Temas Especiales

28 de Mar de 2020

Nacional

Educación, la sexualidad, salud y desarrollo humano

El proyecto de ley 61 que se encuentra en la Asamblea Nacional, tiene más de diez años de discusión

El Integrar la población del país a su desarrollo económico, social, cultural y político, sólo se puede lograr sobre el paradigma de la educación, la cual es en sí misma un derecho y el más eficaz de los instrumentos para el acceso a otros derechos, que suponen el ejercicio de una vida con dignidad humana.

Existen evidencias de que el acceso a mejores condiciones de vida, que superen la esclavitud de la pobreza, sólo pueden lograrse a través de la educación integral, que comprenda el conocimiento científico y cultural, que haga partícipe al individuo y al colectivo de la riqueza material y espiritual que genera la sociedad. Este paradigma educativo, debe reconocer la propia naturaleza humana y sus aspectos sociales y bio-psicológicos, de forma que mediante el conocimiento, se construyan nuevas realidades.

Algunos de los elementos que debemos tener presente, en torno a la dimensión de la sexualidad humana y a la educación de manera integral, vienen indicados en las estadísticas, que revelan que para el año 2010 en Panamá, 27 niñas de 12 años ya tenían 2 hijos o hijas. Un total de 15,430 niñas y jóvenes adolescentes de 12 a 19 años de edad tenían hijos o hijas, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Las estadísticas del Ministerio de Salud y del Instituto Conmemorativo Gorgas, reportan un aumento de 12% en la incidencia de embarazos en adolescentes. Y se estima que 1 de cada 3 embarazadas es adolescente. El 68% de las niñas y jóvenes sufren violencia emocional o psicológica en sus relaciones.

Otros datos indican que las condiciones de los embarazos y la maternidad prematura aumentan los riesgos de salud para las madres y los recién nacidos. Sus bebés tienen mayor riesgo de nacer con bajo peso, mayor riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión, obesidad, enfermedad cardíaca o discapacidades.

El 75% de los niños panameños nacen fuera de una unión estable y cerca del 80% de las madres adolescentes no asisten a la escuela, lo cual incide en perpetuar el círculo de la pobreza.

Según un estudio reciente del Instituto Conmemorativo Gorgas, las enfermedades de transmisión sexual (ETS) aumentan a la par de los embarazos. El 27% de jóvenes padecía una o más ETS y el 98% de los jóvenes en la provincia de Panamá tiene pobres o muy pobres conocimientos de VIH y SIDA. Sólo el 16% del conocimiento sobre sexualidad que poseen proviene de sus padres. Y la información que reciben los jóvenes proviene de los medios de comunicación, de la autopista de internet donde no están únicamente las páginas pornográficas, a la par las redes sociales que sin una supervisión de los padres son accesibles a los menores y de sus pares. La población -y la niñez y la juventud en particular- reciben mensajes e imágenes tergiversadas sobre la sexualidad, carentes de afectividad y compromiso, en un marco que desconoce los valores de dignidad humana, genera descomposición social y mantiene las condiciones estructurales de la pobreza y la ignorancia.

El proyecto de ley 61 que se encuentra en la Asamblea Nacional, tiene más de diez años de discusión. El tema en sí levanta opiniones de distintas connotaciones sociales, culturales, políticas, religiosas y morales. Ha llegado el momento de que el Estado panameño demuestre la capacidad de impulsar y liderar políticas públicas, que entre sus herramientas contemple una ley de educación sexual integral, enmarcada en conceptos de dignidad humana y afectividad que incluya los factores emocionales, psicológicos, sociales y espirituales.

La universidad no puede sustraerse de este debate. Debe estar presente para generar y proponer criterios para un modelo educativo que ofrezca a la niñez y la juventud las orientaciones, conocimientos y conciencia para edificar sus vidas y su futuro como seres humanos integrales.

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