Andrés Malamud: ‘Panamá basa su importancia geopolítica en la estabilidad’

  • 23/10/2026 18:12
El politólogo argentino Andrés Malamud analizó en una entrevista con ‘La Estrella de Panamá’, el papel del país como un agente estabilizador en un escenario internacional marcado por la transformación del orden mundial

El politólogo argentino Andrés Malamud, quien participó recientemente en el Foro del Centro Latinoamericano de Políticas Públicas, celebrado el pasado 15 de octubre en el Parlamento Latinoamericano, vaticinó en una entrevista con La Estrella de Panamá que el objetivo del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva de lograr la reelección en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de este domingo se presenta difícil. Esto se debe a que su formación, el Partido de los Trabajadores (PT), perdió la mayoría de las gobernaciones, incluidas algunas de las más importantes, como la de São Paulo, así como la mayoría parlamentaria en el Senado y la Cámara de Diputados.

“Lula se quedó sin espadas. Este es el escenario: gana la segunda vuelta, algo improbable, pero no imposible”, señaló Malamud, aludiendo al eventual choque de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo en caso de que Lula da Silva lograra un cuarto mandato como presidente de Brasil.

Esta es una de las conclusiones que Malamud formuló durante una conversación en la que también destacó el papel de Panamá como país estabilizador en un contexto en el que, si bien un nuevo orden mundial está en gestación, el que emerge todavía no ha terminado de configurarse.

“Panamá no pretende ser un país disruptivo. Al contrario, se presenta como un estabilizador. Pero la gran capacidad de un estabilizador reside en que puede dejar de serlo. Panamá es importante precisamente porque no genera disrupción, porque es confiable y busca evitarla. El poder de los débiles no consiste en invadir ni en oprimir, sino en generar disrupción. Panamá, en cambio, basa su importancia en la estabilidad”, resaltó el investigador principal del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, en Portugal.

Esa capacidad estabilizadora, según Malamud, radica en que Panamá es un importante centro de interconexión global. “Panamá es un canal y un hub: un canal interoceánico por el que pasan cosas y un centro de conexión que une cosas”, explicó.

“Es uno de los centros de conexión aérea más importantes del continente y cuenta con el Canal de Panamá, que es una infraestructura única en el mundo, a la altura de las Américas. En otros tiempos, la Tierra se circunnavegaba por el sur, alrededor de África y América. En la época moderna, las rutas pasan por el centro, a través de Panamá y Suez. En el futuro, quizás, si se desarrolla la navegación por el Ártico, se circunnavegará por el norte, una ruta más corta y barata. Mientras tanto, Panamá sigue siendo uno de los puntos clave de la conectividad global”, agregó.

El politólogo también subrayó que la administración panameña del Canal de Panamá resulta llamativa porque, en su opinión, ha sido más eficiente que la administración estadounidense anterior. “Es decir, un país pequeño consigue producir un bien público de manera más eficiente que una gran potencia. Eso es interesante”, apostilló.

La conversación con este diario también se desarrolló en un escenario internacional en el que parece primar el principio de la ley del más fuerte.

La conversación con este diario también se desarrolló en un escenario internacional en el que parece primar el principio de la ley del más fuerte. Esta realidad contrasta con las normas que rigieron las relaciones internacionales bajo el multilateralismo, un sistema que no solo apelaba a la cooperación entre países para resolver los problemas globales más acuciantes, sino también al contrapeso que instituciones como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) podían ejercer para contener a las grandes potencias.

“Hace 25 años, cuando George W. Bush quiso intervenir en Irak, acudió a las Naciones Unidas y perdió dos votaciones, pero buscó legitimidad. Después reinterpretó la derrota y atacó igualmente. Hoy, a Donald Trump ni siquiera se le ocurre acudir a las Naciones Unidas para someter a votación lo que intenta hacer con Venezuela, Irán o cualquier otro país. Ya no existe ni siquiera una pretensión de legalidad. Esa es la diferencia entre un orden basado en reglas que funcionan mal y otro en el que las reglas no importan, ni siquiera como excusa”, explicó.

En este contexto internacional, en el que las reglas parecen haber perdido peso en las relaciones entre los países, se libra una batalla por la influencia geopolítica entre Estados Unidos y China. Una realidad de la que ni Panamá ni América Latina están al margen.

Malamud analizó la dinámica de la segunda administración de Trump y su estrategia para mantener la influencia estadounidense en América Latina. Según el politólogo, estas acciones han reducido el prestigio de Washington en la región y, en cambio, han aumentado el de Pekín.

“Todos los estudios lo indican así. La única excepción se produjo al principio de la intervención en Venezuela, cuando la captura de Maduro generó apoyo entre muchos venezolanos. Después, ese respaldo empezó a desvanecerse. En todo el continente se repite el mismo patrón: disminuye el prestigio de Estados Unidos y aumenta el de China. La paradoja es que, por primera vez en la historia, la potencia dominante es la que erosiona el orden que domina. Tradicionalmente, es la potencia emergente la que intenta cambiarlo. Pero China creció dentro de este orden y no quiere darle la vuelta, sino mantenerlo. China entró en la Organización Mundial del Comercio y por eso respalda ese sistema. Estados Unidos permitió su entrada, pero ahora lo lamenta y decide debilitarlo. Ha vaciado los paneles de arbitraje de la Organización Mundial del Comercio. Hoy no hay arbitraje porque Estados Unidos ha decidido que no lo haya. China defiende un orden basado en reglas y Estados Unidos lo erosiona. Podemos pensar que esto es bueno o malo; no estoy diciendo que sea una cosa u otra. (...) Si Estados Unidos considera que este orden lo perjudica, puede entenderse que quiera torpedearlo. La paradoja es que ese orden lo construyó Estados Unidos. Nadie se lo impuso. ¿Por qué construyó un orden que ahora considera perjudicial? ¿En qué se equivocó en el camino? Trump sostiene que todos los presidentes que lo precedieron fueron corruptos. Es Estados Unidos contra Estados Unidos. Esa es la paradoja”, aseguró.

Al ser consultado por este diario sobre el auge mundial de la derecha y si este fenómeno está relacionado con una mayor habilidad para comunicarse en el entorno digital, Malamud respondió que la izquierda solía ser la fuerza política que expresaba la insatisfacción y la voluntad de renovación. Hoy, a su juicio, ese papel lo ocupa la derecha.

“Es la que expresa ese descontento y propone una renovación. Además, ha aprendido a comunicarse mejor que la izquierda. La izquierda se quedó en el siglo XX, en una socialdemocracia basada en una sociedad industrial. Pero hoy vivimos en sociedades postindustriales, basadas en la tecnología y los servicios. La fuerza de trabajo ya no está organizada como antes en la fábrica y el sindicato. La izquierda se transformó para representar a las élites educadas, pero esas élites no son suficientes para sostener una victoria electoral. Por el contrario, provocan una reacción popular que lleva a buena parte de los sectores humildes a volcarse hacia la derecha, en rechazo al elitismo de la izquierda”, explicó.

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