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19 de Jan de 2021

Nacional

Empresarias chorreranas denuncian abuso policial

PANAMÁ. El pasado 9 de marzo en La Chorrera, sobre la calle Bolívar, en la refresquería Expressate, los jóvenes que salían de sus colegi...

PANAMÁ. El pasado 9 de marzo en La Chorrera, sobre la calle Bolívar, en la refresquería Expressate, los jóvenes que salían de sus colegios esperaban como cada tarde entre bromas, besos robados y risas, sus helados, batidos y jugos, para pasar lo que ‘queda del día’ y volver a sus casas antes de que el sol se oculte. Eran las 5:30. La tarde estaba tranquila, la música de fondo se mezclaba con las conversaciones y como siempre ‘las tías’, como llaman los muchachos a Damaris y Marlin, dueñas de la refresquería, los atendían amablemente. Nadie imaginaba el abuso que experimentarían, estudiantes y propietarias, minutos después.

¿REPRESIÓN?

— Ustedes no pueden estar acá, esto es reunión—, dijo a los estudiantes uno de los 3 policías del grupo ciclista que irrumpió sin ninguna orden en Expressate. -Se me van o llamo a una patrulla para que los monte a todos-, concluyó el uniformado.

Según el testimonio de una habitante chorrerana, ‘los colegios le piden a los policías que saquen a los estudiantes uniformados de los café internet’. Los muchachos no hicieron caso porque ‘no estábamos haciendo nada malo y esto no es un café internet’, dice una. Entonces los uniformados entraron al local, cada vez un poco más, sin orden de allanamiento, bicicleta y todo, ‘empujándonos y hablándonos duro’, recuerda otra. Así, finalmente los policías lograron sacarlos. De cincuenta sólo quedaron seis, que decidieron partir por cuenta propia, dejando los pedidos sobre el mostrador y el desconcierto de Damaris y Marlin, tras la violencia de la acción.

¡RESISTENCIA!

Las ‘tías’ son trabajadoras y luchadoras, y conocen sus derechos. Damaris estudió finanzas y Marlin está a punto de graduarse como abogada. Hace un año las dos amigas decidieron montar la refresquería para independizarse y ofrecer una alternativa de ‘ocio y cultura sana a los chicos chorreranos, que la necesitan y la piden a gritos’, cuentan.

Por eso, ante lo que consideran ‘abuso a los jóvenes’, interpelaron a los guardias estableciendo un debate que ellos ni esperaban.

-Este local está legalmente establecido, no se vende licor ni se violentan las reglas ni las leyes, ¿por qué los muchachos no pueden estar aquí?-, preguntó Damaris.

-Estos no son ningunos angelitos y andan con el uniforme del colegio. Tienen que irse para sus casas-, respondió el uniformado.

- ¿Desde cuándo es delito tomarse un batido con el uniforme puesto?- continúo la ‘tía’. -Además, el toque de queda es a las 9:00. Son las 5:30 y éste es un local privado donde no tienes competencia, no puedes sacar a los muchachos a la fuerza-.

-Nosotros somos la autoridad y decimos que ellos no pueden estar aquí. Se van y punto-, concluyó el agente sin más ni más.

Sabiendo que allí no habría razonamiento posible, Marlin cambió de tema y les pidió que se identificaran.

-Somos la Policía Nacional y no tenemos que identificarnos. Usted tiene que obedecer y no seguir entorpeciendo la labor policial-, respondieron.

-Eso no es así-, dijo Marlin, -¿obedecer por qué? ¿Acaso hay alguna orden de desalojo o allanamiento? Están violando mis derechos fundamentales como ciudadana y propietaria.

Entonces, Damaris les exigió que salieran del local y buscaran delincuentes de verdad. ‘Que no afecten mi negocio ni la calma de mis clientes’. Así, dio por concluido el desafortunado encuentro, sin imaginar que le esperaba lo peor.

Los agentes se fueron. Pero no por mucho tiempo.

Ellas, pensando en las represalias, decidieron llamar a la Policía para denunciar. Mala jugada la de las chicas.

REPRESALIAS

La solución de Damaris y Marilin resultó peor que el problema. Un contingente de doce unidades de policías, con el teniente Moreno a la cabeza, llegó para controlar la situación. El teniente entró imponente: ‘me informan que están entorpeciendo la labor policial’.

¿Cuál labor policial? ¿Cuál es el delito? ¿Por qué doce hombres custodian dos mujeres que no tienen expedientes en su contra?

Cuando Marlin intentó razonar con el teniente y explicar su punto de vista, diciendo que estaba en la obligación de escucharla, él respondió: ‘A mí me entrenaron para matar, no para escuchar’. Marlin entendió el mensaje. Damaris también. Tenían rabia, pero estaban impotentes. En lugar de ‘protegernos, como dice el lema de la Policía, aumentaron el círculo de represión’, recuerdan las socias, que durante tres horas estuvieron retenidas, ‘casi secuestradas’, dentro del local, angustiadas y temerosas y sin ninguna justificación lógica. Solo les quedaba el abogado Raúl Ossa, exdiputado de la República, a quien esperaban ansiosas y quien también fue ultrajado en su intento de entrar al local.

Cuando Damaris y Marlin vieron a los guardas empujando a su abogado sacaron, la que pensaron, sería su carta de salvación:

-¿Sabe que tenemos cámaras de seguridad, teniente?-, le dijo Marlin a Moreno.

Él miró asombrado e ‘inmediatamente su comportamiento cambió’, recuerda Marlin.

Para la profesora Nelva Reyes, de Espacio de Encuentro de Mujeres, desde el principio la acción policial fue ilegal. Ellos pensaron que Damaris y Marlin ‘no se defenderían y dejarían que echaran a los muchachos, quedándose calladitas por miedo, por no pelear, como lo hace la mayoría de la población’. Pero al verlas fuertes y dignas, conocedoras de sus derechos, ‘se sintieron sin autoridad y tomaron represalias’.

Los refuerzos y el teniente ‘le cubrieron las espaldas, aumentando un círculo a la espiral de abuso, aún sabiendo que era una ilegalidad’, explica Nelva.

Finalmente, a las 9:30 de la noche, llegó el corregidor nocturno, Elvis Samudio, con una orden de allanamiento firmada como recibida a las 8:55. Los policías nunca registraron el lugar. En cambio, se llevaron a las mujeres a la estación. Allí, mientras esperaban de nuevo al abogado, que estaba hablando con el corregidor, Damaris fue llamada a un cuarto, obligada a desnudarse y a ponerse de cuclillas para una supuesta ‘revisión’, recuerda la ‘tía’ de Expressate, que en este punto de la historia no logra contener las lágrimas: ‘después de tanta lucha absurda, abuso de poder y de enfrentarme al poco raciocinio, estaba cansada. Ya no quería más’. Marlin se salvó de este último abuso porque cuando le tocaba el turno llegó el licenciado Ossa.

RESPUESTAS

Damaris y Marlin recibieron, después del abuso policial y la violación a sus derechos, una amonestación verbal de la corregiduría. Los policías no. Según testigos: ‘por una semana seguida policías pasaron frente a Expressate pitando’. ¿Qué quieren con eso? ¿Amenazarnos?, dicen ellas.