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29 de Mar de 2020

Nacional

Historias de un taxi

–La gente se cabrea cuando les dices ‘no voy’, pero no se dan cuenta de que no todas las carreras son rentables– analiza Héctor, taxista...

–La gente se cabrea cuando les dices ‘no voy’, pero no se dan cuenta de que no todas las carreras son rentables– analiza Héctor, taxista–. Por $2.50 te tienes que aguantar un tranque de hasta una hora. ¿Creen que con $2.50 te sale para llenar el tanque? ¡Qué va! Por ejemplo, yo estoy pagando este carro para quedármelo en un año. Todos los días tengo que entregar $42 de cuenta, además, tengo que sacar para la gasolina y de ahí para la casa. No me quejo, porque, si sabes cómo es esto, haces buena plata –dice entre risas el transportista–. Yo en un día puedo hacer hasta $120. Eso sí, me tengo que zurrar. A las cuatro de la mañana yo estoy rodando y termino cerca de las siete de la noche. Me alcanza para pagar todo, llenar el tanque, la casa y alguna ‘ri-ri’ ocasional que uno se encuentra en el camino.

Tras unos segundos de silencio, Héctor señala su teléfono móvil con tecnología Android: ‘Ese celular fue un regalito de un cliente que se trepó y lo dejó ahí, con eso me hice la Navidad. De vez en cuando pasan cosas así: gente que deja el teléfono, que se le cae plata o, incluso, la billetera. El que sabe cómo, puede hacer de manejar taxis un negocio que deje mucho’.

Sin miedo a nada

–No, no me da miedo los maleantes–, aclara ante la pregunta obligada. Uno no puede andar con miedo de que lo van a matar, porque al final uno ni sabe cuándo va a pasar. Obviamente, hay áreas en las que no me meto a ciertas horas y gente a la que, por su aspecto, no trepo en el taxi. Tampoco trepo a dos hombres a la vez. Pero uno no puede andar pensando nada más en eso, porque al final a uno le toca cuando le toca, analiza el taxista.

–Sin embargo, no puedo negarte de que nos tocan ver cosas de lo más extrañas. Por ejemplo, la vez pasada, monté a una muchachita como de 16 años, una estudiante. Me dice: ‘a la ciudad’, yo llevaba otros pasajeros y le dije que sí. La cosa es que dejé a todo el mundo y quedamos solo ella y yo. Cuando le pregunto a qué parte de la ciudad me dice: ‘A la que tú quieras llevarme’. Cuando miro por el retrovisor la muchachita se levanta la falda. Ahí mismo le dije que se bajara de una vez. Por niñas como esas es que hay un montón de viejos con sida.

Lo malo

–La trastada viene cuando pasan cosas–, menciona el taxista–. La vez pasada mi pela’a se me puso mala y la tuve que llevar a una clínica. Esos médicos lo primero que hacen es cobrarte y hay que pagar por todo. Siempre decimos que en el Seguro te matan; pero a veces no hay más opción. Eso es quizás una de las desventajas que tiene esto: no tienes esos beneficios que sí tienen aquellos que trabajan en un empleo fijo.

A pesar de eso, Héctor comenta: ‘La verdad es que yo no dejaría mi taxi para trabajar para alguien más. Ya en unos meses, si Dios quiere, el taxi va a ser mío y no le voy a tener que rendir cuentas a nadie. Acá en la empresa te dan el domingo para ti. Cuando cancele la deuda todos los días van a ser domingo para mí, porque el dinero entra directo’, comenta Héctor en medio de una carcajada.