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Balladares y Tewaney anticipan nueva etapa entre Panamá y Colombia con De La Espriella
- 10/08/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️La llegada de Abelardo De La Espriella a la Presidencia de Colombia abre una nueva etapa para las relaciones con Panamá, marcada por una agenda en la que la seguridad, el combate al narcotráfico, la inversión y la interconexión eléctrica adquieren un peso especial.
El expresidente Ernesto Pérez Balladares y la excanciller Janaina Tewaney coincidieron, en conversación con La Estrella de Panamá, en que la estabilidad del vecino país será determinante para Panamá, aunque advirtieron que el nuevo mandatario colombiano tendrá primero el desafío de gobernar una nación profundamente polarizada.
Ese interés quedó reflejado desde antes de la investidura. Tras la victoria electoral de De La Espriella, el presidente José Raúl Mulino conversó telefónicamente con él y ambos acordaron impulsar lo que calificaron como una “alianza extraordinaria” entre Panamá y Colombia, dirigida a promover inversiones y reforzar la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.
“Me alegra mucho el resultado de las elecciones en Colombia. Esto nos da a todos, sobre todo a los vecinos, tranquilidad”, manifestó entonces Mulino, quien adelantó que buscaría “agrandar” la relación bilateral desde una perspectiva pragmática, empresarial y de inversión.
La aproximación tuvo continuidad el viernes 7 de agosto, cuando Mulino viajó a Cali para participar en la toma de posesión y sostuvo una reunión bilateral con De La Espriella. En el encuentro abordaron el combate al narcotráfico y al crimen organizado, la interconexión eléctrica, cooperación en seguridad y nuevas rutas aéreas para impulsar el turismo.
Para Pérez Balladares, uno de los principales elementos que condicionará la administración de De La Espriella será el estrecho resultado de las elecciones y la división política que permanece en Colombia tras la salida de Gustavo Petro.
“Fue una contienda muy reñida, es decir, casi la mitad de los colombianos apoyaron la gestión de Petro y de su candidato de izquierda”, señaló.
A juicio del expresidente panameño, esa realidad obligará a De La Espriella a negociar con sectores distintos a los que respaldaron su candidatura.
“Su mandato no es un mandato único sino compartido. En consecuencia, tendrá mucho que negociar con otras fuerzas colombianas para llevar adelante su programa”, afirmó.
La gobernabilidad aparece, precisamente, entre los mayores desafíos de la nueva administración. De La Espriella inicia su mandato sin mayorías legislativas propias y con una agenda sustancialmente diferente a la de Petro. A ello se suman problemas de seguridad, la presencia de organizaciones armadas ilegales, la crisis del sistema sanitario y las presiones fiscales que enfrenta Colombia.
Durante su discurso inaugural, el nuevo mandatario prometió una ofensiva contra el narcotráfico y los grupos armados, austeridad fiscal, una reducción del tamaño del Estado y medidas para reactivar sectores como petróleo y gas.
Tewaney también identifica la gobernabilidad como la principal prueba del nuevo presidente.
“El principal desafío del presidente De La Espriella será la gobernabilidad. Recibe un país profundamente polarizado y con importantes fracturas políticas y sociales”, sostuvo.
La excanciller advirtió que el ejercicio del poder exigirá una dinámica distinta a la utilizada durante la campaña.
“Gobernar exige una lógica distinta a la de hacer oposición. Y allí muchos gobernantes se pierden”, afirmó.
Para Tewaney, la capacidad del mandatario de alcanzar acuerdos, construir mayorías y ejercer el poder con astucia política será determinante para convertir sus propuestas en políticas públicas sostenibles.
Pérez Balladares también observa similitudes entre el estilo político de De La Espriella y el del presidente salvadoreño Nayib Bukele.
“Su método es muy parecido al del presidente de El Salvador, un poco agresivo, un poco grosero, si se quiere”, expresó, aunque consideró que una posición firme podría resultar necesaria para enfrentar la guerrilla y la inseguridad que históricamente han afectado a Colombia.
Desde la perspectiva panameña, el exmandatario puso especial atención sobre las posibles consecuencias de la lucha contra las estructuras criminales colombianas.
“Para nosotros es importante contar con su amistad y con su apoyo, para evitar que haya una migración de maleantes, de bandidos, de narcotraficantes hacia nuestra frontera y hacia Panamá”, afirmó.
La preocupación coincide con uno de los primeros compromisos alcanzados entre Mulino y De La Espriella: reforzar la cooperación contra el narcotráfico y el crimen organizado.
Para Tewaney, Panamá puede esperar precisamente una relación bilateral con “un mayor énfasis en la seguridad y la cooperación pragmática”, especialmente mediante mecanismos de intercambio de inteligencia, control fronterizo y coordinación entre las fuerzas de seguridad.
La importancia de Colombia para Panamá trasciende las afinidades políticas entre los gobiernos de turno. Ambos países establecieron formalmente relaciones diplomáticas el 9 de julio de 1924 mediante el Tratado Vélez-Victoria y, desde entonces, han construido una agenda que abarca seguridad, comercio, cooperación técnica, medioambiente, energía y migración.
“Colombia forma parte del círculo concéntrico de países de mayor relevancia para nuestra política exterior y cualquier cambio político en ese país tiene repercusiones directas sobre Panamá”, explicó Tewaney.
A ello se suma una estrecha relación económica. Las cifras divulgadas por la Embajada de Colombia en Panamá señalan que, en un período de diez años, la inversión entre ambos países alcanzó unos $22,700 millones. Colombia ha figurado además como uno de los principales orígenes de inversión extranjera colocada en Panamá, con presencia en energía, finanzas, seguros, hotelería, turismo, alimentos y construcción.
Por esa razón, Tewaney considera que el énfasis de De La Espriella en el crecimiento económico podría abrir oportunidades para ampliar las inversiones colombianas, el comercio y las exportaciones hacia Panamá.
También anticipa una política exterior “menos enfocada en discursos ideológicos o proyectos integracionistas de corte revisionista” y más dirigida hacia resultados concretos.
Uno de los proyectos que mejor representa esa agenda pragmática es la interconexión eléctrica Panamá-Colombia, una iniciativa discutida durante casi dos décadas y que Mulino y De La Espriella han colocado nuevamente entre sus prioridades.
El proyecto contempla aproximadamente 500 kilómetros de línea de transmisión entre la subestación Panamá II y Cerromatoso, en Colombia, con una capacidad de 400 megavatios.
La infraestructura incluiría tramos terrestres en ambos países y un segmento submarino, permitiendo conectar por primera vez los mercados eléctricos de Centroamérica y Sudamérica.
Su ejecución podría fortalecer la seguridad energética, facilitar el intercambio de electricidad y ampliar la incorporación de fuentes renovables. Sin embargo, todavía deben culminarse procesos regulatorios, ambientales y de consulta con las comunidades ubicadas a lo largo de la ruta.
La iniciativa tampoco es nueva en la agenda presidencial. Gobiernos anteriores de Panamá y Colombia han intentado avanzar en ella y, durante las administraciones de Laurentino Cortizo y Gustavo Petro, volvió a formar parte de las conversaciones bilaterales junto con la migración irregular y la reactivación de la Comisión de Vecindad Colombo-Panameña.
Ahora, De La Espriella ha prometido acelerar el proyecto, mientras Mulino lo considera uno de los principales componentes de la nueva etapa de cooperación.
Más allá de proyectos específicos, para Tewaney el principal interés de Panamá reside en que Colombia consiga mantener su estabilidad política e institucional.
La proximidad geográfica convierte cualquier deterioro de la seguridad colombiana en un riesgo con potenciales efectos sobre Darién, los flujos migratorios y las rutas utilizadas por organizaciones criminales.
“Una Colombia estable constituye un activo estratégico para Panamá, mientras que una Colombia políticamente inestable representaría uno de los mayores desafíos geopolíticos para nuestro país”, afirmó la excanciller.
Esa estabilidad, agregó, impacta directamente la seguridad fronteriza, la gestión migratoria y la capacidad regional para combatir el crimen organizado.
De La Espriella comienza así su mandato con dos escenarios estrechamente vinculados. Dentro de Colombia deberá transformar un discurso electoral confrontativo en capacidad de gobierno, construir acuerdos en un Congreso fragmentado y responder a las demandas de seguridad y recuperación económica. Hacia Panamá, en cambio, encuentra un gobierno dispuesto a profundizar una relación basada en seguridad, comercio, inversión e integración energética.
Para Panamá, el rumbo que tome Colombia durante los próximos cuatro años no será un asunto distante. La frontera, las inversiones, la energía, la migración y las redes del crimen organizado convierten la estabilidad del vecino país en un componente directo de sus propios intereses nacionales.