22 de Feb de 2020

Nacional

Lluvia, desborde de ríos y el azote de los relegados

Cada octubre la misma postal: con el agua al cuello, aguantando la corriente prendidos a los techos de las casas, con bichos que se pren...

Cada octubre la misma postal: con el agua al cuello, aguantando la corriente prendidos a los techos de las casas, con bichos que se prenden en el pelo, la cara, las manos, mojados por una lluvia que no deja de caer y amenazados por un río que no para de crecer, cientos de panameños son corridos de sus viviendas, sus hogares, por la corriente.

La imagen puede registrarse, cada vez, como si fuese un click fotocopiado, en lugares como Sambú, Chepo, Darién, Colón, Pacora...

En este octubre la furia de las aguas golpeó al menos 470 viviendas en Sambú. 2,300 personas en el distrito de Chepigana. Casi todos indígenas, migrantes internos y afrodescendientes.

En este octubre la tragedia empezó el viernes 14. El primer revés lo sufrieron 400 habitantes de Puerto Indio. El impacto llegó luego a los indígenas, interioranos y afro de Sambú Latino: 460 personas inundadas. El aguacero siguió y alimentó a los ríos Jaqué y Pavarandó, que abofetearon a Biroquerá, Valle Alegré, La Peñita y otros caseríos. 774 personas. La secuencia se repitió los días siguientes hasta tocar otros centenares de vidas.

En el noviembre de 2010-2011 resultaron afectados más de 14 mil panameños, que dejaron luto y dolor en las regiones metropolitana y oriental del país.

¿Qué pasa? ¿El clima se indignó con los más pobres, relegados, desprotegidos?

‘Las lluvias se intensificaron por el cambio climático: hay más en menos tiempo’, dicen los especialistas en meteorología.

‘Más que todo, esto es producto de la tala de árboles a orillas de las cuencas’, apuntó Rolando Checa, del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), en diálogo con La Estrella.

Algunos repiten ‘el cambio climático, el cambio climático...’. Otros, con miradas menos programadas, apuntan algunos datos que llaman la atención: siempre se inundan los mismos, en zonas marginadas y olvidadas desde siempre.

¿Cuál es la explicación?

LAS CAUSAS

Raisa Bandfield, directora de la Fundación Panamá Sostenible, identifica como la causa principal al ‘cambio climático’ y el ‘incremento de la temperatura’.

Checa asume que los factores son compartidos entre causas naturales y del hombre, que ‘tienen la misma responsabilidad de lo que está pasando’. Aunque hay un dato innegable, dice, ‘está lloviendo más’.

En la línea de las causas u omisiones que acrecientan la vulnerabilidad, Bandfield marca que Darién ‘está teniendo un crecimiento constante, no planificado’. Y alerta sobre la obligación de los países en riesgo a tomar medidas de ‘adaptación y de mutilación’, como maquetar los modelos de construcción.

El informe ‘Panorama de la tendencia de la gestión del riesgo de desastre en Centroamérica’, del Centro del Agua del Trópico Húmedo para América Latina y El Caribe (CATHALAC), amplía: ‘La urbanización no planificada y el rápido y desordenado crecimiento de las ciudades tienen también impacto negativo en el medio ambiente y el equilibrio ecológico, debido a la densidad del uso de la tierra, la deforestación y la pérdida de cobertura del suelo, así como la contaminación’.

‘Centroamérica es la región del mundo más vulnerable al cambio climático’, se lee en el informe del Programa Estado de la Región, realizado por universidades de Costa Rica. Hay, sigue, una desvinculación entre ambiente y desarrollo que demuestra que el grado de prioridad que tiene este tema en los discursos y espacios institucionales y políticos, no se expresa en logros concretos y transformaciones en los patrones de explotación de la naturaleza. Gran parte de la deuda deviene de un uso energético descontrolado, ineficiente y contaminante, y de la apertura, poco planificada y regulada, de nuevas ventanas de riesgo para la integridad natural del territorio: crecimiento urbano expansivo, limitado control de las fuentes de contaminación del agua y de los residuos sólidos y líquidos, la afectación del suelo por actividades agrícolas tecnológicamente rezagadas, así como la apuesta por actividades de alto impacto ambiental como es el caso de la minería.

Lo peor es que, aunque suene redundante, la vulnerabilidad recae sobre la población más vulnerable: ‘Los desastres por fenómenos naturales, además de afectar principalmente a la población pobre urbana y rural, repercuten directamente en la sociedad marginada: mujeres, niños, ancianos, personas con discapacidades y excluidos’, afirma CATHALAC.

¿Qué hay que hacer o qué debería hacer el Estado?

NECESIDADES

Por contingencias pasadas, la vulnerabilidad de la región y el relevamiento de organismos internacionales asentados en Panamá, se deberían iniciar acciones para organizar a la comunidad (vulnerable). Eso es gestión de riesgo: instaurar una cultura de prevención y elaborar el plan de contingencia.

En palabras de Rogelio Muñoz, director del SISED: ‘El cambio climático avanza y nosotros tenemos que prepararnos’.

Y ‘prepararnos’ es, según los manuales, incorporar la variable riesgo en la planificación; que el riesgo no sea sólo un tema sino un elemento transversal al ser humano y al desarrollo; hallar mecanismos que permitan vincular el conocimiento académico con los saberes de la comunidad, aportar a una mirada interdisciplinaria sobre el problema, incluir el concepto de catástrofe a la agenda pública y política.

¿Hoy se hace? Checa dice que sí, claro, que Sinaproc siempre está pendiente de este tipo de eventos.

La gente lo desmiente: no hay capacitación ni charlas de concientización. Ellos hacen, cada vez, lo que les indica la experiencia y el instinto. Claro que llega ayuda con víveres y atención, pero una vez que el daño está hecho: no saben cómo anticiparse y mitigar ese dolor.