- 17/02/2026 09:32
El reverendo Jesse Jackson, una de las figuras más influyentes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y el primer afroamericano en alcanzar un éxito significativo en la contienda presidencial de un partido mayoritario, falleció este martes a los 84 años.
Según informó su entorno en un comunicado, Jackson “falleció pacíficamente el martes por la mañana, rodeado de su familia”. Sus allegados destacaron que su “inquebrantable compromiso con la justicia, la igualdad y los derechos humanos contribuyó a impulsar un movimiento global en favor de la libertad y la dignidad”.
Aunque la causa oficial de la muerte no ha sido confirmada, el líder histórico había sido hospitalizado en noviembre y padecía parálisis supranuclear progresiva, una enfermedad cerebral degenerativa con síntomas similares al Parkinson. En 2017 se le había diagnosticado inicialmente esta última afección, diagnóstico que posteriormente fue revisado.
Discípulo y colaborador cercano de Martin Luther King Jr., Jackson construyó su carrera sobre la organización comunitaria, la defensa de los derechos civiles y la ampliación de oportunidades económicas para la población afroamericana.
Nacido como Jesse Louis Burns el 8 de octubre de 1941 en Greenville, Carolina del Sur, creció en un entorno marcado por la segregación racial.
Hijo de una madre adolescente, fue adoptado por su padrastro, Charles Jackson, cuyo apellido tomó. Desde joven destacó académicamente y en el deporte, lo que le permitió acceder a estudios universitarios gracias a una beca deportiva.
Su activismo comenzó en la década de 1960, cuando participó en protestas contra la segregación. En 1960 fue arrestado tras una sentada pacífica en una biblioteca pública exclusiva para blancos, un hecho que contribuyó a su desegregación. Tras graduarse, se trasladó a Chicago, donde llamó la atención de King y se integró a la Conferencia de Liderazgo Cristiano del Sur.
A través de la llamada Operación Breadbasket, Jackson promovió boicots económicos y presión organizada para exigir empleo y trato justo a empresas que operaban en comunidades negras. Con apenas 26 años, ya era una figura destacada dentro del movimiento.
En los años siguientes fundó Operation PUSH (People United to Serve Humanity), desde donde defendió la acción afirmativa, el acceso a la educación y oportunidades laborales para las minorías. Su discurso evolucionó hacia una crítica estructural que vinculaba el racismo con la desigualdad económica.
En 1984 sorprendió al país al anunciar su candidatura presidencial por el Partido Demócrata. En un contexto de desempleo juvenil afroamericano cercano al 50% y bajo la presidencia republicana de Ronald Reagan, Jackson habló de la necesidad de una “coalición arcoíris”: una alianza multirracial y multiétnica de pobres y clase trabajadora.
Aunque perdió la nominación, obtuvo más de tres millones de votos en las primarias, quedando en tercer lugar y demostrando que un candidato negro podía construir una base nacional amplia. En 1988 volvió a intentarlo y logró cerca de siete millones de votos y más de mil delegados en la Convención Nacional Demócrata.
Su discurso en la convención de 1988, culminado con la frase “mantén viva la esperanza”, resonaría dos décadas después en el lema “esperanza y cambio” de la campaña presidencial de Barack Obama en 2008.
El senador Bernie Sanders afirmó en 2024 que “nadie más en el Partido Demócrata hablaba de una democracia multirracial y multiétnica” como lo hacía Jackson, subrayando su influencia ideológica dentro del progresismo estadounidense.
Muchos analistas coinciden en que el terreno político que abrió Jackson fue fundamental para que figuras como Obama y Kamala Harris pudieran aspirar y alcanzar las más altas posiciones del poder político en Estados Unidos.
En 2000 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos del entonces presidente Bill Clinton. En 2007 respaldó la candidatura de Obama, con quien tuvo tensiones iniciales, pero a quien apoyó públicamente. Una imagen suya llorando la noche de la victoria electoral de 2008 se convirtió en símbolo de una lucha generacional que parecía alcanzar su culminación.
En los últimos años, afectado por su enfermedad degenerativa, se retiró progresivamente de la vida pública y dejó la dirección de Rainbow/PUSH.
Sin embargo, continuó pronunciándose sobre temas clave como la violencia policial, el salario mínimo y la política exterior estadounidense. Tras la muerte de George Floyd en 2020, viajó a Mineápolis para exigir justicia.
En 2024 hizo una aparición poco frecuente en la Convención Nacional Demócrata en Chicago, donde fue homenajeado por líderes del partido que reconocieron su papel en la construcción de una democracia más inclusiva.