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La Iglesia y la nueva defensora del Pueblo llaman a proteger a la niñez: “Sin ellos no hay futuro”
- 12/04/2026 11:36
Durante la homilía de este domingo, en conmemoración a los 100 años de la Arquidiócesis, el arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, centró su mensaje en la necesidad de proteger a la niñez panameña, a la que describió como las “llagas del Resucitado” visibles en la realidad nacional.
El prelado recordó que, según estudios del Banco Mundial, UNICEF y el Ministerio de Desarrollo Social, 482,033 niños y niñas viven en pobreza en Panamá, lo que significa que uno de cada tres menores enfrenta carencias, y uno de cada seis vive en pobreza extrema.
“Ellos no son cifras frías, son vidas que claman justicia y nos llaman a no ser indiferentes”, enfatizó.
La nueva defensora del pueblo, Ángela Russo, quien estuvo en la misa que se desarrolló en el Parque Omar, comentó que la responsabilidad sobre la erradicación de la pobreza y pobreza extrema de la niñez, no es solo responsabilidad del Estado, sino también de las iglesias y la sociedad civil.
“No podemos sentir orgullo de un país que marcha bien económicamente si descuida a sus principales: nuestros niños, presente y futuro de la nación”, advirtió.
Ulloa advirtió que permitir que la primera infancia crezca marcada por la pobreza es perpetuar la desigualdad: “No podemos aceptar que la geografía o el origen determinen el destino de una vida”.
En este sentido, subrayó que Panamá no puede llamarse desarrollada mientras su niñez sufra hambre, enfermedades prevenibles o abandono. “Un país que no cuida a su niñez está renunciando en silencio a su propio mañana”, afirmó con firmeza.
El arzobispo hizo un llamado directo a las autoridades de los tres órganos del Estado, al sector privado, a la sociedad civil, a las universidades, a los gobiernos locales, a las comunidades de fe y a los sindicatos: “Nadie puede quedar al margen”.
Denunció además que la corrupción y la impunidad son heridas que “roban el pan del pobre y le roban el futuro al país, especialmente a nuestra niñez”.
Ulloa insistió en que la Iglesia debe estar presente en esta realidad “no de lejos, no como espectadora, no con discursos vacíos, sino con cercanía, ternura, verdad y valentía”.
Su mensaje concluyó con un llamado a transformar la Pascua en acción concreta: sembrar paz donde hay rencor, esperanza donde hay cansancio y justicia donde la niñez clama por un futuro digno.
Las declaraciones de ambas autoridades se da en medio de un escándalo institucional en torno a la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senniaf) donde se marcó un punto de inflexión en la gestión de las políticas sociales en Panamá, desencadenando una crisis que sacudió los cimientos del Estado tras revelarse un informe legislativo en febrero de 2021.
Este documento expuso una realidad de abusos y negligencia sistemática en albergues bajo supervisión estatal, lo que provocó una indignación ciudadana inmediata, protestas sostenidas y una demanda generalizada de justicia que forzó la salida de los directivos de turno.
A pesar de los intentos iniciales por estabilizar la institución, la problemática ha persistido como una herida abierta, alcanzando un nuevo pico de tensión durante el primer cuatrimestre de 2026.
Este nuevo capítulo de la crisis se aceleró en marzo de 2026, tras una serie de denuncias por presuntos maltratos en el Centro de Atención Integral (CAI) de Tocumen y otras irregularidades administrativas.
La inestabilidad interna llegó a un punto crítico cuando la institución sumó cuatro directoras en menos de una semana. Tras la salida de Ana Fábrega y los breves pasos de Otilia Rodríguez y Andrea Vega, el Ejecutivo designó a la entonces viceministra de la Mujer, Lilibeth Cárdenas Chanis, como nueva directora general.
Este nombramiento ocurrió en medio de un clima de desconfianza y cuestionamientos sobre la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de los menores bajo su tutela, lo que llevó a la Asamblea Nacional a reactivar sus mecanismos de fiscalización.