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29 de Sep de 2020

Nacional

Los otros, los niños bala

LOS INTERESES HAN CAMBIADO. ANTES, LA EDAD MÁS BAJA DE UN PANDILLERO ERA 16 AÑOS. ELLOS CREÍAN MÁS EN ‘AQUÍ SOMOS 30’, ‘SOMOS 40’. AHOR...

LOS INTERESES HAN CAMBIADO. ANTES, LA EDAD MÁS BAJA DE UN PANDILLERO ERA 16 AÑOS. ELLOS CREÍAN MÁS EN ‘AQUÍ SOMOS 30’, ‘SOMOS 40’. AHORA LES INTERESAN LOS NIÑOS DE 10 AÑOS Y CUALQUIERA AGARRA PORQUE SE PELEA Y SE HACE SU PROPIO EQUIPO. ‘ES COMO UN JUEGO’, EXPLICA EL SOCIÓLOGO GILBERTO TORO. ‘CON SEIS HAGO UNA PANDILLA, Y TODOS MENORES. ¿POR QUÉ? ELLOS SABEN QUE LA GENTE LES TIENE MIEDO. SABEN QUE QUEDAN IMPUNES, Y ESTO LES SIRVE COMO BLINDAJE. ASÍ RESULTAN MÁS PELIGROSOS QUE LOS ADULTOS, PORQUE NO MIDEN LAS CONSECUENCIAS’, CONCLUYE TORO.

Son los otros; los ‘niños bala’. Los que juegan a ser pandilleros hasta que se dan cuenta que lo son. Los que amenazan al portero que no les deja meter gol, los que sacan su mano-pistola y gesticulan igual que lo hacen sus padres para amenazar al director de la liga infantil de fútbol advirtiéndole ‘esto se te acabó’, ladeando la cabeza e inclinando el cuerpecito violentamente hacia adelante. Los que ya tienen las marcas del gueto, la sangre hervida y la jerga aprendida. A los que hay que cuidar como pequeñas piezas de arte prestadas porque si algo les pasa estás en problemas con su padre y con toda la banda. Para ellos, no es más que un juego de vida o muerte, como en las videoconsolas: si te asomas al borde de la calle ¡pam, pam!, disparas o estás muerto.

Antes, cuando los partidos se jugaban en la cancha de El Chorrillo se le apareció un niño a Álex. ‘Se me acerca y me dice que quiere jugar en la liga. Comenzó a tocar la bola y en la tocadera le metió una patada en el pecho a otro niño. Los compañeros se alertaron y me llamaron: ‘Mire, mire, están peleando’. Yo le dije: ‘hey, hey, hey, ¿por qué hace eso?’, pero cuando yo lo veo el niño tiene tatuado en el pecho una pistola, una calavera..., y tiene 12 añitos. Y con todo y eso, al que pateó era más grande, pero estaba con miedo a la reacción, porque sabe quién es el niño. Cuando le pregunto al resto me dicen ‘ese es pandillero’ y yo ¡áyala vida!’. El chico era de Curundú y se vino al Chorrillo porque por allá lo querían matar. ‘Yo le dije ‘si tú juegas aquí en mi liga tú no puedes venir aquí a tirar balas ni a hacerle ningún daño a los pelaos’, y él me dice ‘no, no, yo quiero cambiar, quiero jugar’, y así yo le dije ven la próxima semana que te voy a integrar. Yo le pedí la opinión al mayor de la policía para que me dé la seguridad de evitar que le pase algo y me dijo ‘no, no, déjalo jugar, dale la oportunidad, aquí es para que jueguen todos’’. El niño nunca fue a jugar la semana siguiente. A los tres días lo mataron.