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04 de Apr de 2020

Nacional

Una bonanza ‘fantasma’

COLÓN. Con un aporte al Producto Interno Bruto (PIB) de 14%, la provincia de Colón debería ser la consentida del país. Contrario a eso...

COLÓN. Con un aporte al Producto Interno Bruto (PIB) de 14%, la provincia de Colón debería ser la consentida del país. Contrario a eso, son muy pocos los proyectos destinados al desarrollo de esta provincia, en los últimos años, lo que ha provocado una acumulación de carencias y problemas que van desde la falta de agua potable hasta un alto índice de desempleo (10. 4%).

Basta con entrar a Colón para percibir que la actividad económica de esta región es fuerte. Pero, a pesar de contar con puertos que mueve millones de dólares al año, un ferrocarril que transporta carga y pasajeros y un comercio creciente, en esa provincia, todos los caminos conducen a la Zona Libre.

Unos 140 mil compradores internacionales llegan cada año a la Zona Libre de Colón, principalmente de Sur y Centroamérica.

Esta zona franca por sí sola aporta 7.4% al PIB. (Ver gráfica). En números reales, la ZLC contribuye con unos 600 millones de dólares anuales a la economía panameña, entre consumo de energía eléctrica, alquiler de autos, hospedaje de los visitantes, entre otros. Lo anterior se suma a 73 millones de dólares que desembolsa al Estado anualmente en impuestos, y otros 40 millones de dólares en concepto de arrendamientos y avisos de operaciones. Además, la entidad asigna 1.5 millones de dólares anuales para financiar obras de interés social.

Pero es aquí donde viene la disparidad. Dentro del presupuesto del Estado es muy poco lo que se destina a proyectos específicos para Colón. Y lo peor, es que si no lo hicieron antes, la nueva realidad de sus principal motor económico, la ZLC, deja ver que los colonenses deben llenarse de paciencia.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

Antes, hablar de la Zona Libre de Colón (ZLC) era sinónimo de dinero y de bonanza, pero la que es conocida como la entidad más representativa de Colón, actualmente no pasa por su mejor momento.

Los últimos meses de cada año siempre han sido los de mayor movimiento comercial, pero en 2009 lo que impera es la preocupación por parte de trabajadores y empresarios. Las cosas no pintan bien y cuando esto ocurre las primeras víctimas son los obreros.

La razón: la zona franca ha sido afectada en el último año por la crisis financiera internacional y por decisiones comerciales que han tomado los gobiernos de Colombia y Ecuador.

Fue una tras otra. Primero, fueron las restricciones impuestas por Colombia a la mercancía proveniente de esta zona franca, luego llegó la crisis financiera internacional que frenó las exportaciones y el comercio, aunado al daño que provocaron las medidas restrictivas de Ecuador, y por último, los nuevos impuestos aplicados por la administración Martinelli.

Las restricciones de Colombia han provocado que los empresarios hayan dejado de vender unos 400 millones de dólares, mientras que el comercio con Ecuador ha caído un 26%, en los últimos meses.

Como consecuencia directa se han perdido unos mil empleos y la actividad comercial ha decrecido pasando de un 18.9% en 2008 a un 6% estimado para 2009.

Los últimos impuestos aplicados a la ZLC se hicieron en 1995. En esa oportunidad el 1% de las empresas abandonaron el país y se perdieron el 9% de los empleos.

Esta zona franca cuenta con una extensión de 900 hectáreas donde operan 2,800 empresas y se generan 28 mil puestos de trabajo directos. De ellos, el 80% reside en la provincia de Colón, según fuentes oficiales.

A pesar del difícil panorama, el administrador de la ZLC, Leopoldo Benedetti, considera que “todo está normal” y que se continuarán con los estudios para garantizar que los nuevos impuestos no afecten la competitividad de la zona franca.

Sólo con los nuevos impuestos aplicados a la ZLC el gobierno intenta recaudar 100 millones de dólares por año.

GOLPE A LAS MÁS CHICAS

Como en todo los ajustes, siempre hay los que sufren menos y los que sufren más. En este caso, Benedetti reconoce que las empresas pequeñas serían las más afectadas y las que podrían optar por reducir personal para mantener sus niveles de ganancias “lo que haría un daño social a la ciudad”.

El administrador es un conocedor de la realidad de Colón. En los últimos años ha ocupado diversos cargos en esta provincia, incluyendo alcalde, gobernador y diputado, pero le tocó llegar a la Zona Libre en un momento difícil.

Para el presidente del Colegio de Economistas y ex director de Finanzas de la ZLC, Raúl Moreira, la situación es más difícil de lo que las autoridades señalan y sostiene que el movimiento comercial “es lento”.

Moreira advierte que si dentro de dos meses las ventas no mejoran “la situación se pondrá fea”.

De acuerdo con el economista, la Zona Libre de Colón ha sido la más afectada por los efectos de la crisis financiera global, pero paradójicamente es a la que más impuesto le ha aplicado el nuevo gobierno, algo que, según dijo, “no es fácil de entender”.

La Estrella pudo conversar con varios empresarios de la zona franca, quienes prefirieron mantener su nombre en reserva, pero todos coincidieron en que la situación “es preocupante” y no descartan que algunas pequeñas empresas dejen de operar.

Y es que con los nuevos ajustes, los más chicos tendrán que pagar igual que las grandes empresas, luego de los últimos acuerdos pactados entre el gobierno y la Asociación de Usuarios.

Algunos de los entrevistados dan por descontado que a partir del próximo año, “varias pequeñas empresas tendrán que abandonar la Zona Libre”.

Pero las afectaciones no sólo se quedan entre las paredes de ZLC. Unos 500 buhoneros colonenses se consideran afectados por las medidas que se han tomado en las últimas semanas.

El presidente del Sindicato de Buhoneros, Dario St. Justin, sostiene que esta actividad informal está en peligro, lo que agravará los altos niveles de desempleo. La medida de prohibir la venta al detal impide que ellos puedan obtener mercancías a un mejor precio. St. Justin dijo que la década del 90 los buhoneros colonenses obtuvieron permisos de las autoridades para comprar mercancías en pequeñas cantidades, “algo que ya no se puede hacer”.

St. Justin calificó la medida como un golpe bajo del gobierno, porque, según dijo, se están tomando decisiones sin tomar en cuenta a quienes se afectan.

Carlos Pérez, es un vendedor internacional con más de 15 años de experiencia. Ha trabajado para varias empresas en la zona franca y viaja con mucha frecuencia en busca de clientes. Pero según dijo las cosas ya no son como antes, la demanda internacional ha mermado y los nuevos impuestos cayeron en el peor momento.

Unas horas en Colón y varias conversaciones con las autoridades y los que participan de las actividades comerciales, fueron suficientes para saber que si la realidad de Colón es difícil, el futuro se pinta aún más complicado. Ahora, sólo queda esperar tiempos mejores.