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29 de Jun de 2022

Mundo

Sanciones, la resistencia autoritaria y el neo-iliberalismo

La efectividad de las sanciones económicas es cuestionable. Lo que sí es cierto es que son una herramienta de política internacional dentro de parámetros legales que no son clasificadas como actos de guerra.

Sanciones, la resistencia autoritaria y el neo-iliberalismo
Sanciones, la resistencia autoritaria y el neo-iliberalismo

El 30 de mayo la Unión Europea anunció la aprobación de un sexto paquete de sanciones económicas en contra de Rusia, en respuesta a la invasión de Ucrania. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, celebraron ante los medios internacionales la unanimidad con la cual los 27 países miembros decidieron establecer un embargo a 2/3 de las importaciones de gas y petróleo provenientes de Rusia para finales de 2022. La decisión privaría a Rusia y su maquinaria de guerra de alrededor de $265 mil millones en ingresos anualmente.

A pesar de la unidad de la OTAN, las numerosas sanciones económicas de las potencias de occidente no lograron prevenir la invasión de Ucrania. Y luego de más de tres meses del inicio de la “operación especial” rusa, las sanciones económicas e instrumentos coercitivos del bloque trasatlántico no han logrado que el régimen de Putin cambie su comportamiento en el escenario internacional. El uso de sanciones económicas antes del conflicto y después de su inicio no evitaron la destrucción de más de 30% de la infraestructura de Ucrania (aproximadamente $105 mil millones en daños). Ucrania no es el único ejemplo del fracaso de las sanciones económicas ante la amenaza internacional de regímenes autoritarios. El inminente alivio de sanciones económicas a Venezuela y los fracasos de esta herramienta coercitiva en los casos de Irán, Siria y Rusia, entre otros, nos obligan a cuestionar su eficacia, pero sobre todo, su razón de ser y las consecuencias de su uso trivial para defender el moribundo orden mundial liberal.

Sanciones económicas

El uso de sanciones económicas en asuntos internacionales nació en Atenas en el año 432 a.C. (primer récord histórico de uso de sanciones económicas). El gobierno de Atenas aprobó un decreto que prohibió el comercio de los países que conformaron la Liga de Delos, una alianza político-militar liderada por Atenas, con la ciudad-estado de Mégara. Las sanciones fueron en respuesta a la invasión mégara de los territorios sagrados pertenecientes a la diosa Démeter, conocidos como Hiera Orgas. Atenas decidió optar por sanciones económicas, para evitar un conflicto armado con un aliado de Esparta y así mantener el tratado de paz que puso fin a la Primera Guerra del Peloponeso. A pesar del deseo de mantener la paz, el impacto de las sanciones fue subrayado por Tucídides en su “Historia de la guerra del Peloponeso” como uno de los antecedentes más determinantes del inicio de la Segunda Guerra del Peloponeso. En sus escritos, Tucídides recalca que el gobierno de Mégara, de cara a la hambruna provocada por las sanciones económicas atenienses, acudió a Esparta para subsanar la crisis.

Dos milenios después, las sanciones económicas volvieron al escenario internacional al final de la Primera Guerra Mundial. En 1935 la Liga de Naciones, la alianza intergubernamental que precedió y dio inicio a la construcción del orden mundial liberal que rigió hasta 2020, impuso sanciones económicas en contra de la Italia de Benito Mussolini. Italia, miembro de la Liga de Naciones, violó el tratado italo-etíope de 1928 que estableció la frontera entre Somalia-italiana y Etiopía. Ese mismo año, en 1935, y a pesar de las sanciones y advertencias de la Liga de Naciones, la Italia fascista de Benito Mussolini invadió Etiopía. Los países miembros de la Liga de Naciones, como Estados Unidos, Francia e Inglaterra, más bien incrementaron su comercio con Italia a pesar de las sanciones, como parte de sus intentos por conseguir el apoyo de Mussolini en contra de la creciente amenaza de la Alemania nazi. Un año después, en 1936, y en violación del tratado de Versalles, Alemania invadió Renania en el corazón de Europa, Italia se alió con Alemania, y lo demás es historia.

La efectividad de las sanciones económicas es cuestionable. Lo que sí es cierto es que son una herramienta de política internacional dentro de parámetros legales que no son clasificadas como actos de guerra. Desde 2001 Estados Unidos y sus aliados han utilizado y perfeccionado el uso de sanciones económicas específicas en su lucha mundial contra el terrorismo y regímenes autoritarios. Las sanciones económicas son restricciones comerciales y financieras con el propósito de coaccionar, disuadir, castigar a un individuo o gobierno. El concepto es sencillo: un país o grupo de países sanciona a otro para disuadirlo de mantener un curso de acciones indeseables o para coaccionarlo a tomar correctivos. Durante las últimas dos décadas, Estados Unidos, la Unión Europea y sus aliados han utilizado cada vez más las sanciones económicas como herramientas para intervenir en crisis en defensa del orden mundial liberal, la democracia y los derechos humanos en países no alineados. Es innegable que las sanciones económicas son una forma de intervención directa en los asuntos internos de un país, sin embargo, existen en un umbral entre la diplomacia y la guerra que mantiene la supuesta paz internacional.

Resistencia autoritaria

Lo que también es innegable es que, a simple vista y mediano término, las sanciones han fracasado en disuadir, coaccionar o castigar significativamente a los regímenes autoritarios y detener sus flagrantes y constantes ataques al orden mundial liberal.

El Gobierno de Estados Unidos ha sancionado el régimen venezolano por más de 15 años. A la fecha suman un total de 73 paquetes de restricciones económicas y más de 166 individuos pertenecientes o asociados al régimen sancionados. Desde el inicio de las sanciones la economía de Venezuela se contrajo un 62%, no necesariamente solo por ellas. A pesar de la crisis humanitaria en el país y las medidas punitivas en contra del régimen, la dictadura mantiene más de 240 presos políticos y sus estamentos de seguridad han ajusticiado a más de 18 mil venezolanos desde 2018.

El régimen de Irán ha sido sancionado por Estados Unidos desde 1979 y de manera más agresiva y sin precedentes desde 2018, cuando Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear de 2015 (Jcpoa). Las nuevas sanciones económicas impuestas contra Irán le han costado al régimen islámico una contracción del 30% del PIB al país. Sin embargo, aun con embargo, el régimen de Irán mantuvo su curso y a la fecha mantiene más de 3 mil kilogramos de uranio enriquecido por encima de los niveles permitidos por el acuerdo nuclear de 2015. Una cantidad 18 veces superior al límite de 200 kilogramos establecidos por el Jcpoa.

El caso de Rusia es aún más grotesco, por los ridículos niveles de cinismo e ironía. Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea en contra de Rusia tras la anexión de Crimea e invasión de la región ucraniana del Donbás, en 2014, no solo resultaron en la muerte de más de 15 mil ucranianos durante 8 años, sino que también fracasaron en disuadir, coaccionar o castigar significativamente al régimen de Vladimir Putin como para evitar la guerra anunciada que empezó el 24 de febrero de 2022. Desde el inicio de la nueva invasión rusa de Ucrania, alrededor de 4 mil civiles y 3 mil 500 soldados ucranianos han muerto. Y tras un shock inicial y a pesar de las “sanciones sin precedentes” y la unidad de la OTAN, el rublo está más fuerte que antes de la invasión y las calles de Moscú y San Petersburgo libres de protestas.

Mundo iliberal

A simple vista la historia parece que se está repitiendo. Al igual que Mégara con Esparta, Rusia cuenta con un aliado poderoso económica y militarmente: China. A mediano plazo las sanciones económicas impuestas contra Rusia desvincularán, a gran costo, a Moscú de las dependencias económicas que tiene actualmente con occidente, en particular en materia tecnológica. Y a largo plazo cimentarán la relación económica, militar, tecnológica e ideológica entre Rusia y China, quienes han, en conjunto, expresado su deseo de remodelar el orden mundial internacional. El conflicto existencial entre las potencias de occidente y las nuevas alianzas de regímenes iliberales parece ser inevitable.

Y al igual que en la Europa de 1935, los supuestos defensores de la paz y la democracia eximieron a un gobierno de sus obligaciones morales. Similarmente como los miembros de la Liga de Naciones decidieron no cumplir las sanciones en contra del régimen fascista de Benito Mussolini de Italia tras su invasión a Etiopía, la Unión Europea decidió eximir a Hungría (y por extensión a la República Checa y Eslovaquia) de recortar la compra de petróleo y gas ruso. Es importante destacar que el cuestionado régimen de Viktor Orbán hace ganancias por la reventa de hidrocarburos rusos refinados en Hungría.

Conclusión

Las sanciones económicas no han logrado sus propósitos de mantener paz ni restablecer el orden sobre las bases del derecho internacional. Los impactos de las sanciones económicas han sido más visibles en las contingencias autoritarias que emergieron en respuesta a las mismas. Principalmente la fragmentación de la economía mundial entre actores liberales e iliberales, la inmunización económica de regímenes autoritarios a nuevas sanciones, y la homologación y homogeneización de la ideología iliberal impulsada inconscientemente por regímenes autoritarios en su insaciable búsqueda de perpetuarse en el poder. La ironía de las sanciones económicas en defensa del orden mundial liberal es que están configurando y dando forma a un nuevo orden mundial iliberal. Un orden definido no en oposición al liberalismo, sino una evolución hacia una única identidad amalgamada por la coexistencia y cooperación entre actores iliberales: el neo-iliberalismo.