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26 de Jul de 2021

Nacional

Stewart: ‘AA no es un negocio, es una hermandad’

Hay un reconocimiento mundial de que la drogadicción o el alcoholismo son como un cáncer, que debe ser tratado.

Llevo 27 años en Alcohólicos Anónimos– explica Stewart– un estadounidense que se mudó a Panamá para vivir sus años de jubilación –. Durante 20 años consumí drogas y alcohol, hasta que un día toqué fondo y terminé en una habitación llena de insectos y todo tipo de alimañas en Long Beach, California. Me tiré de rodillas y lo único que se me ocurrió fue decir: ‘Dios, ayúdame’. No sabía qué más hacer, así que el 2 de febrero de 1987, jamás olvidaré esa fecha, acudí a Alcohólicos Anónimos. Mi vida no ha sido la misma cosa desde entonces.

Algunos me han preguntado por qué sigo acudiendo a Alcohólicos Anónimos en una sociedad distinta, en otro país que no es el mío. Y les comento que eso se debe a que nosotros, los adictos, sin importar el lugar que sea (Panamá, California, Las Vegas, Israel o Nueva York, por ejemplo), tenemos el lenguaje del corazón. Yo puedo llegar a una reunión de un grupo en cualquier parte del mundo, y yo los entiendo y ellos a mí.

No consumo nada que me afecte del cuello para arriba, a menos que esté en algún tratamiento médico y mi doctor me recete algún medicamento. Sin embargo, mi médico está al tanto de mis adicciones. Por diversas situaciones de salud tengo que tomar toda una serie de medicamentos de manera permanente. Lo primero que le pedí al médico internista que me atiende aquí en Panamá fue que pusiera en mi historial que soy adicto a las drogas y el alcohol. Quiero eso registrado para que cualquiera que me tenga que atender en una emergencia no se lleve una sorpresa.

Acá en Panamá, he podido ver, ya no es un tabú ir a las reuniones de AA. Antes existía el miedo al qué dirán, hoy ya está siendo mucho más aceptado. Hay un reconocimiento mundial de que la drogadicción o el alcoholismo son como un cáncer, que debe ser tratado. Sin embargo, nosotros tenemos una forma distinta de tratar las adicciones a como un oncólogo curaría un cáncer.

Hace años empecé a acudir a las reuniones de AA que se realizaban en la prisión de San Quentin (California). Una vez al mes, durante seis meses, participé en el grupo. Y siempre, en cada reunión, lo primero que preguntaban, era quién de los que estaba ahí era por una situación relacionada con drogas y alcohol. En ninguna ocasión, ni una sola, hubo alguien que no levantara su mano, a pesar de que estaban presos por robo, asesinatos o cualquier otro delito.

El alcohol es un negocio, no tengo ningún problema con eso. Pero no solo el vender alcohol es un negocio, también lo es la recuperación del alcoholismo. En todos lados hay gente vendiendo métodos para dejar el alcohol. En Malibú, California, existen estas lujosas clínicas donde la gente se queda para rehabilitación en donde la noche te cuesta 12 mil dólares. Es muy caro, demasiado. Alcohólicos Anónimos no está en ese negocio. Lo que hacemos es decirte: ‘Esto es lo que hay, muchos lo han logrado. Puedes tomar este camino y lograr lo que hemos logrado’. Si quieres ir a un centro de rehabilitación y prefieres eso, es muy respetable. Yo empecé ahí y no me funcionó. Al final del día donde aprendí a estar sobrio fue en AA y no en un Centro. Ellos tienen un negocio, nosotros no. Lo nuestro es una hermandad.

Cuando veo a alguien que había logrado estar sobrio regresar a AA porque está bebiendo, una parte de mi me gustaría meterle mi puño por la garganta y lastimarlo; pero otra parte de mi los comprende, pues están haciendo algo que es natural para un adicto. En realidad quien no está en una situación natural soy yo, que llevo 27 años sin beber ni drogarme, a pesar de que soy un adicto.

Claro que me encantaba tomar y doparme, por eso lo hacía tanto; pero siempre terminaba esposado o con un carro estrellado o recibiendo una golpiza. Siempre habían consecuencias por lo que hacía. A mí también me gustaría salir y alocarme, entiendo por qué lo hacen; pero, en los 27 años que he estado limpio y sobrio he aprendido esto: cada persona que ha estado en AA que se ha ido y ha vuelto, cuando le pregunto en qué falló, me dice: ‘Dejé de asistir a las reuniones’. Esa respuesta me la han dado cerca de 200 ó 300 personas. No soy estúpido, dos más dos es cuatro. Si tanta gente me responde lo mismo, ¿por qué crees que asisto a tantas reuniones? Porque no quiero recaer.