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12 de May de 2021

Nacional

Una protesta con música y teatro

PANAMÁ. A la vista de todos les falta fuerzas. Las víctimas del envenenamiento masivo con dietilenglicol que se manifestaron ayer en e...

PANAMÁ. A la vista de todos les falta fuerzas. Las víctimas del envenenamiento masivo con dietilenglicol que se manifestaron ayer en el Parque Catedral son pacientes que aún recienten el paso del veneno por sus cuerpos. “A mí me quemaron toda la garganta y no siento la diferencia entre el azúcar y la sal”, dice Juana Joseph, una víctima del jarabe que participa por primera vez de una protesta.

Desde las dos de la tarde, pacientes y familiares esperaron sentados en los muros. “Estamos acostumbrados a ver morir a los compañeros”, señalaba Felícita Navarro, de Arraiján, quien se sostenía del brazo de su hermano. También los observaron las unidades del Servicio de Protección Institucional (SPI) que aguardan detrás de la muralla metálica.

A las tres de la tarde llegaron ataúdes, velas, retratos, pancartas, cruces, bocinas y demás materiales para una protesta de despedida al presidente Martín Torrijos, convocada por el Comité de Familiares y pacientes por el Derecho a la Salud y a la Vida.

Este grupo viene realizando protestas en contra del Estado desde hace 32 meses, y según ellos, el jarabe ha causado la muerte de 760 personas y hay unos 300 sobrevivientes en los tres últimos años.

Para Felícita eso —el jarabe— fue algo horrible, aún recuerda las noches en la sala improvisada en la Caja de Seguro Social (CSS) donde morían sus compañeros sin que nadie les diera respuesta. A ella, su madre, le llevaba agua de pepino para que calmara la sed.

Unas setenta personas se formaron en círculos, sosteniendo velas y pancartas, a la espera de la bendición religiosa a cargo del sacerdote Conrado Sanjur. “Y de la paliza ¿trajeron fotos?” pregunta una señora, cuando aún acomodaban los materiales.

Luego, para subirle el tono a la tarde, ensayaron los versos del tamborito que escribieron para la misión: “nos quitó la vida, Martín ya se va, se va lleno de plata, y ojalá no vuelva más”.

El programa continuó con las palabras de dirigentes de las provincias como Arcadio Arosemena, quien recordó que ellos no quieren plata, solicitan que el gobierno cumpla con el tratamiento que requieren los pacientes. “Hemos venido porque no podemos seguir esperando, no hay medicamentos, los enfermos tienen que comprarlos”.

La protesta cambió de ánimo con la parodia de la muerte. Se abrió un ataúd y alguien se acomodó en él. En este pasaje se había acordado un llanto falso, pero las lágrimas afloraron en el rostro de las tres mujeres que tenían esta actuación. “Todavía les duele”, gritó alguien de la cerca humana.

Antes de retirarse del lugar mostraron una última carta: un compromiso en papel del presidente Martinelli.