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17 de Apr de 2021

Nacional

La pasión de Jesús y los medios

Jesús, nació, vivió, murió y resucitó hace veinte siglos, cuando los medios de comunicación no existían. Hoy día la maquinaria de este ...

Jesús, nació, vivió, murió y resucitó hace veinte siglos, cuando los medios de comunicación no existían. Hoy día la maquinaria de este recurso es impresionante: radio, televisión, Internet, carteleras electrónicas, correo directo, estadios para hacer eventos multitudinarios, y otros. ¿Por qué Dios no escogió este tiempo de medios de comunicación para hacer más efectivo su mensaje de salvación?.

Los Evangelios fueron una enseñanza verbal que tardó muchos años en ponerse por escrito. En aquellos tiempos los rollos que contenían el Antiguo Testamento eran de un costo exorbitante y el pueblo debía memorizar partes enteras de las sagradas escrituras. Esta guía permitió que el mensaje del Evangelio se transmitiera con Fe hasta el momento que se puso por escrito. En aquel momento sin los medios, ¿cómo podían acordarse de todo y de cada detalle de la vida de Jesús? Hoy día se cuenta con decenas de herramientas que dejan libre nuestra memoria. Ya no es necesario recordar muchas cosas porque siempre tenemos mecanismos para almacenar ésa y cualquier otra información.

Esto me recuerda la película de Mel Gibson, La Pasión de Cristo que me explica muchas cosas, hasta podría considerar en ciertos detalles concretos que no aparecen en los textos bíblicos. Si esta consideración, es así, ¿No hubiese sido mejor que Jesús videograbara la Ultima Cena? ¿No hubiese sido mejor ver en cadena de televisión el milagro de la multiplicación de los panes? ¿Se le hubiese concedido a Jesús el premio Nobel de la Paz o, se hubiese leído en grandes titulares “Jesús, el hombre del año”? La respuesta a todas estas interrogantes es, no. No, no sería mejor. Porque al no tener estos sistemas de difusión entonces se recurre a la Fe, a creer en Dios y, los textos sobre la Pasión, así como aparecen en los Evangelios nos hacen profundizar y meditar en ellos. Con un reportaje multimedia nos quedaríamos en la superficie, como nos ocurre con la mayoría de las noticias. En cambio el Evangelio nos permite ir a la oración y examinar junto con Dios cada palabra, cada hecho narrado.

Volviendo a la película sobre la Pasión de Cristo, ésta causa un profundo impacto en quienes la ven. Sin embargo, no deja de ser una experiencia más o menos pasajera en algunos y en otros una verdadera joya cinematográfica. No dudo que las películas sobre la vida de Jesús son de complemento y de gran valor y que sirven para acercar a mucha gente a una Fe que quizás se haya olvidado, o pueda mostrarnos de manera precisa y directa el sufrimiento que Jesús aceptó voluntariamente por los pecados de toda la humanidad. En cambio, la oración y el contacto visual y la meditación al acudir a la Sagrada Escritura nos permiten abrir el corazón y hablar de tú a Tú con Jesús mismo y meditar durante años la vida de Cristo en la oración.

Dios no necesitó de los medios de comunicación para difundir el Evangelio. Al contrario, escogió un tiempo sin este poder. Los propios apóstoles eran gente sencilla, trabajadores comunes y corrientes y, a pesar de sus limitaciones, la Buena Nueva se difundió con mayor efectividad que todos los medios de comunicación juntos.

Vivimos tiempos difíciles donde se ha dejado a Dios a un lado y ya no existe para muchos, y donde el dios dinero, el dios consumo, el dios dictador, el dios de la injusticia, el dios de la corrupción, el dios del alcohol y de la drogadicción, en fin, el dios satanizado, es el venerado. Pero, el verdadero Dios perdona, es misericordioso y nos ama tanto que mandó a su propio hijo a cubrirnos con la salvación eterna. No son las llagas, ni la sangre, ni el sufrimiento puesto en escena y divulgado por los medios de comunicación masiva lo que nos libere. Sino la fe suprema hacia Dios Padre. Así lo sintió y vivió Jesús. La Pasión de Cristo es un hecho vivo con episodios reales, es historia y misterio.

Hay quienes estamos en una constante búsqueda de Dios y debemos permitirle actuar, abrirle nuestro corazón y dejarnos llevar de la mano por ese Padre Amoroso que nos ama infinitamente. Honremos con recogimiento la Semana Santa, que bastante nos hace falta.

La autora es psicóloga clínica