19 de Ago de 2022

Nacional

Custodio del Santísimo

COCLÉ. En cada Semana Santa, son muchos los que hacen un retorno espiritual al recorrido de sufrimiento de un hombre que antepuso su vid...

COCLÉ. En cada Semana Santa, son muchos los que hacen un retorno espiritual al recorrido de sufrimiento de un hombre que antepuso su vida por los demás, al escarnio más cruel y brutal que un ser humano haya recibido de sus semejantes, por solo profesar ideas y creencias diferentes a los dominantes encumbrados en el poder terrenal y religioso, hace más de dos mil años.

Han transcurrido siglos, han caído imperios, reyes, príncipes, emperadores, generales, ejércitos, líderes de toda naturaleza, multimillonarios, pero nunca un hombre tan humilde, pobre y sin riquezas, con solo su túnica, sin educación, ha influido tanto en la humanidad como, Jesús, el Nazareno.

ADORACION DEL PELÍCANO

Quizás para las nuevas generaciones es poco conocida la imagen de un ave de madera, de origen colonial que para el Jueves Santo era colocada en la nave izquierda de la catedral de Penonomé, cuando se instituía la santa eucaristía. La misa de adoración del ‘santísimo’, rodeado de flores, candelabros y sobre una escalinata con un pliego de alfombra.

El ‘pájaro’, de gran tamaño, era un ‘pelícano’ apostado de frente, con las alas sin levantar.

Tenía en su pecho una cavidad que contenía la sagrada ostia como representación del cuerpo de Jesucristo sacrificado.

Y es que la Iglesia católica lo adoptó en el tiempo como la forma de representar el cuerpo de Cristo, su dolor o sufrimiento por el amor a la humanidad.

Los estudiosos explican que el ‘pelícano’ en su hábitat natural se pica las entrañas para dar de comer a sus polluelos.

Durante años, se tomó el pelícano como un sagrario, pero según los relatos de sacerdotes, este acto de adoración fue abolido por el supuesto de que la gente se arrodillaba frente al pájaro, pero no valoraban el simbolismo del santísimo sacramento que estaba en las entrañas del animal.

Por ello fue trasladado este monumento, pasando a convertirse en figura de museo, mientras en su reemplazo se resguarda la ostia consagrada como se organiza en nuestros días.

El Pelícano de Penonomé, se encuentra en el Museo en San Antonio, en la sala de arte religioso y pertenece al período colonial, como una de las piezas más antiguas (250 años, según historiadores).

EXPOSICIÓN

En el marco de los 430 años de fundación de la ciudad de Penonomé, el próximo 30 de abril se dará apertura especial a la exposición de varias restauraciones científicas de algunas imágenes religiosas por parte del arqueólogo Alejandro Álvarez, dando pie la lo que se denomina ‘Moviendo 300 años de la Iglesia San Juan Bautista de Penonomé’.

Allí se podrá admirar el colonial pelícano, cuyos detalles se estarán dando a conocer. La sala religiosa estará abierta al público gratuitamente durante 30 días.

LAS TRADICIONES

Ese sacrificio salvador es representado para esta época con diversas expresiones de la feligresía, pero conservando la esencia del contenido de esa entrega.

Una forma de reafirmar la fe, la renovación del camino correcto como el permanente llamado a la conciliación sincera y al perdón.

En Penonomé —una ciudad que se precia de profundas convicciones religiosas— la tradición por repetir año tras año escenas representativas de la Pasión de Cristo, vienen dadas de antaño.

Algunos pasos han variado, como también sus protagonistas, pero la vocación para efectuarlos es inagotable. Se va de generación en generación.