus secuencias genómicas coincidía con las muestras que tenía almacenadas.

En medio de lo polémica el biólogo Botao Xiao y el médico Lei Xiao, publicaron un estudio en la plataforma europea Research Gate, que tiene 20 millones de visitas, en el que alertaban que a solo 280 metros del mercado de Wuhan está el Centro de Control y Prevencion de Enfermedades, que tiene murciélagos para su estudio. Y a unos kilómetros hay otro laboratorio perteneciente al Instituto de Virología de Wuhan que también trabaja con murciélagos que originaron el SARS en el 2002.

Recordaron en el estudio -borrado en forma misteriosa- incidentes de científicos mordidos por murciélagos puestos en cuarentena al desconocerse el riesgo que corrían. El estudio se refirió a la posibilidad de que alguien contagiado accidentalmente sacara un coronavirus de ese centro o de la fuga de un animal infectado.

El virus escapado

Algo improbable pero no imposible. En el 2004 el virus del SARS se “escapó” de un laboratorio, infectó a nueve personas y mato a una. El régimen comunista reconoció la negligencia y destituyó a cinco altos funcionarios del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de China.

Después de las relevaciones del Post, en el desarrollo de una conferencia de prensa en la Casa Blanca se produjo el siguiente intercambio.

  • Nuestras fuentes le están diciendo a Fox que el gobierno de Estados Unidos tiene una alta seguridad de que el coronavirus salió de un laboratorio de virología de Wuhan, preguntó un periodista de la cadena Fox News.

  • Estamos oyendo esa historia más y más cada vez. Estamos haciendo un examen muy conciso de esta horrible situación, respondió el presidente Donald Trump.

Más adelante Trump afirmó haber hablado al comienzo de la crisis sanitaria con el jefe del régimen comunista chino, Xi Jinping, acerca de los “laxos protocolos de seguridad que habían sido reportados por el Departamento de Estado desde la embajada en Pekín”.

En sus declaraciones a los periodistas, Trump advirtió de “consecuencias” si se comprueba que China fue “intencionalmente responsable” de la propagación del virus que se originó en Wuhan entre septiembre y noviembre pasado.

Horas después el secretario de Estado, Mike Pompeo, reforzó el ataque. “Lo que sabemos es que este virus se originó en Wuhan. Sabemos que el Instituto de Virología está solo unos pocos kilómetros del mercado. Hay todavía muchas cosas por saber. Estados Unidos está trabajando diligentemente para resolver esto”.

Pompeo insistió en la necesidad de que el régimen chino permita que científicos internacionales comiencen una investigación para establecer si el virus se inició en el laboratorio de Wuhan como aseguran buena parte de los líderes occidentales y la comunidad científica.

Fox News divulgó posteriormente un informe, basado en fuentes de inteligencia estadounidenses, que afirmó que el primer paciente con coronavirus en China fue un empleado del laboratorio de Wuhan. La hipótesis es plausible. En ese escenario un trabajador se habría infectado por accidente sacando el patógeno fuera de la instalación y contagiado a su entorno cercano. “Éste podría ser el encubrimiento gubernamental más costoso de todos los tiempos”, comentó Fox News.

La cadena británica SkyNews aseguró, al mismo tiempo, que Londres forma parte de un grupo de países que investiga el origen de la pandemia, incluida la posibilidad de que haya salido del laboratorio de Wuhan. “Es altamente probable que el nuevo coronavirus se haya producido de forma natural y no sea artificial, pero eso no se descarta que la enfermedad haya podido surgir accidentalmente de un laboratorio”, subrayó.

El profesor de la Universidad de Illinois, Francis Boyle, una de las máximas autoridades mundiales en agentes biológicos, dijo que “antes ya se había producido filtraciones de SARS” del laboratorio de Wuhan cuya “única razón de existir era la investigación, desarrollo, análisis y almacenamiento de agentes bilógicos”. “Por tal razón, expresé mi punto de vista sobre que éste coronavirus de Wuhan se había filtrado de esa instalación tal vez a mediados de noviembre”, afirmó al diario londinense The Guardian.

Yuan Zhiming, jefe del Instituto de Virología de Wuhan, rechazó con vehemencia las acusaciones. “De ninguna manera ese virus ha salido de nosotros. Sabemos perfectamente la clase de investigaciones que hacemos y cómo gestionamos tanto nuestros virus como nuestras muestras”, afirmó. Aseguró, además, que no tienen registros de contagios entre su personal.

Fadela Chaib, portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dijo que “toda la evidencia sugiere que el virus tuvo un origen animal y no sufrió manipulaciones genéticas ni fue construido en un laboratorio”. Desde el origen de la pandemia, la OMS se erigió en defensor a ultranza de Pekín aceptando sin cuestionar sus informes.

Enfrentamiento geopolítico global

En medio de la pandemia del coronavirus está arreciando el enfrentamiento geopolítico global entre Washington y Pekín. Un comercial de la campaña electoral de Trump lo describió así: “Estados Unidos está siendo atacado, no solo por un virus invisible, sino por China”.

Pero más allá del reto coyuntural, el coronavirus se perfila como un capitulo decisivo en el cara a cara por la hegemonía mundial anticipado por décadas. El abierto desafió de China se ha manifestado con más nitidez durante el gobierno de Trump y sus choques abiertos con Xi en el control tecnológico del 5G, la guerra comercial por los aranceles y la confrontación diplomática por Cuba, Rusia y Venezuela. Pero el coronavirus los sintetiza todos.

Seis distintas fuentes de inteligencia citadas por The New York Times aseguraron esta semana que agentes chinos difundieron mensajes a mediados de marzo directamente a la pantalla de millones de celulares y redes sociales estadounidenses para sembrar el pánico en medio de la pandemia. Dos días más tarde, en otro informe, el mismo diario neoyorquino dijo que el régimen comunista participa en una campaña global con propaganda selectiva sobre el coronavirus para fomentar el odio hacia Occidente.

De que la agresión se extiende más allá de Washington, están convencidos gobiernos europeos y Australia. El Grupo de los 7 (G-7) -Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido- los países con más peso económico, político y militar del mundo, manifestaron la semana pasada su desconfianza y endurecieron sus posiciones frente a Pekín.

Unos en público, otros en privado, han expresado su profundo malestar contra China y señalado que las relaciones con Pekín no volverán a la normalidad en el corto plazo. “No hay duda de que no podremos seguir con los negocios como de costumbre después de esta crisis. Tendremos que hacer preguntas difíciles sobre cómo surgió y como pudo haberse detenido antes”, dijo el canciller británico Dominic Raab.

Francia, a través de su presidente Emmanuel Macron, denunció “zonas oscuras” en las acciones de Pekín. “No seamos tan ingenuos como para decir que China se ha manejado mucho mejor. No lo sabemos. Claramente hay cosas que han sucedido que no sabemos”. Alemania, por medio de su canciller Angela Merkel, reclamó la responsabilidad de China en el contagio por el coronavirus al encubrir los verdaderos alcances de la pandemia.

El primer ministro australiano, Scott Morrison, habló a comienzos de semana con Trump, Macron y Merkel sobre la necesidad de una investigación internacional independiente sobre el origen de la propagación del coronavirus que incluya también el papel de la OMS, cuestionada por su posición prochina.

Por otra parte la OTAN afirmó por medio de su secretario general, Jens Stoltenberg, que China está sembrando desinformación, con operaciones sicológicas, en medio de la pandemia, lo que podría exacerbar la crisis sanitaria mundial. En una entrevista con la revista estadounidense Foreign Policy, Stoltenberg dijo que las repercusiones económicas del coronavirus afectarán el objetivo de que la OTAN aumente el gasto de defensa en 2% del PIB para el 2024, una prioridad clave para contener el avance de China en Europa.

En una muestra más de que Pekín no es un actor internacional confiable, The Wall Street Journal reveló esta semana que China ha realizado en secreto explosiones de baja intensidad en un túneles en el noreste desierto de Lop Nur, fronterizo con Mongolia, a pesar de haber firmado un pacto internacional que las prohíbe. Las pruebas se realizaron el año pasado y se cree que están preparando condiciones para proseguirlas en el 2020, dijo el Journal.

Ciervo por caballo

China pretende realizar un acto de magia ante los ojos del mundo y hacer creer que el ciervo que ven es en realidad un caballo. Trata de borrar las huellas de la escena de la propagación del coronavirus. No necesita certezas sobre dónde se originó, con que haya confusión es suficiente. Pekín está convencido de que su campaña propagandística posee un guion monolítico como para que el mundo no le incrimine por el virus chino o el virus de Wuhan.

Lo que buscan remarcar Trump y sus aliados, por otro lado, es que China no es un socio confiable y con sus mentiras y encubrimientos ha desatado sobre el mundo una pandemia que no solo está causando cientos de miles de víctimas, también está destruyendo la economía global. El saldo más reciente es casi tres millones de contagios, cerca de 200,000 fallecidos y una caída del 15% de la economía global.

La comunidad internacional demanda que Pekín aclare específicamente en qué programas de investigación estaban centrados en el Instituto de Virología de Wuhan entre septiembre y diciembre del 2019, cuando se cree que surgió el nuevo coronavirus causante de la peor pandemia en más de un siglo.

En lugar de revelar los verdaderos datos de contagiados y fallecidos, China los ha puesto en cuarentena. Sigue suprimiendo y modificando las cifras, destruyendo muestras, borrando informes preliminares, censurando artículos académicos y desinfectando zonas contaminadas para ocultar las pruebas de transmisión accidental del coronavirus.

El régimen comunista prepara, al mismo tiempo, la sesión de la Asamblea Popular Nacional, el particular Órgano Legislativo que se reúne una sola vez al año, suspendida en marzo por el coronavirus y que se realizará entre el 26 y 29 de abril. Una celebración para tratar de demostrar ante los ojos del mundo la aparente la normalidad de China supondrá, como dijo triunfalista el diario estatal Global Times, “la victoria total del país contra el coronavirus”.

“No hay que dejar que China cambie el relato sobre lo que hizo con el covid-19”, señaló la exsecretaria de Estado, Condoleezza Rice, al acusar al Xi de encubrir el comienzo de la pandemia. En consecuencia, aseguró, debe rendir cuentas ante la ciudadanía y la comunidad internacional

“Los chinos hicieron lo que hacen los regímenes autoritarios. Silenciaron a los que intentaban dar la alarma porque querían tiempo para crear la narrativa que sería bendecida por el Partido Comunista de China, lo que significa que la información tuvo que ir a Pekín antes de poder decir algo. Es la naturaleza del sistema”, dijo Rice en un reportaje con Tom Gilligan, director de la Institución Hoover de la Universidad de Stanford. Afirmó que eso no habría ocurrido en un país democrático de América o Europa porque los ciudadanos lo habrían sabido al instante.

La exjefa de la diplomacia estadounidense, bajo la administración de George W. Bush, explicó que “si se mantiene el enfoque en cómo comenzó esto, y el papel de China en eso, el régimen se sentirá avergonzado”.

En otro pasaje de la entrevista, Rice describió los pasos que tomaría para asegurarse de que el régimen rinda cuentas. “Tienes que hablar con los chinos y decirles: No pueden seguir haciendo esto. Tienen que ser socios más responsables, un poder más responsable, dado su peso actual en el sistema internacional”.