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24 de Jul de 2021

Nacional

Desigualdad, el verdadero enemigo de la paz social

Panamá, un país de abundantes recursos, es, sin embargo, un país con gran inequidad. La molestia popular puede traer reacciones encontradas

De una lista de los 10 edificios más altos de América Latina, nueve se encuentran en un pequeño istmo de no más de 4 millones de habitantes. Ese pequeño istmo, también, tiene el único sistema del Metro en Centroamérica y una vía interoceánica considerada como una de las modernas maravillas del mundo. Ese pequeño istmo de Centroamérica no es otro que Panamá.

Una de las primeras lecciones de historia patria que se dictan en las escuelas es que, en dialecto indígena, ‘Panamá’ significa ‘abundancia de peces y mariposas’. Y, quizás, en el nombre está la penitencia: Panamá, país abundante, no solo en peces y mariposas, sino en edificios y grandes obras de la ingeniería y la construcción. Pero Panamá también es abundante en desigualdad y pobreza.

A pesar de que en el 2013 su Producto Interno Bruto (PIB) fue de 42 mil 648 millones 100 mil dólares, datos de la Organización de las Naciones Unidas señalan que en Panamá el 36% de la población es pobre y que la pobreza extrema alcanza al 16% de sus habitantes. Según el Ministerio de Economía y Finanzas, el 9.7% de los panameños vive con 1 dólar al día.

GENTE, NO ESTADÍSTICAS

¿Pero qué representa 36, 16 y 9.7% en ‘carne y hueso’, en la realidad? Si se toma en cuenta la cifra poblacional que manejaba para el 2013 el Banco Mundial (3 millones 864 mil habitantes), el 36% equivale a 1 millón 391 mil 40 personas que son pobres; que el 16% es igual a 618 mil 240 panameños que están en la pobreza extrema; y que el 9.7% es lo mismo a 374 mil 808 panameños que viven con apenas 1 dólar al día.

Algo anda mal, entonces, porque si el PIB es de 42 mil 648 millones 100 mil dólares, el PIB per cápita (por persona) debería ser, en teoría, de 11,035.22 dólares por habitante. Eso, por día, significa que los ingresos del país deberían darle, a cada ciudadano, 30 dólares diarios para vivir.

MALA DISTRIBUCIÓN

Bien reza el adagio: ‘Del dicho al hecho, hay mucho trecho’. Si unos apenas sobreviven con 1 dólar, ¿quién tiene los otros 29? El Banco Mundial tiene la respuesta: En Panamá, el 20% de la población, la llamada ‘clase alta’, maneja el 56% de los ingresos que se hacen en el país. El 10% de los más pobres reciben apenas el 3.3% de lo que genera el Istmo.

Unas 772 mil 800 personas manejan 23 mil 882 millones 936 mil dólares. En teoría, cada uno se lleva 30 mil 904 dólares al año. Una cifra bastante cómoda para vivir. Inclusive, prácticamente, el triple del PIB per cápita que señala el Banco Mundial. Mientras tanto, 386 mil 400 panameños deben repartirse, entre ellos, mil 407 millones 387 mil 300. Esto equivale a un ingreso anual de 3 mil 642 dólares, poco menos de 10 dólares por día.

Unos dicen que Panamá tiene la segunda mayor desigualdad de la región; sin embargo, la Cepal (Comisión Económica para América Latina) ha clasificado a Panamá como el sexto de la región, lo cual, de todas formas, no es menos lamentable.

DESIGUAL ENTRE LOS DESIGUALES

Si se ven las cifras de pobreza e inequidad, los números son alarmantes; sin embargo, si se separa por sectores es aún más preocupante. Señala la ONU que en las poblaciones rurales no indígenas, la pobreza es mayor a la mitad de esa población (54%) y la pobreza extrema cubre al 20% de las personas de esas áreas. En el caso de los pueblos indígenas, las cosas son más dramáticas: El 98.4% está en pobreza y, de esos, el 90 % en pobreza extrema.

En las áreas urbanas, señala Naciones Unidas, la pobreza abarca al 20% de sus habitantes y la pobreza extrema no supera el 4.4 % de la población. Sin embargo, comenta la profesora universitaria Briseida Allard: ‘La ciudad de Panamá es como dos mundos: Uno muy pobre al lado de la opulencia’.

La socióloga Juana Camargo comenta al respecto: ‘No hay políticas, no hay recurso para las áreas más difíciles. Hay una pobreza tremenda en muchos lados. Eso es parte de una las causas de los problemas de la juventud’.

Una nota publicada en La Estrella de Panamá , la semana pasada, señala que un reciente informe del Ministerio de Economía y Finanzas arrojó que ‘la participación de la población panameña en los beneficios del progreso social es muy desigual’,

Entre los datos que plasmaba el estudio, se puede mencionar que ‘el ingreso mensual promedio de los hogares de la provincia de mayor ingreso, Panamá, fue en 2013, casi un tercio superior al de la segunda, Colón, y duplicó el nivel de ingresos de las seis últimas, incluidas las tres comarcas indígenas, y las provincias de Darién, Veraguas y Coclé’.

CAMBIO DE ACTITUD

En esa misma nota se citaba al presidente del Colegio de Economistas de Panamá, Olmedo Estrada, para quien ‘Es necesario prestar atención a los niveles de pobreza y buscar soluciones, para lograr mejor calidad de vida de los panameños’.

Esta preocupación no es solo de los economistas, también lo es para la clase política. El perredista Dídimo Escobar, hablaba con La Estrella de Panamá sobre la urgencia de que el país ofrezca mayores oportunidades a todos. Decía el pastor evangélico, a principios de enero: ‘Este país está constituido, la mayoría, por gente de clase media y pobre. Gente humilde, sencilla y que se les ha privado de educación. Se ha hablado de educación; pero, a la hora de la hora, no se ha dado un esfuerzo real y serio para institucionalizar un sistema educativo que, realmente, libere la capacidad de los panameños y garantice el construir una sociedad más justa, porque la justicia viene por esa vía: darle oportunidad a los demás’.

Otro perredista, Laurentino Cortizo, comentaba que el nuevo proyecto panameño del siglo XXI debe ser ‘la lucha contra el enemigo número uno de este país, la desigualdad, la pobreza. Este es uno de los 20 países más desiguales del mundo’.

Cuando se le pregunta al exministro Cortizo si a la clase poderosa, que se ve muy beneficiada en cómo son las cosas actualmente, le interesaba que el sistema cambie, respondía que es crucial motivar ese cambio ‘porque, si no lo cambian, nos va a afectar a todos. Llega un ciclo, yo lo veo muy cerca, que si la clase poderosa económicamente, no entiende que este es un país tan desigual y que por esa desigualdad puede afectar el futuro de sus intereses. Si, por el contrario, cambiamos, vamos por un gran camino’.

El exmolirena Olimpo Sáez, en diciembre de 2014, comentaba la molestia que, desde su percepción, había en la sociedad ante las acusaciones de corrupción y usurpación de fondos del Estado por parte de funcionarios de la administración de Ricardo Martinelli.

El político comentaba: ‘Te debe dar rabia que te roben parte de la plata que te pertenece como pueblo. La gente está enfadada de saber que se ha gastado una millonada cuando no hay medicinas en las farmacias del Seguro Social, cuando las aguas negras corren por las calles de la ciudad de Panamá, cuando no hay agua potable en la mayoría de los hogares panameños. Enfada que los pensionados tengan pensiones deficitarias para acometer los problemas de la vida. Si es hijo de una maestra y conoce los sacrificios de esa madre, sabe los sacrificios del magisterio, que está mal pagado. Usted se da cuenta del alto costo de la vida, ¿quién puede estar contento con el alto costo de la vida y que el gobierno se haya volado 14 mil millones de dólares en cinco años? ¿Quién va a estar contento con esa realidad? Repugna’.

La educadora Mariela Arce, opina: ‘Hay modelos de crecimiento que, a largo plazo, no son sostenibles, porque la población y el elitismo y la mala distribución de la riqueza generarán condiciones de inestabilidad social que serían inviables. Estamos a tiempo, este nuevo gobierno tiene una oportunidad para mirar con lupa y destruir los monopolios y oligopolios que existen. Debe mirar las políticas redistributivas de ingreso, el endeudamiento y los subsidios. Una política realmente integral de la pobreza, no a corto plazo ni aplicando curitas’.

El economista Juan Jované en ese sentido, añade que ‘para acabar con la pobreza hay que invertir en el recurso humano, educación, que sabemos que no está funcionando bien; la educación, que también tiene problemas; saneamiento ambiental, el agua potable, etc. Esas políticas que son las que resuelven el problema, no se están llevando adelante. Ayudar a personas temporalmente es importante, pero lo más importante es resolver que la gente pueda actuar por sus propios medios.