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09 de Apr de 2020

Nacional

Bomba de tiempo en Bocas del Toro

La herencia que dejó Martín Torrijos a Ricardo Martinelli, incluye una bomba de tiempo en Bocas del Toro. Dos semanas antes de abandonar...

La herencia que dejó Martín Torrijos a Ricardo Martinelli, incluye una bomba de tiempo en Bocas del Toro. Dos semanas antes de abandonar el poder, la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) de Martín, adjudicó una concesión a la empresa Hidroecológica del Teribe, cuyo dueño es la Empresa Pública de Medallín, Colombia, para hacer una represa en la Quebrada Bonyic, en territorio de los indígenas Naso. Martinelli les ha pedido esperar.

El proyecto en sí no es malo. Generará energía “verde” en un lugar poco poblado. Sin embargo, a pesar de que su propio estudio preliminar especifica “lo delicado de continuar con el proyecto, si antes no existe un excelente entendimiento con el pueblo”, la empresa, con la complicidad del gobierno de Martín, ha dividido la comunidad Naso, enajenando gran parte de ella. Los nasos suman unos 3,800, en 11 comunidades a lo largo de los ríos Teribe y San San. Viven en contacto íntimo con la naturaleza y con la obligación sagrada de preservarla. Lo que me impresionó cuando visité su tierra es la inseguridad que tienen por su modo de vivir. Para la gran mayoría de ellos, el proyecto hidroeléctrico es una calamidad.

El único bien que ofrecía era la posibilidad de trocar la aceptación de ello para una comarca Naso. La empresa, con el apoyo del gobierno, encontró la forma más fácil de convertir al Rey Tito Santana, en promotor del proyecto. El hizo el convenio que quería la empresa sin consultar con el consejo. Con eso, el presidente del consejo convocó una asamblea que derrocó al Rey Tito y eligió a su tío Valentín. El gobierno persistió en reconocer a Tito. El resultado era dos reyes a medias, uno reconocido por la mayoría del pueblo y el otro reconocido por el gobierno y la empresa.

Tito Santana me habló de los beneficios del convenio que suscribió con la empresa. Mencionó, junto a escuelas y puestos de salud, cosas como puentes y carreteras que muchos nasos cualificarían como males. Me aseguró que,“ la hidroeléctrica, nunca vino aquí imponiendo.”

En Bonyic vi lo que a los lugareños, y a mí también parecía una imposición. Ellos rehusaron vender servidumbre para una carretera de acceso, y en marzo de este año vino la empresa con maquinaria pesada y, sin el permiso de nadie, con igual desprecio para la ANAM y los indígenas, cambió el cauce del Teribe, dejando una playa de piedras de 20 metros de anchura y causando una gran mortandad de peces. Las piedras se veían obviamente feas, pero al principio no entendí el horror que los peces muertos inspiraron en los nasos con quien conversé.

Luego me di cuenta que, para ellos, los peces constituyen una riqueza sagrada que es sacrilegio derrocha, como el dinero entre nosotros. ¡Imaginas la reacción de los oficiales de la empresa si unos indígenas forzaron la caja fuerte de su oficina y quemaron el efectivo que allí encontraron!

Otra imposición ocurrió en mayo, cuando los aldeanos hicieron una huelga contra la carretera. La empresa, que tiene un contrato con la Policía Nacional, llevó 50 unidades a Bonyic. Pasaron varias noches en tiroteo, un operativo de guerra sicológica montado por colombianos con fuerzas armadas panameñas. Como los nasos no se dejaron intimidar, se llevaron presos a una decena, incluyendo ancianos y menores de edad.

El gobierno de Martinelli parece haber rechazado las manipulaciones de su antecesor. La ANAM está investigando el cambiar del cauce del Teribe, y el Director Nacional de Política Indigenista ha dado una entrevista a La Estrella , que señala no solo las buenas intenciones sino pasos prácticos para resolver uno de los problemas más serios del pueblo Naso. Hay esperanza, entonces, salvar el proyecto hidroelétrico sin una explosión. El primer paso será ayudar a los Nasos a sanear la división que el proyecto les ha causado.

La dignidad de los nasos es impresionante. A pesar de sus dificultades, se sienten pueblo soberano. En exigir respeto para su territorio y su cultura me recuerda la actitud del pueblo panameño frente a los Estados Unidos cuando vine a Panamá hace 52 años. Tal actitud merece justicia.