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19 de Apr de 2021

Nacional

‘Las importadoras de productos agrícolas acumulan hasta un 300% de rentabilidad’

–¿Cuántos cuestan los mangos? –Un dólar. . –¿De dónde son? –De Costa Rica.

–¿Cuántos cuestan los mangos? –Un dólar.

–¿De dónde son? –De Costa Rica.

–¿Hay mangos panameños? –No.

Esta es la conversación de un comprador y el vendedor en el puesto del Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) de Carrasquilla. La tolda verde, de unos tres metros de ancho por cuatro de largo, plantada en los estacionamientos de un edificio de apartamentos, tiene escrito en letras grandes: ‘Del productor al consumidor’.

En la misma vía donde opera esta pequeña tienda de verduras hay un supermercado para la clase media alta. En un vistazo rápido en los estantes de los granos se constata que de las 12 marcas que exponen, cinco son importadas.

APERTURA COMERCIAL

‘Tras la apertura comercial de los mercados y el ingreso de Panamá en la Organización Mundial del Comercio (OMC), la experiencia es similar a países como México: deterioro de la actividad agrícola y progresiva desaparición’, señala Rodrigo Cambra, vicedecano de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UP.

El profesor recuerda que ‘Panamá llegó tarde y mal vestida a la fiesta de apertura de mercados; ¿y qué toca entonces? Quedarse sentado mirando’. Cambra apunta que cuando se liberaliza el mercado agrario son contadas las empresas con capacidad suficiente para importar, y el 65% del mercado queda en manos de 6 u 8 empresas, creando así lo que él llama ‘un club de privilegiados’.

En este contexto, el libre mercado deja paso a un oligopolio. ¿Resultado? ‘Las empresas acuerdan los precios’.

Según Alcides Bethancourt, director de la Autoridad Panameña de Protección de Alimentos (AUPSA), las empresas importadoras se hacen cargo del 50% de los productos. Eso supone que la mitad de los alimentos que se consumen proviene del exterior, y Estados Unidos es el mayor socio comercial.

Importar es tan sencillo que AUPSA, la entidad que se encarga de darle luz verde a las importaciones, las autoriza en menos de 24 horas si cumplen con las medidas fitosanitarias.

Pero esta dependencia extrema de los alimentos importados no le preocupa al ministro de Desarrollo Agropecuario, Oscar Osorio, porque para él ‘siempre habrá países que vendan comida’.

DEPENDENCIA Y ESPECULADO

Para Cambra, la comida más cara es la que no se tiene. Al igual que el analista de mercados Aristides Hernández, Cambra señala que ‘es una falacia que producir en Estados Unidos sea más barato que producir en Panamá’. Ambos señalan que EEUU mantiene una política exhaustiva de subvenciones agrícolas que impiden a Panamá competir en igualdad de condiciones. En Texas, donde los costos de producción son mucho mayores, el Estado subsidia el agua de riego, por ejemplo.

‘No estamos solos’, determina Cambra, que recuerda que el mercado de los commodities ya ha dado avisos de inestabilidad. Cuando hubo una crisis de la producción de arroz a nivel mundial, Vietnam, uno de los mayores productores, cerró sus puertas a la exportación porque sabía que eso perjudicaría a sus habitantes que no podrían pagar el aumento del precio, y eso encareció aún más la demanda mundial.

‘Hay que mirar al resto del mundo: China, India, Brasil... son países que están mejorando la calidad de vida de sus ciudadanos y van a tener más poder adquisitivo para comprar más caro. Si cambian los precios no sabemos si podremos abastecernos’, agrega el vicedecano.

En sólo dos años la importación del arroz sin cáscara aumentó un 99%, y de arroz semiblanqueado, en un 93%. Así, de las 28 toneladas que se importaban en 2011 se pasó a 3,837 este año, según AUPSA. Eso, pese a que el arroz era uno de los productos calificados como ‘sensibles’, y el Tratado de Promoción Comercial estipulaba garantías arancelarias para preservar la producción nacional. ‘Había toda una agenda complementaria que desapareció’, señala Hernández. Y con ella, una promesa que no se cumplió.

El analista y economista explica que con la apertura de los mercados y la supresión arancelaria, Panamá priorizó al consumidor en lugar de al productor para hacer que los alimentos fueran más baratos. Sin embargo, hoy en día, la mitad de la canasta básica está conformada por alimentos extranjeros, y en un periodo de 4 años el precio de la canasta ha subido un 23%; pasando de los $268 que costaba en 2009, a su tope máximo de $330 registrado el mes pasado.

Sin embargo, los productores locales siguen cobrando lo mismo. ¿Dónde está el margen de ganancia? Para el profesor Cambra la respuesta es sencilla: especulación. ‘El margen de ganancia del importador es exuberante; compran un quintal de poroto a $30 y lo venden a $90. Esto se ha convertido en un tema de Estado, tienen que regular los márgenes de ganancia, no los precios. ¿Por qué alguien tiene que ganar el 300% de la venta de un producto básico para la alimentación? Especular con los alimentos es una falta de ética y de moralidad y debería estar regulado’.

EFECTOS IRREVERSIBLES

De un año a otro, se cuadriplicó la cantidad de tomate fresco comprado afuera. Algo similar le sucedió a la cebolla: en 2011 se introdujeron al país 7,936 toneladas, y en 2012 aumentó a 11,228. El maíz, la papa, y otras variedades de arroz han experimentado el mismo fenómeno con similares efectos en los precios de consumo.

Para los especialistas, el Estado está desmantelando la capacidad productiva nacional. ‘Lo que tenemos que hacer es ir hacia una producción propia. Tenemos que determinar qué tierras son cultivables y cuáles no. Las zonas indígenas cuentan con vastos terrenos cultivables que no están produciendo’, considera Oscar Osorio, el tercer ministro que ocupa la cartera Agropecuaria durante la administración de Martinelli.

Osorio sostiene que si se cerraran las fronteras por algún motivo, con una dependencia de 50% de los productos importados, se afectaría la soberanía alimentaria del país. Pero mientras tanto, a cambio, ‘esos productos vienen más baratos’. El ministro explica que eso se debe a que ‘en esos países se usa tecnología que les permite producir tres veces más por la misma cantidad de terreno y la mano de obra es más barata. Lo que tenemos que hacer es cambiarle el chip a los productores. No se trata de un programa de gobierno’.

Sin embargo, lo que no explica es que esa tecnología que hace más barato producir, con frecuencia está subsidiada por el Estado corresondiente. Al igual que las carreteras para sacar los productos de las zonas agrícolas, las cadenas de frío, los préstamos a los productores u otros servicios básicos, remarca Hernández.

Para el analista, ‘Estados Unidos decidió apoyar la agricultura porque consideró importante la soberanía alimentaria. Nosotros no decidimos nada. No hay políticas, es un sector ignorado.

‘Tenemos que centrarnos en producir lo que nos hace más competitivos. La importación no es mala si el precio de los productos baja, pero eso no ha sucedido así’, añade el consultor.

El ministro Osorio recomienda eliminar a los intermediarios y que el propio productor salga a vender a los mercados. Individualmente, agrega, es difícil lograr este objetivo, pero si se unen en grupos podrán alcanzarlo y las ganancias podrían duplicarse. Pero eliminar al intermediario supondría matar a las principales empresas importadoras del país.

Busque mañana la siguiente entrega: ‘Las ferias del IMA: la otra cara del negociado agrícola’.