Los familiares de los presos políticos en Venezuela cumplen este lunes, entre la fe y la impaciencia, la quinta noche de espera de nuevas excarcelaciones...
- 22/11/2019 00:00
Cuando en la tarde del viernes 4 de octubre, el Panel de Expertos del Transporte Público de Chile anunciaba un alza en los precios en los servicios de metro y buses, el que se concretó el lunes 6 de este mismo mes en 830 pesos —en horario punta— (hoy $1.04) los usuarios del sistema nos preguntábamos ¿otra vez? Sería el tercer aumento, solo en el segundo Gobierno de Sebastián Piñera, que además coincidía con otro en el precio de la luz.
Tras ello, se desató una ira contenida y expresada en las evasiones en el tren metropolitano, que antes de la crisis se contaban en millones de pesos chilenos. A esas alturas, nadie podía prever que esa iba a ser la gota que haría rebalsar el vaso.
Un año plagado por reformas de ley (tributaria, pensiones, 40 horas) entre otras aún inconclusas, proyectaba peleas de una clase política tanto del gobierno como de oposición enfrascada en sus propios discursos, mientras se planeaban millonarias cumbres internacionales, como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019 y el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
Por cierto, esta última prometía ser el escenario de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y China, luego de que un amigo de la casa, el presidente Donald Trump, confirmara que asistiría al evento que se realizaría los días 16 y 17 de noviembre en el país.
Esa misma semana, incipientes grupos organizados de estudiantes secundarios, la llamada generación sin miedo, acentuaron la evasión al pago del metro, hasta que el jueves 17 la situación se tornó más compleja cuando usuarios de distintas edades se les unieron.
Una sobrepasada fuerza policial, en Chile Carabineros, falló en su intento de frenar las acciones, hasta que el viernes 18 de octubre detonó la crisis, y una imagen le dio dimensión a lo que realmente sucedía. El incendio en uno de los edificios corporativos de Enel, en Santiago Centro, encendió las alarmas en el palacio de gobierno, mientras los ciudadanos, perplejos, quedamos pegados a la televisión.
Sin embargo, una información fue la que dejó al descubierto que los chilenos estaban dispuestos a expresar su molestia, contra la “desconexión de los políticos” a los problemas de la gente, y las redes sociales explotaron con la imagen del presidente Sebastián Piñera comiendo pizza con su familia en un local de Vitacura (parte alta de Santiago) durante esa noche y que causó gran revuelo.
Los medios no se daban abasto con las noticias que se desarrollaban al mismo tiempo en diferentes lugares de la capital y que luego se contagiaron al interior del país con manifestaciones en su mayoría pacíficas, pero por esa debilidad por el rating, se mostró la peor cara de una “protesta legítima”, reconocida desde el mismo Gobierno, pero con una injustificada dosis de violencia, que hasta ahora ha dejado una veintena de muertos.
El conflicto escaló, y hasta generó la cancelación de las cumbres internacionales que se realizarían entre noviembre y diciembre en Chile, medida justificada por el Gobierno como la oportunidad para enfocarse en los temas internos que afectan al país. Luego, el presidente Piñera realizó un profundo cambio de gabinete, que sentenció —entre otros— la salida de su brazo derecho: Andrés Chadwick. El ahora exministro dejó la cartera de Interior para darle paso a Gonzalo Blumel.
El domingo 20 de octubre fue un día de quiebre para el gobierno durante las jornadas de manifestaciones. El jefe de Estado, aún sin bajar la guardia, dijo estar en guerra en un discurso que no fue bien recibido por quienes estaban protestando.
“Estamos en una guerra contra un enemigo poderoso, implacable, que no respeta a nada ni a nadie”, dijo ese día noche el mandatario, pero no tardó en retractarse, y el martes 22, volvió a hablar, pero esta vez pidió perdón y con aparente humildad dijo que aceptaba haber escuchado a tiempo las demandas de la ciudadanía.
“Es verdad que los problemas se acumulaban desde hace muchas décadas y que los distintos gobiernos no fueron ni fuimos capaces de reconocer esta situación en toda su magnitud. Reconozco y pido perdón por esa falta de visión”, señaló el presidente.
Al mismo tiempo, el mandatario, luego de reunirse con partidos de oposición y del oficialismo, anunció por la noche un conjunto de propuestas para descomprimir y responder a las manifestaciones, a la que llamó “Agenda social”. Esta incluyó mejoras en pensiones, a través de indicaciones que se enviarían a la reforma previsional.
El viernes 25, el presidente profundizaba los anuncios realizados en el tema de pensiones y además sumaba uno nuevo: cedió ante la oposición y anunció sumar un punto de cotización extra a los otros cuatro que ya estaban propuestos, para alcanzar una cotización para pensiones de 15% en total, donde uno será usado para financiar seguros solidarios.
Sin embargo, el anuncio pasó casi desapercibido, luego de la multitudinaria y pacífica marcha en Plaza Baquedano —más conocida como Plaza Italia—, la que fue convocada para las 17:00 horas de ese día.
La cifra de manifestantes superó el millón de personas, lo que llevó a las autoridades de Gobierno, como la intendenta de la Región Metropolitana Karla Rubilar y el mismo mandatario, a reaccionar vía redes sociales.
Pero este estallido social, que ha cambiado la cara de la ciudad, por las violentas manifestaciones, y que ha golpeado duramente el comercio y la actividad económica del país, ha cosechado sus frutos.
Se concretó el mayor acuerdo político desde el regreso a la democracia, todos los partidos políticos con representación en el Congreso, excepto el Partido Comunista, anunciaron un acuerdo para sacar adelante una reforma constitucional. La oposición logró imponer que el proceso comenzara con un plebiscito de entrada, a celebrarse el próximo abril, y en el que se preguntará a la ciudadanía si está de acuerdo con cambiar la Constitución, y cuál sería la fórmula para hacerlo.
La noche del pasado domingo 17 de noviembre, Piñera parece que recobró el aliento, y después de cuatro días de silencio, anunció que “el próximo acuerdo que tenemos que construir es por mejorar las pensiones”.
Cuando hablas con los chilenos queda la sensación de que son demasiados los temas pendientes, que más allá del aumento del salario mínimo, que el Gobierno prometió aumentar a 350 mil pesos (aproximadamente $460) a inicios de este 2020, un pago digno y justo a los adultos mayores, etc., etc., etc…. La desigualdad es el complicado tema que debe enfrentar toda la sociedad, en un país que en 2015 obtuvo el cuarto mayor índice de pobreza relativa a ingresos entre los 35 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, pero donde los ricos viven en un “oasis”, cita que desafortunadamente exclamó el presidente Piñera unos días antes del estallido, y que seguro quedará para la historia.
Más de un mes de protestas continuas y aún continúan.