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02 de Mar de 2021

Nacional

Morir con las botas puestas

–¿Cuál es la foto que no has podido tomar?. –La foto que más lamento no haber podido tomar es cuando se prendió el bus en Hosanna. Eso f...

–¿Cuál es la foto que no has podido tomar?

–La foto que más lamento no haber podido tomar es cuando se prendió el bus en Hosanna. Eso fue en 2006, fue violento. Cada vez que paso por ahí me acuerdo.

A sus 65 años el título de ‘‘intrépido’’ le queda holgado. Manuel se ha ganado tres premios nacionales de prensa, se ha tenido que esconder en un camión funerario para esconderse de un pandillero que quería matarlo por tomar una foto a su hermano y ha sobrevivido a un ‘‘delirum tremens’’ de Seco Herrerano.

Al final, la definición de sí mismo que más le gusta es la de periodista. Aunque el cargo se lo quita cuando ve ‘a tipos que andan en vainas sucias’. Entonces se distancia; para ellos es reportero gráfico. El periodismo es muy bonito, pero hay alguna gente que no se hace respetar, dice.

–Si te fijas, en la crónica roja, todas las fotos de portada son suyas. Siempre estamos pendientes de protegerle, porque este es el Hospital del pueblo, todos pasan por aquí, y a veces es peligroso. Muchas veces traen muchachos de bandas y el rival viene a rematarlos –explica el sargento Olemar Agrazán.

–Yo jamás pensé que Panamá iba a llegar a este estado, de los muertos, digo. Hay más que nunca. Cuando trabajaba con los militares, jamás vi tantos muertos. Además son más violentos. Antes podías ver un tipo apuñalado, pero ahora no ves más que tiros en la cabeza.

–¿Qué le hace seguir?

–¿Quiere que le diga algo? –reafirma Manuel–. La crónica roja es peligrosa, pero yo nunca lo he hecho por dinero. Y me han ofrecido plata, porque yo he tomado a narcotraficantes aquí, y como a la media hora han venido a darme billete para que no publique la foto. No 500 dóla, ni 1,000 dóla... me han ofrecido hasta 3,000 dolá, pero yo no he querido.

Cuando sufría su crisis más aguda con el alcohol, conduciendo borracho y sin alcanzar a entregar las fotos porque se quedaba hablando con Lafayette. Su empresa, El Siglo, le ingresó en el centro de rehabilitación y conservó su puesto a la espera de que se recuperara.

–El periodismo es muy bonito, pero hay gente que no se hace respetar y la desvirtúan. Por eso sigo aquí, trabajando.