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24 de Jan de 2021

Nacional

Cien años sin agua potable

PANAMÁ. Cien años han pasado desde que se fundó el pequeño pueblo darienita llamado Punta Alegre, donde alguien creyó que todo sería al...

PANAMÁ. Cien años han pasado desde que se fundó el pequeño pueblo darienita llamado Punta Alegre, donde alguien creyó que todo sería alegría. Este lugar constituido por población afrodarienita —a sólo 8 kilómetros al suroeste de La Palma— de lejos semeja un paraíso rodeado de mar, aunque irónicamente sus generaciones no han conocido el agua limpia para lavar las esperanzas.

Incluso sus moradores dicen haberse acostumbrado a los microbios del agua que sacan de pozos secos y contaminados.

No es un aliciente, pero ellos mismos hacen comparaciones para dar a entender lo que soportan. A cualquier visitante un solo sorbo le causaría un fuerte dolor estomacal en dos horas, a ellos nada, excepto a los niños y ancianos que son más vulnerables.

Y es que pasar la mirada por esta comunidad reseca la vista, pues entre tantas necesidades, la falta de agua potable sale a flote.

Son cerca de 1,200 personas. Un pueblo en el que a pesar de todo es fácil entablar una amena conversación.

PRINCIPAL PREOCUPACIÓN

En el lugar hay mucho que denunciar, sin embargo la principal preocupación son los efectos en la salud por la carencia de agua potable.

A la primera pregunta, una lluvia de respuestas de desaprobación por el problema, algo que han puesto por encima de la falta de energía eléctrica, fundamental para conservar los productos de la actividad con que subsisten, la pesca.

Antonio Zúñiga, pescador desde hace más de 20 años describe la carencia del agua de manera simple. Asegura que viven secos. “No tenemos acueductos y dependemos de pequeños pozos para abastecernos. Hay muchas enfermedades por la falta de agua”.

Diariamente son muchos los residentes de Punta Alegre que se ven obligados a ir con sus niños al Hospital de La Palma con cuadros de diarreas, vómitos y fiebre alta.

COMUNIDAD MOLESTA

Berta Alicia de Zúñiga, es actualmente la representante de la comunidad. Ella dice haber enfrentando las dos caras del problema, es decir, la carencia del agua y las constantes quejas de los moradores por la situación que sufrían día y noche.

Dice que la población se siente bastante molesta, porque desde el 2006 a través del Programa de Desarrollo Comunitario para Infraestructura Pública (PRODEC) solicitaron un acueducto. Hasta la fecha las autoridades de Salud no han dado respuesta.

“Yo tengo veinte años de residir en este sector, actualmente nos abastecemos con agua de un pozo que da agua a toda la comunidad, a veces sólo agarramos tres cubos de agua por casa y la calidad del líquido no es adecuada ni para los niños ni para los adultos. Hace algunos años se trató de instalar una turbina para que nos suministrara agua, pero era insuficiente y no funcionó”, explicó.

La representante sostiene que actualmente la misma forma parte de las “reliquias” que el pueblo conserva como un verdadero monumento a la desidia.

Viendo esta situación, Berta Alicia de Zúñiga se tomó la molestia con una organización del área para traer a una persona que se dedica a hacer pozos perforados. “Pero la construcción del acueducto no ha avanzado, parece que el Ministerio de Salud no le ha puesto importancia al tema”.

ENEMIGOS QUE ACORRALAN

Adultos atentos, cariñosos en sus faenas diarias, lavando, cargando agua o arreglando sus barcos y redes para iniciar una nueva jornada de trabajo. Es un panorama en el que también corren inocentes niños sonrientes —alejados de toda malicia—. En ellos, es fácil ver las costras de infecciones sufridas en la piel, tan visibles como las mejillas salpicadas con arena, sudor y restos de frutas.

¿Pero quién atiende sus enfermedades en casos de rutina y porqué no, urgentes? A pesar de la demanda de atención que existe en esta región, solo cuentan con un centro de salud que es atendido por una asistente.

Según María Hurtado, una residente del lugar, afirma que la joven tiene toda la disposición de brindar la mejor atención, solamente que se ve limitada porque no hay recursos, ni la cantidad suficiente de insumos y medicinas que se requiere.

Esta situación obliga a que en Punta Alegre, cuando sufren de alguna enfermedad estomacal o cualquier índole, se opte por los remedios caseros, o en el peor de los casos, ir rápido al hospital de La Palma.