26 de Feb de 2020

Nacional

El periodismo sin futuro, envejecería

E año 2004 Josefina Licitra recibió el Premio Latinoamericano de Prensa que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, consist...

E año 2004 Josefina Licitra recibió el Premio Latinoamericano de Prensa que otorga la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, consistente en una escultura maciza y 25.000 dólares, por una crónica excepcional entrevistando a una quinceañera embarazada, líder de una banda de secuestradores, con un largo historial, cuando era buscada por la mitad de la policía argentina. Josefina resume así su hoja de vida: “Tengo 33 años y nací en la ciudad de La Plata, a poco más de cincuenta kilómetros de Buenos Aires (Argentina). Empecé a trabajar a los 19 años, cuando un docente de la escuela de periodismo donde estudiaba (llamada TEA: taller escuela agencia), me llevó a trabajar consigo al diario Clarín. Desde entonces, colaboré con casi todos los medios argentinos (diarios y revistas). Actualmente soy redactora especial de Crítica de la Argentina, un diario con un poco más de un año en el mercado, fundado por el periodista Jorge Lanata. Además, en el (poco) tiempo libre que tengo, escribo para Etiqueta Negra (Perú) y Soho (Colombia). Y estoy trabajando en un segundo libro de crónicas (del que todavía prefiero no adelantar nada)”. Esta joven periodista forma parte del jurado del XIII Premio Nacional de Periodismo convocado por el Fórum de Periodistas por las Libertades de Expresión e Información en Panamá. La Estrella logró entrevistarla y mirar sus reflexiones acerca de la edad, la experiencia y sus roles en el periodismo, además de los vínculos entre política y el oficio, al que asegura hay que ponerle empeño si se quiere destacar. Josefina, contestó de inmediato a nuestro cuestionario en un lenguaje simple, pero a la vez profundo. Con el tono de los frescos de los reporteros jóvenes y la pausa de la experiencia.

¿QUÉ ES, QUÉ SIGNIFICA EL PERIODISMO PARA JOSEFINA LICITRA?

Me cuesta dar una definición mayúscula sobre el periodismo. No creo que sirva, salvo casos aislados, para cambiar el estado de cosas, o facilitar la concreción de utopías como la equidad, la transparencia o la justicia social. En mi caso, el periodismo es algo más pequeño y más fundamental: es la mejor herramienta de autoconocimiento que encontré. Cuánto más sé de los otros, de sus vidas, sus pánicos, sus oscuridades, sus formas de felicidad, más sé de mí. Creo que la mayor incógnita que despeja un periodista cuando ejerce su oficio tiene que ver consigo mismo.

¿CUÁNDO EMPEZASTE A ESTUDIAR PERIODISMO PENSASTE QUE TE IBAS A HACER FAMOSA?

Lo primero es una corrección: no soy famosa. Lo segundo es una anécdota. Cuando empecé a estudiar, a los diecisiete años, un docente sacó un encendedor de su bolsillo y nos encargó un trabajo a todos los alumnos: había que describir ese encendedor al detalle. El texto, por ser el primero de la carrera, era anónimo. Cuando terminó la hora –y el plazo- yo entregué una suerte de pieza literario-introspectiva sobre el encendedor de marras. Estaba convencida de que iba a sorprender a mi maestro. A la semana siguiente, con los trabajos ya corregidos, el docente tomó mi texto en alto, leyó algunos tramos y dijo: “Esto es CACA”. Desde entonces, nunca tuve grandes expectativas sobre mi oficio.

¿AHORA QUE EMPEZASTE CON LOS LIBROS, DEJARÁS EL PERIODISMO, LA CRÓNICA, EL REPORTAJE?

No me interesan los escalafones formales. No creo que los reportajes cortos sean menos ambiciosos que un libro. He leído libros malos y reportajes brillantes, y al revés también. Por ende, jamás se me ocurriría dejar las crónicas cortas. Cada historia lleva, adentro, una suerte de código personalísimo con un tiempo y una extensión. La clave, lo difícil, es saber verlo, identificar qué relato necesita un libro para estar completo y qué relato puede brillar y cerrarse sobre sí mismo en apenas treinta mil caracteres. Más que por escribir libros, los periodistas deberíamos preocuparnos por darle a cada historia el espacio que la ilumina mejor.

¿CÓMO VES EL PERIODISMO JOVEN EN LATINOAMÉRICA? ¿TIENE FUTURO?

Sí, claro. Si no tuviera futuro, el periodismo envejecería. Y espero que a nadie le interese que eso suceda. En general, las camadas más jóvenes suelen llegar a cualquier oficio o profesión con unos bríos, un entusiasmo, unas fuerzas y un hambre que son conmovedores y envidiables. La clave, en todo caso, no está tanto en la edad como en saber mantener la soberbia a raya: la prepotencia es un problema en todos los periodistas, no sólo en los jóvenes, y a veces puede obturar la capacidad de mirar. En tanto la mirada se mantenga limpia, relativamente humilde, creo que hay grandes posibilidades de hacer buen periodismo, no importa la edad.

¿EL PERIODISTA JOVEN NECESITA MÁS APOYO DE SU ENTORNO QUE EL VETERANO?¿DEBE HACERSE SOLO PARA ALCANZAR LA EXCELENCIA?

No creo que la formación periodística deba ser un “devenir épico” donde el periodista la emprende en solitario contra todas las dificultades del oficio. Para cualquier periodista, joven o veterano, es importante saber pedir y recibir ayuda. Y bienvenida esa ayuda si llega. Claro que los jóvenes necesitan más apoyo, pero considero fundamental y formativo el hecho de que puedan pedirlo.

¿CUÁLES HAN SIDO TUS MAYORES DIFICULTADES PARA LLEGAR A SER PERIODISTA DE VERDAD?

La falta de paciencia. La comodidad. El buen reporteo exige importantes desplazamientos en tiempo y espacio. Hay que saber esperar, insistir, volver. Hay que levantarse de la silla y buscar los ojos, la mirada del entrevistado, donde sea que esté. Y para la gente como yo, que preferiría estar tirada, escribiendo, leyendo y tomando mate en un sillón, ese es un gran desafío.

¿DESDE CUÁNDO LO ERES?

Soy periodista desde que empecé a hacerme preguntas incómodas, y no recuerdo cuándo fue eso.

¿CÓMO VES EL DESARROLLO DEL PERIODISMO POLÍTICO EN LATINOAMÉRICA?

Todo.. todo periodismo es político. Y eso es clave para entender que se puede hablar de política sin hablar inevitablemente de partidos. El estatus quo de una sociedad, la idiosincrasia, las idioteces, las normas, las arbitrariedades viven en cada uno de nosotros. Una historia de vida bien contada es también la historia absolutamente política de un país.