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28 de Oct de 2020

Nacional

Farmacia: El suplicio de Estivenson Girón desde el día uno

Retrospectiva

Farmacia: El suplicio de Estivenson Girón desde el día uno
Farmacia: El suplicio de Estivenson Girón desde el día uno

Nota del Editor: A continuación, un fragmento de la crónica ‘Girón, de la sonrisa a la resignación en unos pasos’, publicada el 5 de octubre del 2014. En el texto se narra el primer recorrido de Estivenson Girón al Complejo Dr. Arnulfo Arias Madrid. El siguiente extracto es el que se refiere al paso de Girón por el primer piso del Complejo, en donde se encuentra la sección de Farmacia.

El recorrido va por la mitad. Sin embargo a Girón ya se le ve algo molesto o, por lo menos, mucho menos sonriente que cuando llegó. El visitante es llevado al primer piso, en donde queda Farmacia. Ahmed Vlieg le dice: ‘Venga, director, pasemos a Farmacia para que vea cómo estamos abastecidos’. Girón duda un momento y le pregunta: ‘¿Esto qué es, la parte de atrás de Farmacia?’. El médico le contesta que sí, a lo que Girón se rehúsa a entrar. ‘No, no, no. Vamos a la parte de enfrente, donde está la gente’.

Como le había comentado una de las periodistas que lo interrogó al llegar: ’La falta de medicamentos es una de las principales quejas’. Al llegar a donde se entregan las medicinas, lo único que cayó sobre Girón fueron quejas, quejas y más quejas de la gente que nunca encontraba los fármacos que les recetan. Quizás por eso Vlieg prefería que su nuevo jefe entrara por la parte de atrás.

Estivenson Girón retoma fuerzas y se acerca a todo el mundo para saludarlo y preguntarle algunas cosas. Una señora toma la palabra y le reclama que tiene que comprar su medicina para la presión en una farmacia privada, porque en la CSS nunca hay.

Uno de los asistentes del director le pide a la señora el nombre de la medicina. La mujer, en cambio le pregunta a Girón: ‘¿Y usted quién es?’. Algunos ríen por la pregunta; él, en cambio, con mucho orgullo, responde: ‘Soy el nuevo director general’. Inmediatamente, otra señora se le acerca y le reclama que debe venir desde Chiriquí hasta Panamá porque no consigue morfina. Girón remite a la señora con una funcionaria que le toma sus datos. La anciana que le preguntó quién era, ahora quiere saber cuál es su nombre. El director solo contesta ‘Estivenson’.

Pareciera que esa fue la clave para que se desatara una avalancha de quejas. Otra jubilada inmediatamente le pide a Girón que se compadezca de los pensionados y jubilados. ‘A ver si nos dan un aumento, la plata no nos alcanza’. Un señor se para de su puesto y le dice a Girón que cada seis meses debe ser atendido por un cardiólogo y que, para conseguir la cita la debe pedir con ocho meses de anticipación. El director escucha, y acepta que hay una falta de especialistas. Vlieg se acerca y comenta que, además, apenas el jueves había fallecido uno de los pocos cardiólogos que tenían.

Girón sigue avanzando y se acerca a un señor que le dice que no hay medicinas. ‘Si no hay medicamentos, ¿qué hace aquí?’. El señor le responde que espera una parte de las medicinas y le muestra un papel. Girón llama a Vlieg y éste, a su vez, llama a la encargada de la farmacia, Alma Rivera. Rivera explica que si no hay ciertas medicinas es por problemas con los registros sanitarios o porque los distribuidores no tienen con qué abastecer.

‘Un papel, ¿quién me da un papel?’, solicita el director mientras toma el bolígrafo y empieza a anotar cada una de las drogas que le pide la gente que se le acerca . ‘Yo estoy apuntando acá’, le dice uno de sus asesores, pero él lo ignora.

De ahí hasta que llega al final del pasillo lo único que escucha Girón es ‘falta esto, falta lo otro’. Y él exige a sus subalternos que le expliquen por qué. A los asegurados no les importa los motivos, lo único que quieren saber es cuándo habrá.

Veo la situación desde lejos y solo puedo pensar en aquella escena, basada en los pasajes bíblicos, del musical ‘Jesucristo Superstar’ en la que Jesús es rodeado por una multitud de leprosos que le piden al Nazareno una cura para su mal y este termina por sucumbir ante la presión.

Igual pasa con Girón, quien, tras ir escuchando a uno por uno, decide, cada que se le acerca alguien, remitirlo directamente a sus colaboradores.

Con la intervención de sus subalternos, Girón logra salir de Farmacia y es llevado al lugar en donde se realizan resonancias magnéticas.