15 de Ago de 2022

Nacional

Conjuras desde el exilio

Un rejuego de conspiraciones, desconfianzas y traiciones flanqueó el ambiente de las reuniones que --desde el exilio-- impulsaban fuerza...

Un rejuego de conspiraciones, desconfianzas y traiciones flanqueó el ambiente de las reuniones que --desde el exilio-- impulsaban fuerzas unidas por una causa común: derrocar a la dictadura.

Sanjur no olvida los apartamentos del 5600 Chimney Rock en Houston, Texas. Allí se concitaron reuniones para fraguar planes enderezados hacia el propósito enunciado. Era un sitio apacible y cómodo, para conversar sin sobresaltos. Cuenta Sanjur que a esta reunión fue invitado un grupo de ex-militares. Coincidieron allí Fred Boyd, Luis Nenzen, Abraham Crócamo, y Peter Mossack (quien viajó desde Alemania dispuesto a jugarse el todo por el todo por Panamá). Tampoco olvida Sanjur la deuda de gratitud hacia este conspirador de origen alemán, por ser el promotor de la evasión de la Cárcel Modelo.

Pero no todo fue concordia. Algunos del grupo repelieron la presencia de ‘Rudy’ Vallarino, cuando fueron enterados de sus antecedentes. Al saber sobre sus vínculos con la CIA, diezmaron su entusiasmo en participar. No había confianza. Silvera tampoco fue invitado jamás, porque, desde un principio, y ya en exilio, repuso que no se contara con él. Decía saber que Torrijos estaba esperándolos armado hasta los dientes.

El anfitrión en Houston, era Fred Rodell. El fue Cónsul de Panamá en esa ciudad durante el efímero tiempo de la administración de Arias.

Superados algunos desacuerdos iniciales, el grupo se afanó por concretar proyectos. El plan que ellos habían trazado consistía en el empleo de un grupo de mercenarios europeos disfrazados de frailes, al cual acompañarían los panameños con una escala técnica en el Aeropuerto Internacional de Tocumen. Allí se tomarían por asalto la terminal aérea y el cuartel. Se cancelarían los vuelos y se declararía el área ‘tierra libre’, para iniciar desde allí, una revuelta masiva con la llegada de Arnulfo Arias al lugar.

Pero no hay baile sin música. El hombre quien supuestamente debía coordinar todos los planes en Europa y quien tenía los dineros, no aparecía. Por ello se postergó el plan y el grupo se fue diluyendo. El grupo se desintegró como pompa de jabón en el aire. Con el tiempo, eso sí, se fue sabiendo qué sobre el paradero de cada uno. Por ejemplo, uno que siguió en guerra parece haber sido Abraham Crócamo. Un día fue noticia cuando lo detuvieron en la Zona del Canal, acusado por Panamá de haber cometido el asalto a un banco local. Los agentes de inteligencia panameña, indicaron a la Policía de la Zona en dónde se encontraba y los gringos privaron su libertad, para evitar que siguiera utilizando la Zona como el estribo de actividades en contra del régimen.

De las reuniones conspirativas, Sanjur también conserva recuerdos amargos. Por ejemplo, narra que uno de los compañeros de conspiración, Nenzen, ‘saltó la cerca’, pasándose al lado de la dictadura. Esto lo llevó a convertirse en informante, porque se le prometió el cargo de agregado militar en Venezuela, donde vivía su padre. Nenzen regresó a Houston, tomó fotografías del lugar y del local de Fred Redel, y, con las últimas informaciones acopiadas, viajó a Panamá. No pudo prever lo que le esperaba. Dice Sanjur que se cuenta que al llegar a Panamá, en lugar de cumplirle lo prometido, Nenzen fue arrestado, torturado salvajemente y enviado a la isla Penal de Coiba. Allí fue tirado al olvido en aislamiento e incomunicación. A Sanjur le fue referido que cuando fue llevado ante el tirano, se vio obligado a pedirle perdón de rodillas, antes de emprender un viaje de regreso a Coiba y ser encerrado nuevamente en su celda solitaria en el bosque. Allí carecía de facilidades sanitarias para hacer sus necesidades íntimas y de allí testimonian que: ‘el hombre estuvo trastornado por un buen tiempo, hablando solo y jugando con su propia porquería’, rememora Sanjur.

Posteriormente, Nenzen fue enviado al Perú sin un centavo en el bolsillo, pero logró viajar a Venezuela, donde sin miramientos, tocó puertas para ganarse un jornal y consiguió trabajo. Sanjur supo que volvió a contraer matrimonio y a rehacer su vida.