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- 12/04/2026 11:12
Perú vuelve a las urnas este domingo, pero más que una fiesta democrática, la jornada se siente como otro capítulo de una crisis política que parece no tener final.
Con 35 candidatos en carrera y ninguno capaz de entusiasmar a una mayoría, el país enfrenta una elección fragmentada, marcada por el cansancio ciudadano y la sensación de que, gane quien gane, el problema de fondo seguirá intacto.
Una papeleta interminable... y sin favoritos claros
La boleta electoral es casi un símbolo del momento político: larga, dispersa y difícil de descifrar.
Ningún candidato logra despegar con claridad en las encuestas. Ninguno convence del todo. Y eso, en un país acostumbrado a sobresaltos políticos, es una señal de alerta.
La segunda vuelta no es una posibilidad, es prácticamente un hecho. Pero incluso ese escenario deja más dudas que certezas.
El verdadero candidato: el rechazo
Si algo domina esta elección no es una figura política, sino el rechazo a los partidos tradicionales, a los liderazgos reciclados y a una clase política que, para muchos peruanos, ha gobernado de espaldas a la gente.
Desde 2016, Perú ha tenido una seguidilla de presidentes que no logran terminar sus mandatos o que terminan atrapados en escándalos. El resultado: una democracia formal, pero cada vez más debilitada en la práctica.
Los nombres conocidos... y el déjà vu político
En medio del ruido, vuelven caras conocidas.
Keiko Fujimori aparece otra vez en la contienda, intentando capitalizar un electorado fiel pero insuficiente. Rafael López Aliaga apuesta por un discurso de mano dura. Y figuras outsiders buscan colarse en el descontento generalizado.
Pero hay un problema: el electorado ya ha visto esta película antes... y no terminó bien.
Campañas ruidosas, propuestas débiles
Las redes sociales han tomado el control de la campaña, pero no necesariamente para elevar el debate.
Más que propuestas concretas, lo que abunda son mensajes virales, ataques cruzados y promesas que suenan bien, pero que difícilmente aterrizan en políticas reales.
En un país con desafíos urgentes en seguridad, economía y servicios básicos, el vacío de propuestas pesa.