Temas Especiales

14 de Apr de 2021

Nacional

Adiós al agro: crónica desde el olvido

Raúl inició cultivando 12 hectáreas de arroz en Alanje en 2001. Durante los nueve años siguientes, hasta 2010, fue aumentando hasta alc...

Raúl inició cultivando 12 hectáreas de arroz en Alanje en 2001. Durante los nueve años siguientes, hasta 2010, fue aumentando hasta alcanzar las 300 hectáreas cultivadas. Pero en 2011, ante un panorama poco alentador, empezó a bajar la producción: sembró 120 hectáreas, y este año tiene 25. ‘El otro año no sé si vuelvo a sembrar’, dice.

Este productor no es el único que piensa dejar el sector agrícola. ‘Los compañeros empezaron a abandonar la actividad en 2005. En 2011 éramos 1,000 productores en la provincia de Chiriquí; al año siguiente quedábamos 620, y este año, sólo 300’.

Una plaga que dañaba el grano, los precios disparados de los insumos, el cambio climático, el incentivo del gobierno a las importaciones y el poco rendimiento de la tierra son los fertilizantes de la crisis del sector agropecuario.

Para producir una hectárea en Chiriquí –relata Raúl– que rinde unos 100 quintales, hay que invertir $2,200. Los molineros nos compran el quintal a $20, lo que hace $2,000. Por cada hectárea perdemos $200.

‘Por qué no se nos brindan los incentivos que le dan a las importaciones. El Gobierno compra a 45 centavos la libra de arroz que trae de Brasil para venderlo a 30 centavos en las Jumbos Ferias...’, cuestiona Raúl.

El panorama que enfrentan los productores tiene raíces profundas: data de los años sesenta, cuando el agro empezó a perder terreno.

AQUELLOS AÑOS MOZOS

En los años cincuenta, el sector agropecuario aportaba el 25.4% del PIB (Producto Interno Bruto). 62 años después, en 2012, suponía ocho veces menos, el 2.8%. ‘A esta velocidad, el sector primario desaparecerá en pocos años’, según los especialistas consultados.

Si bien, la caída del agro ha sido más marcada durante las tres últimas décadas, sostiene el ingeniero agrónomo y banquero Luis H. Moreno. Del 10% que aportaba al PIB hace unos años ha caído a 2.8%. ‘Eso nos retrata una imagen de cómo está el sector. Lo que vemos allí es fuerte’.

En la ‘carta económica’ de febrero de 2013, elaborada por la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), se incluyó el tema en el foro. Roberto Troncoso, entonces presidente del gremio empresarial, señalaba que la intención es que la sociedad se involucre en el devenir de la producción agraria.

Entre las preocupaciones de Troncoso está el desigual crecimiento de la producción de alimentos y la población. ‘Los habitantes están creciendo más rápido que la producción. Entre 2007 y 2011, la producción del sector primario se incrementó en 0.5%, mientras que la población en 1.8%’. Un claro síntoma de la pérdida de la soberanía alimentaria del país, señala.

La Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá plantea que es indispensable que las autoridades, el sector privado y la agroindustria ejecuten políticas que estimulen al sector agropecuario y promuevan su competitividad de manera que incremente el aporte al PIB de estas actividades.

Este escenario, a juicio de Troncoso, crea una dependencia de los excedentes de los otros países. Comprar afuera nos hace sensibles a factores como la inflación internacional, afirma. Sin embargo, las importaciones han ido abriéndose camino hasta representar el 50% del consumo, comenta Anibal Fossati, vicepresidente del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Panamá.

EL DESCENSO

Para la década del sesenta, el sector primario inició un descenso del que todavía no se ha podido liberar. Durante esos primeros años, aportaba el 24% al PIB. Esta merma sería mínima para el terreno que perdería en los diez años siguientes, pese a los cambios que se impulsaron para recuperar la producción. Para 1970 representaba el 14.6%, diez puntos menos.

En el libro La fuerza de trabajo en el agro, editado en 1990 por el Instituto de Estudios Latinoamericanos, el sociólogo Marco Gandásegui explica que el sector primario experimentaba un rápido crecimiento de sus ingresos en los años 60 debido al incremento de la producción de banano, la caña de azúcar, la avicultura y la ganadería. Estos rubros se potenciaron con miras a los mercados externos.

Si bien, durante los primeros 7 años de la década del setenta, el crecimiento del agro fue ‘decepcionante’, en comparación con la década pasada. Si bien las exportaciones de azúcar a EEUU se dispararon de 2,500 toneladas en 1960 a 32,000 en 1970, el banano no corrió con la misma suerte. Ese año, el gobierno interviene creando una empresa estatal para producir y otra para vender. Asia, Europa y Medio Oriente eran los nichos para este producto. Pese a todo, la medida no alcanzó el éxito esperado, expone el sociólogo.

Gandásegui relata que los efectos de la crisis general (golpe de estado e implantación de un gobierno militar en 1968) impactaron negativamente en la economía del país. La industria se estancó, y el sector servicios jugó un papel importante al acoger la masa trabajadora que expulsaba el agro y la industria.

La construcción y el comercio fueron los sectores que más se deterioraron. ‘Quedaron casi paralizados’, sostiene el investigador. Pese a la caída del aporte al PIB durante esos años, el sector agrícola registraba todavía un aumento en la producción de algunos alimentos.

El profesor sostiene que esta alza fue fruto de la modernización de muchas plantaciones, entre estas la caña de azúcar. Otro factor, dice el docente, fue la implementación de la Reforma Agraria. En 7 años se crearon más de 200 Asentamientos Campesinos que producían el 20% del arroz que se consumía en el país. ‘El gobierno le facilitó una amplia asistencia técnica a los productores comunales’.

Moreno piensa distinto. Antes de que se instaurara el gobierno militar de 1968, en Panamá existía el Servicio de Extensión Agrícola. Esta dependencia tenía 15 oficinas repartidas en las provincias. Moreno recién había regresado de estudiar Agronomía de Estados Unidos. ‘El campesino llegaba a preguntar qué podía sembrar. Allí se aconsejaba sobre el agro, cómo preparar los alimentos que se cosechaban y cómo vestir a los niños. No era habitual que en los campos se comieran hortalizas’, recuerda Moreno.

Estas agencias consejeras fueron eliminadas con el golpe militar. Durante esos años se expropiaron grandes extensiones de tierra para entregarlas a los Asentamientos Campesinos. El productor chico y grande quedó en el aire. El sector agropecuario quedó en el abandono, relata Moreno.

TEMA PRIORITARIO

Rodrigo Cambra, vicedecano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá, recuerda que los años buenos del agro estaban acompañados con una política de incentivos por parte del gobierno.

‘Durante ese tiempo el sector primario fue prioritario. ‘Se otorgaron muchas becas para los que querían estudiar Agronomía en el extranjero’.

El vicedecano, con maestría en Economía Agrícola, enumera las entidades que se crearon durante esos años para darle apoyo al productor: ‘Nació el Instituto de Mercadeo Agropecuario, el Instituto de Seguro Agropecuario y el Instituto de Desarrollo e Investigación Agropecuaria’.

El profesor menciona que los productos que se cultivaban eran para el consumo de los panameños y para el contingente norteamericano que ocupaba la Zona del Canal.

La decadencia del sector agropecuario se agudizó con el cambio de gobierno, piensa Cambra. En diciembre del 89 Estados Unidos invade Panamá y termina con el gobierno del general Manuel Antonio Noriega. ‘La crisis coincidió con la apertura económica del 90. Los gobiernos dejaron de atender al agro para incentivar las importaciones’.

CARACTERÍSTICAS INUSUALES

Para 1990, unos 208,000 productores cultivaban 2,941,583 hectáreas, distribuidas en 214,000 explotaciones. A Moreno le resultaba preocupante la dicotomía de la actividad. De un lado estaban las explotaciones de los grandes productores, con acceso a la maquinaria más evolucionada, préstamos, información y capacidad de ajustarse a los mercados, que sumaba el 5%; y del otro, la gran mayoría marginada, el 95%, sometida a cambios de precios y sobreproducción con una agricultura cercana a la de subsistencia.

‘El crédito, la tecnología, la educación, la divulgación, la exportación no se pueden manejar de manera separada para los grandes y los chicos. Las diferencias son tan abismales que sería un error diseñar metas que no atacaran los objetivos generales sin lastimar aún más al pequeño productor. Se trata de apoyar al sector sin paternalismo, con una visión de transformación urgente’, expuso Moreno en noviembre de 1993 en la provincia de Chiriquí.

De aquellos años al presente, este panorama no ha variado mucho. ‘El crédito a la actividad agrícola ocupa el último lugar, lo que ha llevado a muchos productores a vender sus propiedades. Hay acaparamiento de terrenos rurales para ver qué pasa en el futuro con el boom inmobiliario. Hay fincas de interés agrícola que se han convertido en proyectos turísticos y en edificios de playa’, relata Moreno.

‘El productor tiene años recibiendo el mismo precio por su producto mientras que el consumidor paga cada vez más por comerse estos alimentos. Le pongo un ejemplo: el plátano cuesta cuatro centavos y los consumidores lo compran a 30’, agrega Cambra.

PERDER Y GANAR

Las cifras del PIB, cada vez menores, son consecuencia de la falta de una estrategia para el sector agropecuario. Sin una política urgente y sostenible, la actividad desaparecerá en los próximos años, piensa Fossati, uno de los 7,000 ingenieros agrónomos que hay en el país.

‘No nos hemos detenido a pensar qué queremos comer en los años que vienen. El Estado dejó de incentivar a los productores para apostar por los productos extranjeros. Se dejó de cultivar maíz para comprarlo en EEUU, y ahora que ese país destina su producción al etanol, acá tenemos que pagar los altos costos del grano en otros países. Nunca se pensó en el equilibrio entre lo que se produce y lo que se importa’, expone.

Esta marcada reducción del PIB no solo representa menos ganancia para los productores, sino que trae consigo la desmejora en la calidad de vida en las áreas rurales. Allí habita el 44% de los 3.5 millones de panameños, según anunciaba el Ministerio de Desarrollo Agropecuario en el Plan de Acción Estratégico (PAE), presentado a pocos meses del inicio de esta administración.

El PAE también advertía que seis de cada 10 panameños en esas zonas eran pobres, y en las zonas comarcales el índice trepaba al 90%. ‘Estos retos que nos presenta el entorno hoy nos obligan a no postergar decisiones y acciones que nos permitan revertir aquellas debilidades identificadas y convertirlas en oportunidades de realizar verdaderos cambios en la estructura de la producción agropecuaria como un sector estratégico para el desarrollo’.

No podemos continuar con programas que no se cumplen, cuestiona Fossati, y agrega que no actuar a tiempo pone en juego nuestra soberanía y seguridad alimentaria. ‘Todos somos responsables de la falta de sostenibilidad del sector’.

El dirigente recomienda que se realice un estudio nuevo para validar la realidad que constató la FAO en 2006: el organismo alertó que en Panamá había veinte distritos bajo inseguridad alimentaria.

‘Estamos hablando de personas que no producen ni cuentan con los recursos para adquirir los alimentos. Eso es grave. Panamá es muy pequeño para que ya enfrente problemas de esta naturaleza’, concluye Fossatti.

Siendo el agro la prioridad impostergable, tal como se presentó hace cuatro años en el PAE, ¿por qué se cultivan menos hectáreas cada año?, ¿por qué, en vez de aumentarse la producción local, se han incrementado las importaciones hasta alcanzar el 50% de los alimentos?, ¿por qué aumentan los reclamos de los sectores productivos? Busque mañana: La Cadena de Frío: ¿a quien beneficiará?