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18 de Apr de 2021

Nacional

Un largo viaje a caballo para llegar a Panamá Viejo

¿quest; Cómo se hace hoy para llegar a Panamá Viejo desde el Casco Antiguo? Fácil: Avenida Balboa, Centenario, dejando atrás Coco del Ma...

¿quest; Cómo se hace hoy para llegar a Panamá Viejo desde el Casco Antiguo? Fácil: Avenida Balboa, Centenario, dejando atrás Coco del Mar y listo. En 1880 no era tan sencillo. Era requerido un ‘largo viaje’ a caballo, sorteando malezas y garrapatas. Todo esto fue narrado por quien vivió ambas experiencias, como corresponsal extranjero en Panamá.

Nos ha parecido de interés, reproducir las impresiones que el autor expresa cuando visitó las ruinas de ‘Panamá La Vieja’. Citamos un extracto: ‘Panamá la Vieja es uno de los sitios más interesantes para los que conocen algo de la historia de los primeros conquistadores españoles. Las ruinas de la ciudad se encuentran a unas cuatro millas y media al sudeste del Panamá moderno y la única señal que ven los capitanes de los barcos cuando llegan a la bahía es la vieja torre de la Catedral de San Anastasio. Es difícil visitarla; durante la estación seca significa un largo viaje a caballo por la pradera para atravesar luego un bosque denso, entre la selva tropical. Probablemente uno se llene de garrapatas, lo que no resulta nada agradable; (…)Con el tiempo se construyó Panamá la Vieja con el ambiente del lujo y ostentación que hoy no existe en los confines de la civilización moderna. (…) Muchas de las casas eran de piedra y aún quedan señales de sus fundaciones, y en algunas partes, hasta de sus paredes laterales; pero la mayoría de sus habitantes construían con cedro; una madera muy gruesa, dura y aromática. Entre los miles de edificios sobresalían las iglesias, no menos de ocho monasterios y un magnífico hospital. Estos y aquellos poseían grandes riquezas por la regla de que la iglesia siempre es primero y España después. Los atavíos, las ropas de los altares, las joyas y los adornos, eran tan fabulosas que su fama se regó por todo el mundo. Tal lujo resultó el mejor acicate para los bucaneros que destruyeron la ciudad con más de dos mil casas de apariencia majestuosa y habitadas por oficiales del rey y la nobleza; adornadas con cuadros, cortinajes de seda y todo lo que el gusto más exigente pudiere desear. (…) La linda pradera (…) la formaban campos fértiles y paseos magníficos. La vida de la clase acomodada era de ensueño, de lujo sensual y todo lo que tocaban parecía que se les convertía en oro, mientras los desafortunados istmeños eran sus esclavos. Las islas de Golfo ofrecían magníficas perlas y las minas del Darién, riquezas incalculables. Cuando uno se sienta entre las ruinas en el corazón de un bosque denso, casi parece mentira que fuera el sitio de tanto boato y magnificencia. La naturaleza con sus manos pródigas hizo lo mejor al enterrar sus ruinas en un denso follaje y hasta las paredes de los pocos edificios que quedan están revestidas de enredaderas tropicales y en sus partes superiores crecen árboles pequeños. Estas hileras de verdor, las asemeja a un bosque que produce un efecto muy peculiar. (…) Es un placer contemplar las ruinas de la vieja Catedral de San Anastasio que aún permanecen en buen estado. (…) Tuve mucha suerte en poder visitar a Panamá la Vieja cuatro veces. La torre de San Anastasio es su único centinela. Muchos de los sucesos de aquel tiempo parecen ser desconocidos, hasta para las personas bien informadas, y a pesar de todo, su historia proporciona un gran placer’.