¿Qué hay detrás de la historia del crucifijo de oro que Estados Unidos devolvió al presidente de Bolivia?

  • 10/03/2026 11:22
La historia comienza en 1990, durante una visita oficial del entonces presidente boliviano Jaime Paz Zamora a Washington.

Más que una joya o un simple objeto diplomático, el pequeño crucifijo de oro que recientemente regresó a manos del presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, guarda una historia que atraviesa generaciones, promesas políticas y más de tres décadas de relaciones entre dos países.

La historia comienza en 1990, durante una visita oficial del entonces presidente boliviano Jaime Paz Zamora a Washington. En aquel momento, Bolivia buscaba fortalecer sus vínculos con Estados Unidos en un contexto internacional marcado por el fin de la Guerra Fría y nuevos escenarios de cooperación en la región.

Durante la reunión en la Casa Blanca con el presidente estadounidense George H. W. Bush, Paz Zamora decidió entregar un obsequio personal: un pequeño crucifijo de oro perteneciente a su familia. El gesto no fue solo protocolar, sino también simbólico.

Bush aceptó el regalo, pero respondió con una propuesta que terminaría convirtiéndose en una promesa histórica. Según los registros diplomáticos de la Casa Blanca, el mandatario estadounidense dejó por escrito una condición: el crucifijo sería devuelto si algún día uno de los hijos de Paz Zamora llegaba a convertirse en presidente de Bolivia.

En aquel encuentro también se encontraban presentes los hijos del mandatario boliviano, Jaime y Rodrigo, quienes observaban la escena sin imaginar que esa promesa volvería a cobrar sentido décadas después.

Durante años, el crucifijo permaneció guardado en los registros oficiales de obsequios diplomáticos en Estados Unidos, como una pieza asociada a aquella reunión bilateral de 1990.

Lo que parecía un gesto simbólico terminó convirtiéndose en una historia suspendida en el tiempo. En 2025, Rodrigo Paz Pereira, uno de los hijos de Jaime Paz Zamora, fue elegido presidente de Bolivia, cumpliendo así la condición establecida décadas atrás.

Con su llegada al poder, la antigua promesa volvió a cobrar vigencia.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, fue el encargado de devolver oficialmente el crucifijo durante un encuentro diplomático celebrado en Washington, en el marco de una agenda que incluyó reuniones regionales y espacios de diálogo entre ambos países.

El acto, aunque discreto, fue presentado por diplomáticos como un gesto cargado de simbolismo histórico y continuidad institucional.

Al recibir la pieza, el presidente Paz señaló que el crucifijo “regresa no sólo como un objeto histórico, sino como testigo silencioso de más de tres décadas de relación entre nuestros pueblos”.

Así, lo que comenzó como un intercambio protocolar entre mandatarios terminó convirtiéndose en una historia diplomática poco común, donde una promesa escrita a mano sobrevivió al paso del tiempo, a los cambios políticos y a toda una generación.

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