El edificio, cerrado hace más de una década por problemas estructurales, pasó de albergar a cientos de estudiantes a convertirse en un albergue temporal...
- 24/08/2009 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️BOGOTÁ. Los adversarios de Estados Unidos se le metieron al patio trasero. Desde finales de la década pasada, nuevos actores, como Rusia, China e Irán, buscan un papel para desempeñar en América Latina, una región que hasta entonces había permanecido en las tinieblas exteriores de la geopolítica mundial.
El argumento de que sólo persiguen intereses comerciales es una explicación parcial porque lo cierto es que detrás de su creciente presencia en estas tierras, esos países buscan ejercer influencia política en la otrora órbita exclusiva de Estados Unidos.
Tienen un objetivo común: posicionarse en un mundo multipolar, en contraposición a la hegemonía estadounidense surgida tras la disolución de la Unión Soviética. Para ello aprovechan la distancia con Washington, también creciente, de la mayoría de los gobiernos de América Latina, que desde todos los matices de la izquierda, con mayor o menor intensidad, consideran que sus males son consecuencia de su relación con Estados Unidos.
De esos nuevos actores, Irán es quizás el más sorprendente. Hace unos días, su canciller declaró que su país se oponía al convenio militar entre Estados Unidos y Colombia, un extraño pronunciamiento para una región tan lejana. El país de los ayatolas tiene un pie en América Latina por cuenta del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien ha hablado de una “alianza estratégica”. Los dos países han prometido compartir su suerte si alguno es agredido por Washington.
De la mano de Chávez, Teherán también se ha acercado a otros gobiernos latinoamericanos. Muchos observadores apuntan que la región le ha permitido a Irán romper el bloqueo diplomático impuesto por cuenta de su programa nuclear.
Latinoamérica tampoco ha sido ajena al “ascenso pacífico” de China, la gran potencia emergente. Su “poder blando” se ha dejado sentir con más de 400 convenios de comercio e inversión. A grandes rasgos, los objetivos chinos son dos.
Primero, asegurar los recursos y las materias primas para mantener su acelerado crecimiento económico. China ya es el principal mercado de Brasil y crece para Chile y Perú, con los que tiene Tratados de Libre Comercio. El segundo objetivo es ganar su competencia estratégica con Taiwán. Beijing la considera parte indivisible de su territorio y la mayoría de los 24 países que todavía tienen relaciones con ella está en Latinoamérica y el Caribe.
Rusia incursiona en Latinoamérica desde 1997. Moscú ha revivido su relación con La Habana, muy cercana en tiempos de la Unión Soviética, y a finales de 2008 Dimitri Medvedev se convirtió en el primer presidente ruso en visitar Suramérica. Moscú y Caracas firmaron entre 2005 y 2007 contratos armamentísticos por un valor de 4,400 millones de dólares. A fines de 2009, Rusia enviará a Brasil el primer lote de los 12 helicópteros de combate Mi-35M.
A la venta de armas se suma un elemento preocupante. Por cuenta del conflicto con Georgia, donde los norteamericanos intentan influir en el propio patio trasero ruso, el presidente Medvedev anunció que propuso a la Duma (cámara baja) un proyecto de ley para permitir al Ejército ruso actuar en el exterior, entre otros, para rechazar una “agresión contra otro estado”. Un diario ruso puso como ejemplo el conflicto entre Venezuela y Colombia.
De éstos países, los más inquietantes son Irán y Rusia, que no tienen un proyecto claro para la región, más allá de defender sus propios intereses frente al hegemón. De ahí que su apoyo a algunos gobiernos que perciben como hostil a EEUU podría exacerbar nuestros problemas de seguridad. Así, para Latinoamericana, ser un nuevo escenario de las grandes contiendas geopolíticas no necesariamente es una buena noticia.